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Cinco minutos con Pilar... ¡10 de mayo y Madres Enérgicas!

Columna
Ma. del Pilar García Pacheco
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Aunque mi Madre hermosa tiene 7 años de fallecida, aún sueño que me regaña. Creo que todos los que nacimos en mi generación, crecimos en un matriarcado. Nuestra educación fue realmente severa, con una mirada, un pellizco o jalón de orejas, nos controlaban. Por eso no tengo problemas en reconocer a la autoridad, llámese civil, cívica u organizacional (en la Empresa). Recuerdo la película de Woodie Allen, “Historias de Nueva York”, en donde su madre ya fallecida, se le aparecía en todas partes. Cuando corría las persianas de su apartamento, estaba en la ventana, y si salía, hasta en el cielo de Manhattan aparecía su rostro para regañarlo. Así más o menos nos impactan las advertencias de nuestras Madres.

Mi madre, era un verdadero tigre, de rostro interesante, estilo Sofía Loren: Aperlada, ojos grandes, abundantes pestañas, nariz aguileña. Hurgando en antecedentes familiares, era de raíces árabes y españolas, buena para los números, los negocios, hiperactiva, pero eso sí, “muy exigente con sus 4 hijos”. ¡No nos perdonaba nada!

Cada 10 de mayo se armaba la de troya, se ponía de genio, porque organizaba la comida en familia. Todos en casa teníamos que hacer un montón de mandados, ida y vuelta al mercado, limpiar los domos del garaje, así como limpiar los candiles de la sala con vinagre y agua; eran dos muy bonitos de cristal cortado importados de Checoslovaquia. (Comprados en Liverpool), que además de admirarlos, se convirtieron en los avisadores de temblores, en cada movimiento telúrico. 

¡Ah, pero la mesa, debía ser impecable!, Mantel blanco o ya fuera el bordado, pero planchado y almidonado. Según el mantel, primero el plato base, de plata o cobre; antes había que limpiarlos con limpia plata cada uno, hasta que quedaran como espejo. O si eran los de cobre, limpiarlos con salsa búfalo y limón, hasta dejarlos brillantes.

En lo personal, desde un día antes, yo me encargaba de los domos del garaje (eran de acrílico grueso blanco y cuadrados). Con escalera de tijera, bajar cada uno y pasarlos a nuestras fieles colaboradoras en casa, Margarita y Elvira, originarias de Acambay, Estado de México (excelentes cocineras, por cierto). Vivían con nosotros; mi madre las trataba mejor que a sus hijos… casi no las regañaba, por eso creo se desquitaba con nosotros...jajajá. También me encantaba limpiar cada pieza de cristal cortado de los candiles, así como poner la mesa. Desde los platos base, de plata o cobre, la vajilla, que hiciera juego con el mantel, con sus servilletas de tela, cubiertos bien lustrados, vasos y copas de cristal cortado. En medio un arreglo floral. ¡Ah! pero en compañía del gran maestro “Agustín Lara”. Sus canciones, intérpretes, ya fuera al piano o con orquesta. Cambiaba los discos LP en la tornamesa. 

Que buen Menú se preparaba: Crema de jitomate, con pan a la mantequilla con romero, arroz blanco con pedacitos de apio, pulpo en su tinta y por supuesto una ensalada de varias lechugas con rodajas de jitomate y cebolla, con una vinagreta deliciosa, receta de mi abuela Carlota. 

El pastel de Moka se compraba en la Pastelería “El Globo”. Muy bonito y decorado especialmente para el 10 de Mayo. Todo eso, me enseñó mi querida Madre. Doña Pilar Pahceco Cortés.

Recuerdo a mi Hermano el Mayor “Víctor”, que, regresando de un viaje por Europa, le trajo de souvenir de Italia un lápiz de madera gigante, cuadrado alargado, que tenía escrito “Una Mamma perdona sempre”. Será porque en un sábado se llevó el auto de mi madre, un Galaxie 500 nuevecito sin permiso y, pues, la de malas, que le da un golpe trasero, dejándolo aboyado.  A mi hermano se le ocurrió, cubrir el daño, poniéndole una calcomanía del Líbano. Así anduvo unos días circulando, hasta que un agente de tránsito detiene a mi madre en su flamante auto, y le pregunta que si era “diplomática”, por qué no tenía placas de la embajada de su país. Mi madre se baja del auto y, al ver el motivo de tan semejante pregunta, el tránsito le muestra la calcomanía, y claro, sorprendida, la desprende y con horror se da cuenta del golpe; ya se han de imaginar cómo le fue a mi hermano…

Una forma en como resolvía mi Madre la vida era con su famosa frase: “Hay que tomar al toro por los cuernos”. Cualquier cosa que nos sucedía, nos enseñó a enfrentarla con determinación. En algún momento de mi vida matrimonial, nos impactó la crisis de 1994, conocida como “Error de Diciembre” o “Efecto Tequila”, cuando una severa devaluación del peso mexicano provocó un colapso financiero y social. Iniciaba como Presidente Ernesto Zedillo, siendo nosotros 4 de familia: Marido, yo y dos niñas pequeñas. Nos vimos gravemente afectados, prácticamente ajustábamos solo para comer. Mi madre nos dijo: - “¡Aunque sea en el piso y comiendo frijoles con tortilla!, ¡Pero todos, juntos y felices!”.

Otro ejemplo y con esto concluyo, fue cuando mi hermana “Carlota Marisol", después de 4 años de vida matrimonial, esperaba con ilusión, junto a su compañero de vida, el concertista y Maestro Abraham Alvardo, a su primer hijo. Después de un año del nacimiento del tan anhelado hijo, de nombre “Israel”, les dan el diagnóstico de “Autismo”. Para mi hermana fue impactante. Lloraba y le preguntaba a mi madre:  - ¿Por qué?, ¿Por qué a mí? - Mi madre le respondió: - Y por qué no a ti. ¿Quién eres tú, para que no te pase nada?  ¡Desde este momento, tu esposo y tú tienen como misión sacar adelante a Israel! Israel llegó a este mundo por el amor y el compromiso que se tienen Abraham y tú como pareja.

Mi hermana y su esposo se dedicaron a Israel, en cuerpo y alma. Me enorgullece verlo, ya adulto, valerse por sí mismo. Sabe de herrería, carpintería, electricidad, toca el clarinete, lee partituras, se sabe los cumpleaños de todos, así como el día y año en que sus abuelos o tíos ya trascendieron. Mi hermana logró su doctorado con Mención Honorifica, por la Universidad de Hidalgo, toca la Jarana y es parte de un grupo de danza folklórica, es Catedrática en la Universidad del Tepeyac, y hace natación. Su esposo, el Maestro Abraham Alvarado, es concertista en la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, además de ser por mucho tiempo “Maestro de Capilla” en la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, Delegación Benito Juárez, CDMX. Tuvieron otra hija, de nombre Ana Belén, Nutrióloga Clínica que siempre está al pendiente de su familia, especialmente de su hermano Israel.

La respuesta de mi Madre a mi hermana: “Y por qué no a ti. ¿Quién eres tú, para que no te pase nada?” se me quedó grabada. Entendí que todos somos vulnerables, y que debemos estar preparados para lo que nos suceda en la vida. Pero con la actitud de “Hay que tomar al toro por los cuernos”. Cuando falleció Doña Pilar Pacheco Cortés, mi madre, pedí a mi hermana, quién fue la que conservó la casa de mis padres, me obsequiara su retrato al óleo, bellísimo de 1:50 de alto por 1:20 de ancho, con marco estilo barroco y hoja de oro. Luce en el pasillo central de la casa de ustedes. Todos los días lo admiro, me llena de energía. Dando gracias por la Madre que tuve.

Columna: Tecnología, Turismo y el Mundial

Efectivamente, a veces me clavo en ciertos temas porque me lleno de mucha información o porque “la divina providencia me colma de bendiciones”. En estos días me cayó una avalancha de información que habría sido oro molido antes del Tianguis de Acapulco. Llegó tarde. O, mejor -- leer más

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