Cortes y rasguños: preocupa a los especialistas el aumento de autolesiones

El aumento de las autolesiones en adolescentes se ha convertido en un tema que preocupa tanto a profesionales de la salud como a las familias, ya que refleja un sufrimiento emocional profundo que muchas veces termina manifestándose a través del cuerpo.
Cortes, raspones o golpes contra objetos suelen aparecer como mecanismos para afrontar emociones intensas, especialmente cuando los recursos para expresarlas o manejarlas de forma saludable resultan insuficientes.
La conversación pública sobre este problema volvió a tomar fuerza tras el caso ocurrido en una escuela de Santa Fe, donde un adolescente ingresó con un arma y asesinó a un compañero de 13 años. Según la defensa, el joven de 15 años ya recibía atención psicológica y había presentado episodios de autolesión meses antes, aunque no existían antecedentes de violencia hacia otras personas.
Especialistas señalan que se trata de un fenómeno complejo y multifactorial, en el que intervienen variables individuales, familiares y sociales. La Organización Mundial de la Salud también reconoce que la salud mental adolescente es un desafío creciente a nivel mundial.
Qué son las autolesiones y por qué van en aumento
Las autolesiones incluyen conductas como cortarse, quemarse o golpearse con la intención de producirse daño físico, pero generalmente no buscan provocar la muerte, sino aliviar un dolor emocional intenso.
Una de las preguntas más frecuentes entre madres y padres es qué lleva a sus hijos a recurrir a estas prácticas.
De acuerdo con especialistas en psiquiatría infantojuvenil, el dolor físico puede convertirse en una forma de exteriorizar un sufrimiento interno que resulta demasiado difícil de expresar con palabras.
También advierten que la cultura de la inmediatez y la necesidad de gratificación rápida dificultan la tolerancia a la frustración y a la espera. Este desequilibrio entre la búsqueda de alivio inmediato y la capacidad de procesar la angustia favorece respuestas impulsivas frente al malestar.
En la misma línea, otros expertos explican que la autolesión no debe entenderse como un acto aislado, sino como la manifestación de un sistema emocional desbordado, incapaz de regular emociones intensas como tristeza, enojo, culpa o vacío.
En algunos adolescentes incluso puede funcionar como una forma de autocastigo, especialmente cuando existen niveles altos de autoexigencia o autocrítica.
La función emocional detrás de la conducta
Desde la mirada clínica, estas conductas representan una salida frente a emociones que el adolescente no logra comunicar ni controlar de otra manera.
Los especialistas descartan que se trate simplemente de un “llamado de atención”. En muchos casos intervienen conflictos familiares, bullying, cambios importantes en la vida, experiencias traumáticas, ansiedad, depresión o la sensación persistente de no ser comprendido.
También puede surgir como una forma de “sentir algo” cuando existe desconexión emocional, o como una vía para expresar lo que no logra verbalizarse. El entorno social y ciertos contenidos digitales pueden reforzar o normalizar estas conductas.
Los profesionales coinciden en que la autolesión cumple una función reguladora temporal: el dolor físico produce un alivio momentáneo y una sensación de control frente a emociones vividas como insoportables.
Ese alivio, asociado incluso a la liberación de endorfinas, puede reforzar la conducta y hacer que se repita con mayor frecuencia o intensidad con el tiempo.
Aunque la mayoría de las veces no existe intención suicida, suelen coexistir emociones como angustia, soledad, culpa, frustración, miedo y enojo.
Señales de alerta para adultos y cuidadores
Las señales suelen ser sutiles y pueden pasar desapercibidas.
Entre los signos más frecuentes se encuentran:
cambios bruscos de humor irritabilidad persistente aislamiento social pérdida de interés en actividades habituales alteraciones del sueño cambios en el apetito expresiones de desesperanza o inutilidad
También es común que el adolescente use ropa que cubra brazos o piernas incluso en épocas de calor, o que evite mostrar ciertas partes del cuerpo.
Los cambios en la higiene, el descenso en la interacción familiar y el retraimiento emocional también pueden ser indicadores indirectos de sufrimiento.
La presencia simultánea de varias de estas señales debe invitar a una observación más atenta y a abrir espacios de diálogo.
Cómo actuar ante la sospecha o confirmación
La respuesta de los adultos debe evitar el castigo, el enojo o el reproche.
Lo más importante es mantener la calma, generar un espacio seguro de conversación, escuchar sin juzgar y transmitir preocupación genuina por el bienestar del adolescente.
La autolesión siempre debe interpretarse como una señal de alerta que refleja dificultades para regular emociones y un nivel de sufrimiento que necesita atención.
Por ello, es fundamental buscar apoyo profesional, incluso si las lesiones parecen superficiales.
Los especialistas recomiendan acudir inicialmente al pediatra o médico de confianza, quien podrá valorar la urgencia y derivar a salud mental si es necesario.
El tratamiento más efectivo suele ser integral: psicoterapia enfocada en regulación emocional, fortalecimiento de habilidades de afrontamiento y, en algunos casos, evaluación psiquiátrica para detectar trastornos asociados y considerar medicación cuando haga falta.
En particular, terapias con evidencia como la terapia dialéctico-conductual han mostrado buenos resultados en este tipo de problemáticas, ya que ayudan a desarrollar estrategias más saludables para manejar emociones intensas.
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