¿Correr daña las rodillas? La ciencia revela la verdad sobre el running y la salud articular

La discusión sobre si correr puede dañar las articulaciones continúa entre quienes practican este deporte y las personas que consideran comenzar a hacerlo.
La inquietud suele centrarse en la rodilla, ya que soporta impactos repetidos durante la carrera. No obstante, las investigaciones científicas más recientes indican que correr no es una causa directa de enfermedades reumáticas como la artritis o la artrosis. En realidad, los factores personales y la forma en que se entrena influyen mucho más en la salud de las articulaciones a largo plazo.
Según un estudio de la Harvard Medical School, la evidencia disponible muestra que correr no provoca artritis ni artrosis. En una investigación se observó que los corredores recreativos presentaban una menor incidencia de osteoartritis en cadera y rodilla (3,5 %) en comparación con corredores de alto rendimiento (13,3 %) y personas sedentarias (10,2 %).
Otra investigación que siguió a 675 participantes de maratones encontró que su tasa de artritis era aproximadamente la mitad de la esperada en la población general. Además, estudios con resonancia magnética realizados inmediatamente después de correr no detectaron daño significativo en el cartílago de la rodilla.
El especialista Robert H. Shmerling, de Harvard Medical School, señaló que la evidencia científica sugiere que correr es una causa poco probable de artritis e incluso podría tener un efecto protector sobre las articulaciones en personas sanas. Aunque algunos corredores experimentan dolor en la rodilla, los expertos indican que este suele estar relacionado con otros factores modificables.
Factores de riesgo y prevención de lesiones
Las molestias articulares asociadas al running generalmente no se deben al acto de correr en sí, sino a condiciones relacionadas con la práctica deportiva. Entre ellas se encuentran la falta de preparación física, una técnica incorrecta, el uso de calzado inadecuado o entrenar constantemente sobre superficies demasiado duras.
En un artículo publicado por la revista Runner’s World, el traumatólogo español Agustín Garabito explicó que la debilidad muscular, la ausencia de estiramientos y una mala alineación de la pisada son causas frecuentes del dolor de rodilla durante la práctica deportiva.
Para reducir el riesgo de lesiones, los especialistas recomiendan fortalecer la musculatura de las piernas —especialmente los músculos extensores— y trabajar en una técnica adecuada de carrera. También aconsejan realizar calentamientos y estiramientos antes y después del ejercicio, evitar superficies excesivamente rígidas, analizar la pisada y elegir el calzado adecuado para cada corredor.
Importancia de los factores individuales
Las características personales influyen considerablemente en la salud articular. Aspectos como la genética, la alineación de las articulaciones, el peso corporal y los hábitos alimentarios pueden desempeñar un papel clave.
De acuerdo con la Harvard Medical School, quienes practican running suelen mantener hábitos más saludables que las personas sedentarias: siguen dietas más equilibradas, tienden a tener menor peso corporal y presentan tasas más bajas de tabaquismo. Estas diferencias podrían explicar por qué algunos estudios sugieren que correr puede tener un efecto protector frente a la artrosis.
Los investigadores también recuerdan que la artrosis se desarrolla lentamente a lo largo de los años, lo que hace que los estudios de seguimiento prolongado sean complejos. Aun así, la mayoría de las investigaciones actuales coincide en que correr no desgasta las articulaciones ni incrementa el riesgo de enfermedades reumáticas cuando se practica de manera adecuada.
Nutrición y cuidado de las articulaciones
La alimentación también desempeña un papel importante en la protección de las articulaciones. Según el doctor Garabito, una dieta rica en vitaminas, proteínas y oligoelementos contribuye a mantener los tejidos articulares en buen estado.
Alimentos como el brócoli y las acelgas, los frutos secos ricos en magnesio, las frutas cítricas con alto contenido de vitamina C y pescados como el salmón o el atún —fuentes de ácidos grasos omega-3— pueden ayudar a reducir la inflamación y prevenir lesiones.
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