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Biohacking y nutrición saludable: el camino hacia la prevención y la autogestión

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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El deseo de mejorar la salud y extender los años con buena calidad de vida ha llevado a muchos adultos mayores a incorporar nuevas estrategias.

La nutricionista Carolina Sosky, autora y docente con amplia presencia en divulgación científica, sostiene que el biohacking se posicionó como una propuesta atractiva para la generación silver, al integrar mediciones individualizadas y respaldo científico para modificar hábitos cotidianos.

Esta corriente se apoya en la creciente disponibilidad de tecnología y estudios específicos que permiten monitorear variables como glucosa en sangre, perfil lipídico o composición corporal. Así, cambia la forma de abordar la longevidad y el bienestar en América Latina.

Biohacking y personalización basada en datos

Sosky describe el biohacking nutricional como la aplicación deliberada de estrategias alimentarias y de estilo de vida destinadas a optimizar funciones corporales medibles, entre ellas el metabolismo, la inflamación, el rendimiento cognitivo y la recuperación física. A diferencia de los enfoques tradicionales, aquí predomina la personalización: se introducen cambios pequeños, se analiza una variable por vez y se evalúa cómo responde cada organismo.

La diferencia central con los modelos clásicos radica en que el eje está puesto en la información objetiva y no solo en pautas generales. Se evita la receta universal y se prioriza la experimentación controlada, algo especialmente valioso en la adultez mayor.

Cuando se aplica con rigor científico y comprensión fisiológica, el biohacking puede traducirse en ajustes concretos, como redistribuir proteínas a lo largo del día, mejorar la calidad de los carbohidratos o sincronizar horarios de comida con el descanso nocturno. Estas intervenciones pueden favorecer la adherencia, la prevención y la mejora sostenida de marcadores de salud.

Sin embargo, la especialista advierte que banalizar el concepto lo convierte en una estrategia comercial con promesas exageradas. Sin evidencia ni seguimiento profesional, pierde su sustento científico.

Tecnología, suplementos y contexto latinoamericano

El crecimiento del biohacking en Argentina y otros países de la región está vinculado al acceso masivo a dispositivos como relojes inteligentes, anillos y aplicaciones de salud. Estas herramientas ya no solo registran pasos, sino también calidad del sueño, frecuencia cardíaca, niveles de estrés y respuesta ante cambios nutricionales.

Además, la disponibilidad de estudios de laboratorio más precisos y el auge del mercado de suplementos —como colágeno, magnesio o adaptógenos— acompañan esta tendencia hacia la optimización corporal.

Sosky también señala que parte del interés surge de la insatisfacción con sistemas de salud centrados en la enfermedad más que en la prevención. El biohacking propone probar, medir y ajustar hábitos en función de datos concretos, siempre que se mantenga el criterio científico.

Alimentación y longevidad

Respecto de los hábitos con mayor impacto en la salud y el rendimiento físico y mental, la especialista enfatiza que lo fundamental es la sostenibilidad. La evidencia respalda patrones basados en alimentos reales, con bajo consumo de ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans.

Modelos como la dieta mediterránea —rica en verduras, frutas, legumbres, proteínas de calidad y grasas saludables— se asocian consistentemente con menor inflamación y mejor salud metabólica a largo plazo. No se trata de alimentos aislados ni de medidas extremas, sino de construir una base nutricional sólida y duradera.

También destaca la importancia de una adecuada ingesta y distribución de proteínas para preservar masa muscular y favorecer la recuperación, junto con el consumo de fibra y compuestos bioactivos como los polifenoles, que benefician la microbiota, la regulación glucémica y la función cognitiva.

La evidencia sobre patrones antiinflamatorios sostenidos en el tiempo muestra relación con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, deterioro cognitivo y mortalidad general, en parte por su efecto sobre la inflamación crónica de bajo grado y marcadores metabólicos.

Ayuno, cetogénica y suplementos

Sobre el ayuno intermitente y la dieta cetogénica, Sosky aclara que pueden ser herramientas útiles en ciertos contextos, pero no son universales ni imprescindibles.

El ayuno intermitente muestra beneficios modestos en peso y algunos marcadores cardiometabólicos, similares a los de la restricción calórica tradicional cuando la calidad y cantidad de la dieta son equivalentes. Muchas veces su efecto se explica por mejor adherencia y reducción espontánea de calorías más que por mecanismos extraordinarios.

La dieta cetogénica cuenta con evidencia sólida en indicaciones específicas, como la epilepsia refractaria, pero extrapolarla como modelo óptimo para toda la población no está respaldado por la evidencia. Puede ser útil a corto plazo en algunos perfiles, bajo supervisión, ya que la respuesta metabólica es variable y en ciertos casos puede elevar LDL o ApoB.

El error, señala, es convertir cualquier estrategia en receta universal. En adultos mayores, incluso siguiendo pautas “correctas”, pueden aparecer fatiga, inflamación persistente o alteraciones del sueño si no existe una evaluación individual.

Respecto al ayuno prolongado, advierte que no debe adoptarse como dogma, especialmente en personas mayores con baja masa muscular, estrés elevado o desequilibrios hormonales. En esos casos, suele ser más prudente optar por ventanas de alimentación razonables y asegurar suficiente aporte proteico y energético.

En cuanto a suplementos, recalca que no son inocuos. El exceso, las interacciones con medicamentos y la falsa sensación de compensar malos hábitos son riesgos frecuentes. La suplementación debe responder a un objetivo fisiológico claro y estar guiada por criterio profesional. Nutrientes como vitamina D, magnesio, omega 3, zinc o creatina pueden ser útiles en contextos específicos.

Datos biométricos y estilo de vida integral

Los datos biométricos cumplen un papel relevante cuando se interpretan correctamente. Biomarcadores como glucemia, HbA1c, perfil lipídico, presión arterial o composición corporal permiten definir un punto de partida y metas concretas.

Los wearables aportan información sobre sueño, actividad física, frecuencia y variabilidad cardíaca o respuesta al estrés, lo que puede mejorar la adherencia. Sin embargo, los datos sin contexto pueden inducir errores; requieren interpretación clínica.

Finalmente, Sosky subraya que la alimentación no actúa de forma aislada. El sueño, el ejercicio, la gestión del estrés, la respiración, la exposición a la luz y la salud intestinal influyen tanto o más que la dieta en procesos como apetito, sensibilidad a la insulina, inflamación, recuperación y función cognitiva. La verdadera optimización surge de integrar todos estos factores en un enfoque personalizado y sostenible.

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