4 pilares científicos para una vuelta saludable a la rutina

El comienzo de una nueva etapa académica o profesional suele representar un reto para la salud física y emocional. De acuerdo con los entrenadores Thibaut Vaton y Romain Guérin, citados por la revista Paris Match, hay cuatro pautas esenciales que pueden facilitar una transición saludable.
1. Dar prioridad al sueño
Dormir bien es uno de los pilares del bienestar. Una investigación del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, difundida en Sports Medicine - Open, señala que aumentar las horas de descanso —ya sea nocturno o mediante siestas— mejora el desempeño físico y cognitivo, mientras que la falta de sueño afecta la fuerza y la precisión.
Los especialistas recomiendan mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana. También aconsejan limitar el uso de pantallas antes de dormir, procurar un ambiente oscuro y fresco en la habitación y evitar cenas abundantes. Un descanso adecuado favorece la recuperación muscular, la estabilidad emocional y la capacidad de aprendizaje, aspectos clave al iniciar nuevas rutinas.
2. Cuidar la alimentación
El segundo eje es una dieta equilibrada y basada en alimentos naturales, que influye directamente en los niveles de energía y en la concentración. Un estudio publicado en Nutrients indica que un patrón alimentario rico en frutas, verduras y proteínas magras no solo mejora el estado de ánimo, sino que también ayuda a afrontar el estrés cotidiano.
Los entrenadores aconsejan priorizar productos frescos y de temporada, reducir ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas, y planificar las comidas para evitar el picoteo constante. Asimismo, destacan la importancia de una hidratación suficiente para prevenir el cansancio y optimizar el funcionamiento del organismo. Organizar menús semanales y meriendas saludables puede mantener la energía estable y mejorar el rendimiento físico e intelectual.
3. Incorporar ejercicio diario
La tercera recomendación es mantenerse activo todos los días. Según evidencia difundida en The Lancet Global Health, realizar actividad física con regularidad disminuye el riesgo de enfermedades crónicas, fortalece el sistema inmunológico y mejora la calidad del sueño.
Los expertos sugieren al menos 30 minutos diarios de movimiento, ya sea caminando, usando la bicicleta, practicando algún deporte o realizando ejercicios en casa. Más que la intensidad, subrayan la constancia: subir escaleras, hacer estiramientos al levantarse o incluir pausas activas durante la jornada laboral puede marcar una diferencia. El ejercicio contribuye a liberar estrés, fortalecer la autoestima y adaptarse mejor a los cambios.
4. Planificar y administrar el tiempo
Finalmente, la organización es la base para sostener estos hábitos. Investigaciones publicadas en Frontiers in Psychology muestran que una buena planificación favorece la adherencia a rutinas saludables y mejora el bienestar a largo plazo.
Reservar espacios específicos para dormir, comer y ejercitarse, así como apoyarse en agendas o aplicaciones móviles, ayuda a mantener la constancia y reduce la probabilidad de abandonar los buenos hábitos.
Adoptar estas cuatro estrategias —descanso adecuado, alimentación balanceada, actividad física regular y planificación del tiempo— facilita la adaptación al trabajo o a la escuela y promueve un equilibrio sostenible entre cuerpo y mente, con mayor energía, concentración y resiliencia en el día a día.
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