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Antojos de azúcar y estrés: lo que tu cuerpo podría estar intentando decirte

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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Los antojos de azúcar no siempre son simples deseos de comer algo dulce; en muchos casos pueden reflejar factores como estrés, cansancio emocional o desequilibrios en la alimentación, según expertos en nutrición y salud metabólica.

Diversas investigaciones señalan que el cuerpo puede “comunicar” ciertas necesidades a través de estos antojos, aunque en la vida diaria suelen interpretarse como hambre emocional o impulsos momentáneos.

Uno de los factores más comunes es el estrés. Cuando aumenta el cortisol, la hormona relacionada con esta respuesta, el organismo puede buscar energía rápida, lo que se traduce en mayor deseo de alimentos azucarados. La American Psychological Association ha señalado que el estrés prolongado puede modificar los hábitos alimenticios y aumentar el consumo de azúcar, afectando tanto el peso como la energía.

También pueden influir las variaciones en la glucosa en sangre. Cuando los niveles de azúcar bajan rápidamente, el cerebro tiende a buscar una fuente inmediata de energía, generalmente en forma de dulces o carbohidratos refinados. La American Diabetes Association indica que estos cambios pueden estar relacionados con la calidad de la dieta y los horarios de alimentación, sin que necesariamente impliquen diabetes.

Otro factor importante es el llamado hambre emocional, en el que la comida se utiliza como una forma de aliviar ansiedad, tristeza o estrés. Estudios publicados en la revista Appetite han mostrado que el cerebro asocia los alimentos ricos en azúcar y grasa con sensaciones de recompensa, lo que puede generar un ciclo de búsqueda de consuelo a través de la comida.

La falta de sueño también puede aumentar los antojos dulces. Investigaciones citadas por la Mayo Clinic han demostrado que dormir poco altera las hormonas que regulan el apetito, lo que incrementa el deseo de alimentos calóricos y reduce el autocontrol alimentario.

Por otro lado, las dietas demasiado restrictivas pueden tener el efecto contrario al esperado: en lugar de reducir los antojos, pueden intensificarlos. De acuerdo con especialistas de la Cleveland Clinic, la restricción extrema puede generar ansiedad alimentaria y aumentar el deseo por los alimentos prohibidos.

Incluso la deshidratación puede confundirse con hambre, ya que el cerebro a veces interpreta la falta de agua como necesidad de comida, lo que puede llevar a consumir azúcar innecesariamente, según el National Institutes of Health.

Además, investigaciones recientes sugieren que el microbioma intestinal también podría influir en los antojos, ya que ciertas bacterias pueden enviar señales al cerebro que afectan las preferencias alimentarias, especialmente por el azúcar.

En conjunto, los expertos recomiendan aprender a distinguir entre hambre real y antojos emocionales: el hambre suele aparecer de forma gradual y puede satisfacerse con distintos alimentos, mientras que los antojos emocionales son repentinos y suelen centrarse en productos específicos. Técnicas como la pausa consciente, la hidratación y la identificación de emociones antes de comer pueden ayudar a mejorar la relación con la alimentación y reducir el consumo impulsivo de azúcar.

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