¿Conoces las fases del Alzheimer? Aprende a identificar sus síntomas

El Alzheimer se ha convertido en una de las principales preocupaciones de salud pública a nivel mundial, en gran parte por su carácter neurodegenerativo y por el incremento en la esperanza de vida. De acuerdo con la Alzheimer’s Association, la enfermedad progresa de manera gradual, aunque la velocidad del deterioro varía de una persona a otra.
Conocer sus etapas clínicas es esencial para lograr una detección temprana y diseñar un plan de atención que favorezca la calidad de vida tanto del paciente como de sus familiares.
Fases principales de la enfermedad
El Alzheimer suele dividirse en tres etapas: leve, moderada y avanzada.
En la fase inicial, la persona conserva gran parte de su autonomía, pero comienzan a notarse señales como olvidar palabras frecuentes, perder objetos importantes o presentar dificultades para organizar actividades. A menudo, son los familiares quienes detectan primero estos cambios en la memoria y la concentración.
La etapa intermedia, que puede durar varios años, se caracteriza por un mayor deterioro neuronal. En este punto, se dificulta expresar ideas y realizar tareas cotidianas. Aparecen problemas de orientación en tiempo y espacio, olvidos más profundos y la necesidad de apoyo para actividades básicas como elegir la ropa adecuada. También pueden surgir alteraciones en la conducta, como desconfianza o aislamiento.
En la fase avanzada, el deterioro cognitivo es severo. La persona pierde la capacidad de interactuar con el entorno y de controlar movimientos voluntarios. La comunicación se limita a palabras aisladas y se requiere asistencia permanente para todas las actividades. Además, pueden presentarse complicaciones físicas importantes, como dificultad para tragar, lo que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias como la neumonía.
Tratamiento y prevención
Aunque actualmente no existe una cura, organizaciones como la Fundación Pasqual Maragall señalan que medicamentos como los inhibidores de la acetilcolinesterasa y la memantina ayudan a controlar algunos síntomas. Asimismo, se investigan terapias innovadoras, como anticuerpos monoclonales —por ejemplo, lecanemab— orientados a reducir las placas de beta amiloide en el cerebro.
En cuanto a la prevención, adoptar hábitos saludables resulta clave. Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física con regularidad, estimular la mente y conservar una vida social activa contribuye a fortalecer la reserva cognitiva y puede disminuir el riesgo de desarrollar la enfermedad en el futuro.
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