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Autonomía, el verdadero reto de la educación especial: Zura Llanet Morales

La directora de Educación Especial defiende la autoridad docente, la inclusión y la autonomía de estudiantes con discapacidad.

Entrevista: La directora de Educación Especial defiende la autoridad docente, la inclusión y la autonomía de estudiantes con discapacidad.
Agencias / El Tiempo
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Saltillo, Coahuila, 4 de octubre de 2026.- Para Zura Llanet Morales Herrera, directora de Educación Especial a nivel estatal, la inclusión no termina cuando un alumno aprende a leer o escribir. El verdadero propósito debe ser prepararlo para la vida: que pueda ir a una tienda, pedir un producto, pagar, recibir su cambio y desenvolverse con la mayor autonomía posible.

Con casi 29 años de servicio educativo, ha recorrido distintos espacios de la educación especial, desde asistente educativa hasta docente, directiva, asesora académica y funcionaria estatal. Su experiencia también le ha confirmado que la vocación docente permanece, pero necesita recuperar la confianza y autoridad que durante años tuvo frente a las familias y la sociedad.

 

¿Por qué decidió dedicarse a la educación especial?

Yo creo que lo traes en el corazón y en el alma. Entré al servicio educativo como asistente educativa y, al ver las necesidades de los niños, pensé: “Esto es lo mío, necesito especializarme”.

Entonces estudié la licenciatura en problemas de aprendizaje y después la maestría en educación especial. Desde el inicio tuve esa intención de apoyar a quienes más lo necesitan y a los sectores más vulnerables de nuestra población.

 

¿Cuántos años lleva en el servicio educativo?

El 16 de octubre cumplo 29 años de servicio. Empecé como asistente educativa y después fui docente, directiva, asesora académica y trabajé en diferentes áreas de la Secretaría de Educación.

 

¿Actualmente cuál es su responsabilidad?

Soy directora de Educación Especial a nivel estatal.

 

¿Cuál es el reto de la educación especial?

Ayudar a los estudiantes a alcanzar la autonomía. Debemos tener presente que ni los maestros ni los padres somos eternos. Un día no vamos a estar y, si no educamos al niño o a la niña para que sea autosuficiente, puede convertirse en una carga para alguien más.

La pregunta es muy sencilla: ¿a usted le gustaría que algún día lo maltrataran por depender de otra persona? Claro que no. Por eso debemos trabajar en la autonomía, la independencia y las habilidades adaptativas.

 

 

Después de casi tres décadas, ¿considera que se ha perdido la vocación docente?

No. La vocación no se ha perdido. Lo que ha cambiado mucho es la sociedad y, con ello, la valoración del trabajo del maestro.

Antes existía una autoridad muy clara. Recuerdo que mi mamá llegaba a la escuela y le decía a la maestra: “Aquí está mi hija, usted me la entrega a la hora de salida, pero usted sabe cómo educar”. Existía una confianza plena en el docente.

Ahora el maestro es visto como un elemento más, pero no siempre como la autoridad dentro de su salón. Eso ha provocado desilusión en algunos docentes.

 

¿Qué tendría que cambiar para recuperar el entusiasmo?

Hay que confiar en los maestros y darles la oportunidad de recuperar esa autoridad. También hay que reconocer que ellos han aprendido nuevas formas de trabajar.

Antes se decía que “la letra con sangre entra”. Eso ya no corresponde a la educación actual. El maestro ha recibido capacitación y ha conocido nuevas estrategias, pero muchas veces no se le da la oportunidad de aplicarlas.

 

En su trayectoria, ¿cuál ha sido uno de los logros que más la ha marcado?

Hay muchísimos. He trabajado con más de mil alumnos en los distintos espacios donde he estado. Pero recuerdo especialmente a un alumno con parálisis cerebral que no controlaba esfínteres porque su organismo no se lo permitía.

Trabajamos con sus padres para establecer horarios. Les explicamos que, aunque el niño no pudiera sentir cuándo necesitaba ir al baño, podíamos crear una rutina. Poco a poco dejó de usar pañal y consiguió avisar que quería ir al sanitario.

Fue un logro del niño, de su familia y del maestro. Demostró lo que puede lograrse cuando existe trabajo en equipo.

 

¿Hay algún alumno que recuerde con especial cariño?

Sí. Hace poco me encontré con Alfredo, un alumno con autismo al que atendí desde inicial. Ahora está en el Centro de Autismo. Cuando me vio me dijo: “Maestra Sura, maestra Sura”, me abrazó y el hecho de que un alumno te recuerde y te abrace después de tantos años es un gran logro. Significa que hiciste algo bueno en su vida.

 

¿Qué consejo les daría a los docentes que trabajan con alumnos de educación especial?

Primero, paciencia. Y, sobre todo, que saquen el amor que llevan dentro por su profesión.

Cuando das ese amor no hay obstáculos. Hay que buscar el “cómo sí”, no quedarse en el problema. Un reto no debe verse como una imposibilidad, sino como algo que podemos resolver.

 

¿Y qué les diría a los padres de familia?

Que asuman su responsabilidad desde casa. Sabemos que muchas veces tienen que trabajar y no pueden estar todo el día con sus hijos, pero cuando están con ellos deben fortalecer las habilidades que les permitan ser funcionales en la vida.

A veces los padres se aferran a que sus hijos aprendan a leer y escribir, pero quizá eso no siempre será posible. En cambio, pueden aprender a ir a un centro comercial, pedir un refresco, pagar y recibir cambio. Eso también es aprendizaje y, sobre todo, autonomía.

 

¿Hubo maestros que marcaron su propia trayectoria?

Sí. Para mí fueron importantes el profesor Natalio Magallanes y la profesora Rosario García, quien fue directora de Educación Especial.

También mis compañeras asesoras académicas, como María Marta Rodríguez, Olga Verino y Angélica Meléndez. Compartir experiencias con compañeros de distintas regiones ayuda a crecer. Son muchas las personas y no quisiera omitir a nadie.

 

¿Qué aprendizaje le deja esa colaboración entre docentes?

Que no debemos ser egoístas con lo que sabemos. Hay que compartir las experiencias porque algo que a un maestro le funcionó puede ayudar a otro.

 

Un trabajo que requiere equipo

A pocos días de cumplir 29 años de servicio, Sura Morales mantiene una convicción: la educación especial no puede avanzar desde esfuerzos aislados. Maestros, padres, autoridades y sociedad deben asumir una responsabilidad compartida para que los estudiantes alcancen la mayor independencia posible.

“Hay que hacerlo en equipo”, resume. Su mensaje final es también una invitación a las familias: no están solas. Existen instituciones, docentes y profesionales dispuestos a acompañarlas, pero el objetivo debe ser común: formar personas capaces de desenvolverse en la vida con dignidad y autonomía.

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