¿Bañarte en la oscuridad ayuda a dormir mejor? Esto dice la ciencia

Nuestra exposición constante a la luz artificial ha modificado no solo nuestros hábitos diarios, sino también la manera en que dormimos. Cada noche, las pantallas, las luces LED y otros dispositivos interfieren con la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el ciclo del sueño.
Según una revisión médica publicada en PMC, recibir luz azul o blanca intensa entre 30 y 90 minutos antes de acostarse puede retrasar el inicio del sueño y afectar su calidad. Esta alteración del ritmo circadiano se asocia con insomnio, despertares frecuentes y una menor sensación de descanso al despertar.
Ante este panorama, especialistas en salud del sueño recomiendan reducir la estimulación visual en las horas previas a dormir. En este contexto surge la práctica de ducharse con poca o nula iluminación, entendida como una transición gradual hacia el descanso nocturno.
¿En qué consiste ducharse en la oscuridad?
No se trata simplemente de apagar la luz, sino de desacelerar el cuerpo y la mente. Ducharse en la oscuridad implica crear un ambiente tenue y relajado, utilizando luz cálida de muy baja intensidad, velas con precaución o incluso prescindiendo por completo de la iluminación si el espacio es seguro y conocido.
Quienes practican este hábito describen una disminución rápida del estrés, mayor atención a las sensaciones del agua sobre la piel y una mente más tranquila antes de dormir. La ducha deja de ser solo un acto de higiene para convertirse en un ritual de desconexión y preparación para el descanso.
¿Qué beneficios puede aportar esta práctica?
Más allá de ser una tendencia en redes sociales, existen fundamentos fisiológicos que explican sus posibles beneficios:
Favorece la producción de melatonina al limitar la exposición a la luz artificial.
Promueve la relajación del sistema nervioso, ya que el agua tibia en un entorno oscuro puede activar el sistema parasimpático.
Disminuye la ansiedad nocturna, al reducir la sobrecarga de estímulos visuales.
Refuerza la señal de descanso, ayudando al reloj biológico a reconocer que es momento de dormir.
Incluso acciones simples, como cepillarse los dientes con luz tenue o apagar las luces una hora antes de acostarse, pueden ser útiles para personas con insomnio leve o altos niveles de estrés.
¿Es una práctica adecuada para todos?
No necesariamente. Ducharse con poca luz puede resultar beneficioso para quienes tienen dificultad para conciliar el sueño o llevan rutinas nocturnas muy estimulantes. Sin embargo, no es recomendable para personas con problemas de visión, movilidad reducida o alteraciones del equilibrio, ya que aumenta el riesgo de caídas.
En estos casos, una opción más segura es utilizar iluminación cálida y suave, como luces ámbar o lámparas nocturnas, que disminuyen el estímulo visual sin comprometer la seguridad.
¿Cómo incorporarlo a la rutina nocturna?
Para probar esta técnica, se recomienda:
Mantener un horario regular para la ducha nocturna.
Atenuar la luz o apagarla solo si el entorno es seguro.
Evitar el uso del celular antes y después de la ducha.
Usar agua tibia, evitando temperaturas extremas.
Respirar de forma profunda y concentrarse en el sonido y el contacto del agua.
El objetivo es enviarle al cerebro un mensaje claro: el día terminó y es momento de descansar.
¿Y si no te duchas por la noche?
No es un problema. Esta práctica es solo una herramienta dentro de una estrategia más amplia de higiene del sueño. Si tu ducha es matutina, puedes aplicar otras medidas para reducir la luz artificial por la noche, como leer con luz cálida, escuchar música relajante, apagar pantallas al menos 30 minutos antes de dormir o usar cortinas opacas.
Dormir mejor no depende de una sola acción, sino de una serie de hábitos que comienzan mucho antes de ir a la cama. Ducharse en la oscuridad no es una solución mágica, pero sí puede convertirse en un ritual sencillo, accesible y natural para favorecer un descanso más profundo y consciente.
Si las dificultades para dormir persisten o son severas, lo más adecuado es consultar con un especialista en sueño o con un profesional de la salud.
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