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Caminar y controlar la presión arterial podría beneficiar al cerebro

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

La actividad física y el control de la presión arterial son importantes para la salud cardiovascular y podrían estar relacionados con el funcionamiento cognitivo.

Un estudio publicado en la revista Scientific Reports encontró que una mayor cantidad de pasos diarios se asociaba con mejores resultados en varias pruebas que evaluaban habilidades mentales.

La investigación utilizó datos de 3,093 participantes del programa All of Us, impulsado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). Los investigadores analizaron registros de actividad física obtenidos mediante dispositivos Fitbit, mediciones de presión arterial y resultados de evaluaciones cognitivas.

Aunque los hallazgos aportan información sobre la relación entre la actividad física y la salud cerebral, no demuestran que caminar más prevenga directamente la enfermedad de Alzheimer ni que modificar la presión arterial garantice evitar el deterioro cognitivo.

¿Qué encontró el estudio sobre la actividad física y la memoria?

La investigación, titulada Physical activity and blood pressure as predictors of cognitive function in the All of Us Research Program, fue realizada por Olaoluwa O. Okusaga, Yi-Sian Lin y Elizabeth Atkinson.

Los autores examinaron la relación entre los pasos diarios, la presión arterial sistólica y diastólica y el desempeño en diferentes pruebas cognitivas. Los resultados indicaron que una mayor actividad física al inicio del seguimiento se asociaba con mejores puntuaciones en tres de las evaluaciones, relacionadas con la atención sostenida, la toma de decisiones y el control de respuestas.

Asimismo, una presión arterial sistólica inicial más elevada se relacionó con un desempeño menos favorable en una prueba de toma de decisiones. Sin embargo, las asociaciones variaron entre las distintas evaluaciones, por lo que no es posible afirmar que estos factores influyan de la misma manera en todas las capacidades mentales.

¿Por qué caminar puede beneficiar la salud cerebral?

Caminar es una forma accesible de incorporar movimiento a la rutina. La actividad física regular contribuye al control de la presión arterial, la glucosa y otros factores relacionados con la salud cardiovascular.

El cerebro necesita un suministro constante de sangre para recibir oxígeno y nutrientes. Por ello, las enfermedades que dañan los vasos sanguíneos pueden afectar su funcionamiento y aumentar el riesgo de problemas cognitivos.

El ejercicio también puede favorecer el sueño, el estado de ánimo y la salud metabólica. No obstante, aunque estos beneficios respaldan la práctica habitual de actividad física, los resultados del estudio no prueban que aumentar los pasos produzca por sí solo una mejora cognitiva.

¿Cuántos pasos al día conviene dar?

En el estudio se identificaron tres grupos de actividad física con promedios aproximados de 5,108, 8,875 y 14,161 pasos diarios. Los participantes de los dos grupos más activos obtuvieron mejores resultados en varias pruebas cognitivas que aquellos del grupo con menor cantidad de pasos.

Estas cifras describen los patrones observados en la investigación; no constituyen una recomendación médica ni establecen una cantidad universal de pasos para proteger la memoria.

La actividad adecuada depende de la edad, la condición física, la movilidad y las enfermedades existentes. Para quienes llevan una vida sedentaria, comenzar con caminatas de 10 o 15 minutos y aumentar gradualmente la duración puede ser una alternativa práctica.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o una cantidad equivalente de actividad vigorosa, siempre que sus condiciones lo permitan. En los adultos mayores también son importantes los ejercicios adaptados para mantener la fuerza y el equilibrio.

¿Cómo influye la presión arterial en la función cognitiva?

La hipertensión sostenida puede dañar los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones que afectan al cerebro. Por eso, medir la presión arterial y mantenerla bajo control forma parte de la prevención cardiovascular.

La presión arterial demasiado baja también puede requerir atención, especialmente cuando se acompaña de mareos, desmayos o debilidad. Sin embargo, una lectura baja no significa automáticamente que exista daño cerebral: debe interpretarse considerando los síntomas, los antecedentes médicos y los medicamentos que utiliza la persona.

En el estudio de Scientific Reports, la presión sistólica más elevada se relacionó con un resultado menos favorable en una prueba específica, pero no se encontró una asociación uniforme en todas las evaluaciones cognitivas.

¿La presión arterial baja aumenta el riesgo de Alzheimer?

Otra investigación, difundida en junio de 2026 por la Asociación Americana del Corazón, analizó datos de casi 800,000 adultos de las bases de datos UK Biobank y All of Us.

En ese análisis, la hipotensión se asoció con una mayor probabilidad de presentar enfermedad de Alzheimer. La asociación fue cercana a tres veces en la base de datos británica y casi dos veces en la estadounidense. La hipertensión también se relacionó con una probabilidad más elevada de Alzheimer, aproximadamente 1.6 veces mayor que en las personas sin esa condición.

Estos resultados corresponden a una investigación diferente y no demuestran que la presión arterial baja o alta cause directamente la enfermedad. Se necesitan más estudios para comprender los mecanismos implicados y determinar la influencia de otros factores.

Por ello, no se recomienda modificar la presión arterial por cuenta propia para proteger la memoria. Los cambios en los medicamentos deben realizarse con orientación médica, especialmente en adultos mayores.

¿Cómo se realizó la investigación?

El programa All of Us reúne información de salud de una población diversa para facilitar estudios sobre prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Aunque el programa completo incluye datos de cientos de miles de personas, esta investigación utilizó una muestra de 3,093 participantes que contaban con la información necesaria.

Los investigadores combinaron registros de dispositivos Fitbit, mediciones clínicas y resultados de cuatro pruebas cognitivas: atención sostenida, toma de decisiones, reconocimiento de emociones y control inhibitorio.

Las evaluaciones permiten estudiar habilidades mentales específicas, pero no equivalen a un diagnóstico de Alzheimer o demencia. Además, al tratarse de un análisis observacional, sus resultados muestran asociaciones, no necesariamente relaciones de causa y efecto.

¿Cómo cuidar la salud cerebral?

Aunque el estudio se realizó en Estados Unidos, sus resultados se suman a la evidencia sobre la relación entre la salud cardiovascular y la función cognitiva. Algunas medidas que pueden contribuir al bienestar general son:

Mantenerse físicamente activo: caminar, bailar, nadar o andar en bicicleta, adaptando la actividad a las capacidades individuales.Vigilar la presión arterial: realizar mediciones periódicas según los antecedentes personales y las indicaciones médicas.Controlar la diabetes y el colesterol: el seguimiento adecuado ayuda a reducir complicaciones vasculares.Evitar el tabaco y limitar el alcohol: estas medidas favorecen la salud cardiovascular.Dormir bien y mantener una alimentación equilibrada: consumir frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína contribuye a la salud general.

Estos hábitos no garantizan que una persona no desarrolle demencia, pero pueden ayudar a controlar factores de riesgo que afectan la salud vascular y metabólica.

¿Cuándo consultar por problemas de memoria?

Los olvidos ocasionales no significan necesariamente que exista deterioro cognitivo. Sin embargo, conviene solicitar una valoración médica cuando se vuelven frecuentes, empeoran progresivamente o afectan la independencia.

Entre las señales de alerta se encuentran repetir preguntas, perderse en lugares conocidos, tener dificultades para administrar el dinero o presentar problemas nuevos para realizar actividades cotidianas. Una evaluación profesional puede ayudar a identificar posibles causas, incluidas alteraciones del sueño, efectos de medicamentos o problemas metabólicos.

La actividad física y el control de la presión arterial son componentes importantes del cuidado de la salud a largo plazo. Aunque la investigación no demuestra que caminar más prevenga el Alzheimer, mantenerse activo, atender los factores de riesgo cardiovascular y consultar ante cambios persistentes en la memoria son medidas razonables para favorecer el bienestar general.

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