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Cinco minutos con Pilar... Cuando llueve, diluvia

Columna
Redacción El Tiempo
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En Monclova, Coahuila: En el verano, la retina de los ojos se te quema. En el invierno, con el frío, la sonrisa se congela y, cuando llueve, diluvia. No hay medias tintas, su gente es como el clima: “Te quieren o no te quieren”, a eso le llamamos “honestidad a toda prueba”, prefiero la sinceridad a la hipocresía. Por eso yo a Monclova no la cambio por ninguna. En días pasados, vi en las redes al compañero Periodista y de gimnasio Juan Ramón Garza advertir de cómo las lluvias aminorarían el calor; comprendí que llovería en serio.

Antes de las lluvias, tuvimos fuertes vientos. ¿Qué tan preparados estamos para los vientos, lluvias e inundaciones? El mantenimiento es básico en todos los inmuebles: desde la fijación de las láminas del techo de los talleres, las tejas de algunas viviendas, así como la impermeabilización. Prepararse para la fuerza de los vientos es crucial. Estos vientos que arrecian: nos despeinan, levantan del piso el polvo, hojas, ramas, semillas, insectos, arena del desierto y un montón de cosas más. Una recomendación es sujetarnos bien, para que no nos lleve. Así le pasó a una de mis hijas, cuando era pequeña, dando la vuelta en una esquina, un remolino la tiró al piso.  

Deberíamos aprovechar su fuerza para que también se lleve todos los recuerdos que nos hacen daño. Los vientos, o nos tiran o nos levantan. Dicen que antes de las lluvias llegan los vientos mensajeros. ¿Qué noticias nos traerán?

El viento nos conecta con lugares distantes, lleva consigo el olor y el susurro de las montañas, en este caso, de La Muralla, del Cerro de la Gloria… y me atrevería a decir que hasta el polvo cósmico de tantos meteoritos que he visto caer cuando vengo de noche en carretera. “Dicen que los vientos son como el amor”, llegan de repente y calan hasta los huesos. El Periódico “Siglo de Torreón” destacó en su primera plana: “Calles inundadas y apagones en diferentes sectores de la ciudad fue el saldo de una intensa lluvia la noche del miércoles en Monclova”. Autos varados, gente atrapada dentro de su auto, al boliche llegaron personas empapadas a resguardarse…

Cuando llegué a vivir a esta enigmática ciudad hace 29 años, me llamaba la atención que cuando llovía, perritos callejeros nadaban en pleno Boulevard Pape, se me hacía gracioso, pero ya no tanto, cuando instalados en una de las casas, en donde es ahora estacionamiento de un Colegio Montessori, llovió tan fuerte que se nos metió el agua, inundando lo que, en ese entonces, era nuestro hogar...

Años después, en la misma época de lluvias, salí al centro por la avenida Madero, y en donde ahora está una glorieta y una gasolinera, hacía “un vado”, le decían “El Pantano”. Ignoraba la razón de ese nombre, hasta que circulé por ahí en una camioneta Ford Freestar, verde militar modelo 2005. Repito, cruzar “El Pantano”, en medio de una tormenta, fue una aventura, entendí la razón de tan semejante nombre. Por más despacio que le di, se me apagó el motor, un Volkswagen Sedán y yo nos quedamos flotando. Oportuna la presencia de los tránsitos de esa época, a ambos automóviles nos empujaron a la banqueta. Llamé a “Ramos Automotriz”, con la marcación de ese tiempo: 633-71-00.   Llegó la grúa, subieron mi camioneta, incluida mi persona al volante. Tomamos la Av. Cuauhtémoc, cruzamos el Boulevard Pape inundado hasta llegar a mi casa. 

En todo el trayecto, tuve la sensación de estar en un carro alegórico, bajé la ventana, saludando a todo el mundo, como si fuera una reina. Tenía que darle un poco de humor al evento. ¡Lástima!, tan buena camioneta, dos veces nos llevó hasta Acapulco, quién iba a decir que esa tarde sería su último paseo. Por más reparación y servicio que le dieron en la agencia, ya no quedó igual. Perder un auto duele, pero no tanto como lo que enfrentaron “Los Sánchez Navarro” (los que llegaron a poseer el mayor latifundio de Latinoamérica). Consultando el libro de “Apuntes para la Historia de la Sociedad Monclovense de Historia”, estos eventos naturales han sucedido a lo largo del tiempo. En las páginas 125 a la 126, se expone lo siguiente: 

“Los Sánchez Navarro, en los años de 1774 a 1777, padecieron una prolongada sequía, la falta de agua y alimento para el ganado les hizo perder cerca de cuatro mil ovejas. De igual forma, entre 1798 y 1802, pierden cincuenta yuntas de bueyes, decenas de vacas lecheras y cientos de ovejas. Esta sequía termina la tarde del 25 de mayo de 1802. José Miguel Sánchez Navarro se encuentra con su hermano, lamentándose de la situación, cuando de pronto cae un torrencial.”

Continúa el relato: “Ha resultado el remedio peor que la enfermedad. Pareciera que las lluvias contenidas durante esos últimos años caen todas a la vez”. Del 25 de mayo continuó lloviendo copiosamente hasta el 3 de junio, y nuevamente, del 23 de ese mismo mes de junio, hasta el 3 de julio del año 1802. Lo que provocó: escasa cosecha, se vinieron abajo 150 construcciones y de las que quedaron en pie, en su mayoría sin techos. También se vieron afectadas rancherías y otras poblaciones del resto de Coahuila y Nuevo León.

Continúa el relato: Otros fenómenos se dieron en esos años. En 1792, fuertes heladas y ventiscas les matan gran parte de su ganado. Y a principios de la ya mencionada sequía de 1798 a 1802, primero una Plaga de Langosta y luego un Hongo de nombre “Chahuistle”, acabaron con la escasa vegetación. Afectando no solo a los Sánchez Navarro, también a poblados, rancherías y, por supuesto, a los indios originarios de estas tierras.

Regresando a nuestros tiempos: un 2 de mayo, pero del 2025, fue noticia la intensa lluvia, que venció parte de la estructura del techo del Mall “Paseo Monclova”, así como la corriente de un arroyo, que arrastró a una niña que, afortunadamente, fue rescatada por un hombre de 72 años. Un verdadero acto de heroísmo.

Siguiente año: 23 de mayo de este 2026, a las cuatro de la madrugada, mi perro “Thiago”, un salchicha que es buen vigilante, de tantos ladridos, nos despertó. Al levantarme, me hizo ver lo que también a él le parecía extraño; la sensación de estar atrapados en medio de un montón de nubes, con truenos y un fuerte viento. Los árboles, los pinos, se movían de un lado para otro. Todo inició cuando la tarde anterior apareció en el cielo una espectacular y enorme nube blanca con naranja… me percaté de ella cuando conducía, por lo que para mí seguirá siendo el Boulevard San Buenaventura. Hasta le tomé una foto, era una nube inmensa, que contrastaba con el resto del azul del cielo. Ideal para ser pintada en la cúpula de una iglesia, o para imaginar que ahí se encontraba “Zeus”, El Rey de los Dioses, el que supervisa al mundo desde el “Monte Olimpo”. Pues esa enorme nube fue arrastrada por el viento hacia el norte, rumbo a Sabinas; luego la misma corriente del viento la regresó ya al anochecer, pero más grande e iluminada por la energía que desprendían un montón de rayos.

Fue esa misma nube de Zeus, la que permaneció estacionada por el cerro de la Gloria, iluminaba el cielo con tantos relámpagos, atrayendo otras nubes con la fuerza de un viento que silbaba tan fuerte que, a las cuatro de la mañana, alarmó a mi Thiago.

¡Tengo el video! Viento, silbido, relámpagos y ni una gota de agua. La tormenta llegó cerca de las 6:45 de la mañana del 23 de mayo de este 2026. Siendo para mí la primera vez en presenciar algo tan curioso y místico, como imagino serían las lluvias intensas del pasado.

Seguirá lloviendo, seguirán los tiempos de sequías, de heladas y altas temperaturas con nubes espectaculares, haciendo de cada atardecer en Monclova un escenario diferente. Lo importante es sorprendernos y admirarlos, ya que son fenómenos de la naturaleza que nos acompañan mientras la vida así nos lo permita. ¡Ah!, Y eso que no platicamos de las granizadas, pero eso es material para otra historia.

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