3 causas de dolor en el pecho que pueden confundirse con un infarto

El dolor torácico puede deberse a problemas digestivos, musculares o emocionales, pero también a enfermedades cardiovasculares graves.
Debido a que distintas afecciones pueden producir síntomas similares, es importante identificar las posibles causas sin asumir que se trata de algo inofensivo.
Entre los problemas que pueden confundirse con un infarto se encuentran el reflujo gastroesofágico, la costocondritis y los ataques de pánico. Aunque cada uno tiene características particulares, ningún síntoma aislado permite descartar con seguridad una emergencia cardíaca.
1. Reflujo gastroesofágico
El reflujo ocurre cuando el contenido del estómago regresa al esófago y provoca irritación. Suele manifestarse como ardor detrás del esternón, que puede extenderse desde la parte superior del abdomen hasta el centro del pecho.
Las molestias pueden aparecer después de comer, al acostarse o al inclinarse. También pueden presentarse regurgitación y un sabor ácido o amargo en la boca.
Como el reflujo y los problemas cardíacos pueden causar dolor en la misma zona, es importante no confundirlos. Que el dolor aparezca después de comer o mejore con un antiácido no descarta un infarto.
2. Costocondritis
La costocondritis es la inflamación del cartílago que conecta las costillas con el esternón. Puede causar dolor localizado en la parte frontal del pecho, que aumenta al tocar la zona, mover el tronco, toser o respirar profundamente.
En ocasiones, aparece después de realizar esfuerzos físicos, movimientos repetitivos o episodios intensos de tos, aunque también puede presentarse sin una causa identificable.
Que el dolor aumente al presionar el pecho puede orientar hacia un problema musculoesquelético, pero no confirma el diagnóstico ni excluye una enfermedad cardíaca. Si la molestia es intensa o se acompaña de falta de aire, sudoración fría, mareo o desmayo, se requiere atención urgente.
3. Ataques de pánico
Los ataques de pánico pueden provocar opresión o dolor en el pecho, palpitaciones, respiración acelerada, temblores, sudoración y mareo. También pueden generar miedo intenso, sensación de pérdida de control o temor a que ocurra algo grave.
Estos episodios suelen alcanzar su máxima intensidad en pocos minutos y pueden acompañarse de hormigueo, escalofríos o sensación de ahogo.
Sin embargo, no debe atribuirse automáticamente a la ansiedad un dolor torácico sin valorar otras posibles causas. Un infarto también puede provocar palpitaciones, falta de aire y miedo intenso, por lo que un primer episodio o síntomas diferentes de los habituales requieren evaluación médica.
¿Cómo reconocer las señales de un posible infarto?
Un infarto puede manifestarse como presión, opresión, pesadez o sensación de aplastamiento en el centro del pecho. El dolor puede durar varios minutos, desaparecer y regresar, o extenderse hacia los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del abdomen.
Otros signos de alarma incluyen:
Dificultad para respirar.
Sudoración fría.
Náuseas o mareo.
Debilidad repentina o desmayo.
Cansancio inusual o molestias en la parte superior del abdomen.
No todas las personas presentan dolor intenso ni experimentan todos los síntomas. En adultos mayores y personas con diabetes, las manifestaciones pueden ser menos características.
Para evaluar una posible emergencia cardíaca, el personal médico puede realizar un electrocardiograma, análisis de sangre y otros estudios según los síntomas y los antecedentes del paciente.
¿Cuándo acudir a urgencias?
Busca atención de emergencia si el dolor es nuevo, intenso, persistente o inexplicable, especialmente si se acompaña de falta de aire, sudoración fría, náuseas, desmayo o molestias que se extienden a los brazos, la mandíbula o la espalda.
En México, llama al 911 si sospechas que estás sufriendo un infarto y sigue las indicaciones del personal de emergencias. No conduzcas por tu cuenta ni esperes a que aparezcan todos los síntomas.
También es importante solicitar una valoración si el dolor aparece durante el ejercicio, se repite o se acompaña de una disminución inusual de la tolerancia al esfuerzo. La hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo y los antecedentes familiares pueden aumentar el riesgo cardiovascular, aunque un infarto también puede presentarse sin factores de riesgo conocidos.
Una precaución fundamental
El reflujo, la costocondritis y los ataques de pánico pueden producir molestias similares a las de un infarto, pero sus características no bastan para establecer un diagnóstico por cuenta propia. Incluso es posible que una persona tenga una de estas afecciones y, al mismo tiempo, presente una enfermedad cardíaca.
Ante un dolor torácico nuevo o inexplicable, la prioridad es descartar una emergencia cardiovascular. Una evaluación oportuna permite identificar la causa y recibir el tratamiento adecuado.
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