Cómo cuidar el corazón tras un infarto y evitar recaídas, según expertos

Superar un infarto de miocardio representa un punto de inflexión en la vida de una persona. Después del alta hospitalaria comienza una etapa clave enfocada en evitar nuevos eventos cardíacos.
Cada año, miles de personas enfrentan este proceso, en el que no solo cuentan los medicamentos, sino también la adopción de nuevos hábitos, el autocuidado y el seguimiento constante con profesionales de salud.
La Fundación Española del Corazón (FEC) destaca que la recuperación no termina cuando el paciente sale del hospital. Mantener una buena salud cardíaca requiere compromiso diario, información confiable y apoyo integral para lograr una vida activa y prolongada tras un infarto.
Comprender qué es un infarto y sus factores de riesgo
Un infarto ocurre cuando una arteria coronaria se obstruye, impidiendo que una parte del corazón reciba suficiente sangre y oxígeno. La causa más frecuente es la aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas de grasa dentro de las arterias.
Factores como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad y el tabaquismo aumentan la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular. Según la FEC, identificar y controlar estos factores reduce el riesgo de que el problema vuelva a presentarse y mejora el pronóstico a largo plazo.
Cambios en la alimentación
Modificar la dieta es una de las primeras recomendaciones después de un infarto. El modelo alimentario más aconsejado suele ser la dieta mediterránea, que prioriza el consumo de frutas, verduras, legumbres, pescado, carnes magras y aceite de oliva.
También se recomienda disminuir el consumo de alimentos ultraprocesados, grasas saturadas, sal y azúcares añadidos. Cocinar en casa, elegir métodos de preparación sencillos y consumir más cereales integrales puede ayudar a mantener niveles saludables de presión arterial, colesterol y glucosa.
Actividad física regular
El ejercicio moderado, adaptado a las condiciones de cada persona y supervisado por un médico, ayuda a fortalecer el músculo cardíaco y mejora el bienestar general. Actividades como caminar, nadar o andar en bicicleta suelen ser las más recomendadas para retomar una vida activa.
Muchos especialistas sugieren comenzar con sesiones de unos 30 minutos al día, ajustando la intensidad según la evolución clínica del paciente. La constancia y el acompañamiento profesional son aspectos fundamentales.
Abandonar el tabaco y moderar el alcohol
Dejar de fumar es una de las medidas más importantes para prevenir un nuevo infarto. El consumo de tabaco favorece el aumento de la presión arterial y contribuye a la formación de placas en las arterias.
Los programas de apoyo para dejar de fumar pueden aumentar las probabilidades de éxito. En cuanto al alcohol, los especialistas aconsejan limitar su consumo, ya que cantidades elevadas pueden afectar tanto la presión arterial como el ritmo cardíaco.
Cuidar la salud emocional
El manejo del estrés y la ansiedad también forma parte de la recuperación. Después de un infarto, algunas personas pueden experimentar miedo a sufrir otro episodio, tristeza o irritabilidad.
El apoyo de la familia, la participación en grupos de ayuda y el seguimiento psicológico pueden facilitar la adaptación a esta nueva etapa y ayudar a mantener cambios saludables en la rutina.
Medicación y seguimiento médico
La mayoría de los pacientes necesita tratamiento farmacológico a largo plazo. Entre los medicamentos más utilizados se encuentran los antiagregantes plaquetarios, las estatinas, los betabloqueantes y los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA), que ayudan a prevenir nuevas complicaciones.
Seguir correctamente las indicaciones médicas y acudir a controles periódicos con el cardiólogo es esencial para ajustar los tratamientos y detectar posibles efectos secundarios.
Rehabilitación cardíaca
Los programas de rehabilitación cardíaca ofrecen ejercicio supervisado, educación sobre salud y apoyo psicológico para mejorar la recuperación. Actualmente, estas intervenciones pueden realizarse tanto de forma presencial como mediante herramientas digitales.
La telemedicina y las aplicaciones de monitoreo permiten registrar la actividad física, controlar la presión arterial y mantener contacto con el equipo médico. Sin embargo, todavía existen desigualdades en el acceso a estos programas, especialmente en zonas rurales o entre adultos mayores.
Aun así, con un adecuado control de los factores de riesgo y un seguimiento médico constante, muchas personas que han sufrido un infarto pueden retomar sus actividades cotidianas y mantener una buena calidad de vida. ❤️🫀
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