Chequeos a partir de los 35 años: las pruebas clave para prevenir enfermedades

Los especialistas señalan que el periodo ideal para realizar una evaluación integral de salud se sitúa entre los 35 y 40 años, etapa en la que comienzan los primeros procesos biológicos del envejecimiento. Con esta idea surgieron hace 25 años los programas de chequeo, introducidos en España por la Clínica Universidad de Navarra tras inspirarse en modelos de hospitales estadounidenses, convirtiéndose en pionera en medicina preventiva en el país.
Desde entonces, el centro ha llevado a cabo más de 80.000 programas, desde el chequeo general iniciado en 1999 hasta propuestas más recientes como el cardiovascular y el genómico (2019). En el 90 % de los casos se detectó algún hallazgo clínicamente relevante, generando además una valiosa base de datos para la investigación.
La irrupción de la inteligencia artificial, la genómica y los avances en imagen médica representan hoy los grandes impulsores de la medicina preventiva. Según Javier Suela, director de Mi Salud Genómica en Sanitas-BUPA, estas herramientas permiten identificar alteraciones de forma mucho más temprana. La cardióloga Leticia Fernández-Friera destaca que actualmente es posible observar el interior de las arterias y detectar señales iniciales de enfermedad que podrían desembocar en un ictus o un infarto. Clara Fernández, experta en innovación sanitaria y directora de Progevita, coincide en que estos avances están redefiniendo el concepto de chequeo.
Inicialmente, estos programas estaban dirigidos a altos ejecutivos con estilos de vida exigentes y elevado riesgo cardiovascular. Con el tiempo, se consolidaron como un servicio habitual en hospitales y clínicas privadas. Un chequeo convencional incluye consulta médica, revisión de antecedentes, analítica, prueba de esfuerzo y electrocardiograma. Dependiendo del perfil del paciente, puede añadirse un TAC de baja radiación o pruebas de cribado específicas, como mama y cérvix en mujeres o próstata en hombres.
El gran cambio conceptual fue la anticipación: pasar de atender la enfermedad a adelantarse a ella. Hoy se habla de una medicina preventiva personalizada que tiene en cuenta hábitos, antecedentes familiares y entorno social. Es lo que algunos denominan medicina de las “5P”: preventiva, predictiva, personalizada, participativa y poblacional.
La personalización alcanza su máxima expresión con la secuenciación completa del genoma. Analizar entre 300 y 400 genes permite identificar riesgos en personas aún asintomáticas y diseñar planes de seguimiento individualizados. En este modelo, el paciente se realiza el estudio genético una sola vez, y cada cierto tiempo se reevalúan los datos a la luz de nuevos descubrimientos científicos. Además, la farmacogenómica ayuda a seleccionar los medicamentos más eficaces y evitar aquellos con posibles efectos adversos. Aunque suele recomendarse a partir de los 30-40 años, cada vez más personas jóvenes muestran interés en este tipo de análisis.
No obstante, existen voces críticas. Para algunos especialistas, como Javier Taboada, resulta más relevante contar con un médico de referencia que haga seguimiento continuado que someterse a múltiples pruebas sin indicación clara. Señala que no todas las pruebas tienen respaldo científico sólido como método diagnóstico en población sana y que deben ajustarse a las necesidades individuales.
Los chequeos también se han especializado en áreas concretas, como el ámbito cardiovascular, primera causa de muerte mundial. Fernández-Friera implantó en España un programa específico tras su experiencia en Harvard. Dado que muchas enfermedades cardíacas son silenciosas hasta fases avanzadas, la imagen diagnóstica resulta clave para detectar alteraciones tempranas en arterias, músculo cardíaco o válvulas. Ver las placas de ateroma, explica, suele motivar cambios profundos en el estilo de vida del paciente.
Este programa incluye consulta especializada, analítica completa, ecocardiografía avanzada, prueba de esfuerzo y, si es necesario, TAC coronario o resonancia. Está especialmente indicado en mayores de 40 años, mujeres en perimenopausia y deportistas.
En el ámbito de la longevidad, centros como Progevita han desarrollado programas orientados a prolongar los años de vida libre de enfermedad. Dirigidos ahora a personas de 35-40 años, combinan pruebas médicas con intervenciones enfocadas en biomarcadores, sueño, estrés y hábitos. Ofrecen también terapias complementarias y seguimiento digital periódico. El objetivo es alcanzar edades avanzadas con el mejor estado funcional posible.
Mirando al futuro, los expertos anticipan que la inteligencia artificial, la genómica y los llamados “gemelos digitales” —réplicas virtuales del paciente que permitirán simular riesgos y tratamientos— transformarán la medicina preventiva. También se prevén avances en epigenética, microbiota e inmunogenética. Sin embargo, junto al desarrollo tecnológico, se insiste en la necesidad de reforzar la dimensión humana de la atención médica.
Algunos profesionales, como la doctora Raquel Barba, advierten que los chequeos pueden solaparse con los programas públicos de cribado y carecen del respaldo de ciertas agencias internacionales, que no recomiendan revisiones anuales rutinarias en adultos sanos sin factores de riesgo. Además, resultados ambiguos pueden generar incertidumbre y discrepancias entre especialistas.
En definitiva, los chequeos médicos han evolucionado desde revisiones generales hasta programas altamente personalizados apoyados en genética e inteligencia artificial. Aunque su utilidad sigue siendo objeto de debate en algunos ámbitos, representan una apuesta creciente por anticiparse a la enfermedad y adaptar la medicina a las características individuales de cada persona.
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