Cambio climático y eventos extremos ponen en riesgo la economía deportiva global

El crecimiento de la industria deportiva debería utilizarse como una palanca para potenciar beneficios sociales, entre ellos la disminución del gasto sanitario y el impulso a la igualdad de género.
Para lograrlo, es necesario afrontar los riesgos que el cambio climático y la degradación ambiental suponen para el propio sector, amenazas que podrían intensificarse debido a la huella ambiental que la misma industria genera. Así lo advierte Tony Simpson, socio y líder global de la práctica deportiva en Oliver Wyman, además de autor del informe presentado para el Foro Económico Mundial.
Simpson subrayó que el deporte posee una capacidad de influencia superior a la de otros sectores, ya que forma parte del tejido comunitario. Y como activo social, debe comportarse con responsabilidad.
Aunque el deporte de élite mueve alrededor de 140 mil millones de dólares, esta cifra es menor frente a los 672 mil millones que genera el turismo deportivo y los 612 mil millones correspondientes a la industria de artículos deportivos, según el análisis. De hecho, se proyecta que el turismo deportivo —el segmento más dinámico del turismo global— aporte cerca del 60% del crecimiento total de los ingresos de la economía del deporte hacia 2030.
A ello se suman los deportes participativos y los ingresos vinculados a sectores como la radiodifusión, la nutrición y la tecnología de consumo asociada al deporte. En conjunto, el informe estima que esta economía alcanzará los 3.7 billones de dólares en 2030 y podría llegar a 8.8 billones en 2050.
El estudio fue elaborado tras más de 5 mil horas de trabajo, recopilando y contrastando información de ligas profesionales, inversionistas, patrocinadores y la Federación Mundial de la Industria de Artículos Deportivos. Según Simpson, dimensionar con rigor el tamaño de esta economía permite entender lo que podría perderse si no se actúa con previsión.
Impacto económico y desafíos estructurales
El documento advierte que el aumento del sedentarismo entre jóvenes, junto con fenómenos climáticos extremos que alteran calendarios deportivos, ecosistemas y cadenas de suministro, podría generar pérdidas superiores a 500 mil millones de dólares hacia 2030.
Simpson señaló que actualmente hay menos jóvenes de entre 15 y 25 años que practican futbol los fines de semana que en el pasado, lo que debilita la futura base de aficionados. Si bien la mayor participación femenina y el incremento de niños en actividades organizadas elevan las cifras generales, el núcleo tradicional —jóvenes que practican deporte de forma habitual— se ha reducido.
Calor extremo, inundaciones y cancelaciones
Eventos climáticos como olas de calor, inundaciones, escasez de nieve o altos niveles de contaminación pueden obligar a cancelar competiciones, afectando transmisiones y patrocinios. Un ejemplo reciente fue el calor extremo registrado en Francia antes del Tour de Francia, que obligó a los ciclistas a adaptarse a temperaturas inusualmente elevadas.
Datos del Foro Económico Mundial y de la Organización Meteorológica Mundial indican que 2023 y 2024 estuvieron entre los años más cálidos jamás registrados, con temperaturas globales superiores en más de 1.4 °C respecto a la era preindustrial, lo que ha incrementado la frecuencia de fenómenos extremos que alteran el calendario deportivo.
Futuro del deporte y huella climática
El Comité Olímpico Internacional ha reconocido que el cambio climático ya compromete la viabilidad de los Juegos Olímpicos de Invierno. Un estudio publicado en Current Issues in Tourism advierte que, bajo escenarios de altas emisiones, solo 10 de las 21 ciudades que han organizado estos Juegos mantendrían condiciones climáticas adecuadas hacia 2050.
Además, la propia industria deportiva contribuye de manera relevante a las emisiones. El informe “Sport for Climate Action” de la ONU señala que grandes eventos pueden generar entre 1.5 y 3 millones de toneladas de CO₂ equivalente, dependiendo de factores como infraestructura y transporte.
Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud estima que la inactividad física causa cerca de 5 millones de muertes cada año, lo que evidencia el enorme impacto social y económico que tendría promover el deporte frente al avance del sedentarismo.
En este contexto, el reto no solo es económico, sino estructural: garantizar que el crecimiento del deporte sea sostenible, reduzca riesgos climáticos y contribuya activamente a mejorar la salud pública y la cohesión social.
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