Despertarse con dolor de garganta: qué lo provoca y cuándo conviene prestarle atención

Despertar con dolor de garganta es una molestia bastante común y, en la mayoría de los casos, no está asociada a infecciones graves. De acuerdo con la Clínica Mayo, identificar la causa del síntoma es clave para saber cuándo puede tratarse en casa y cuándo es necesario acudir al médico.
Este malestar al iniciar el día suele estar relacionado con factores como la deshidratación, respirar por la boca, los ronquidos o las alergias. Pasar varias horas dormido sin ingerir líquidos puede resecar la garganta y generar incomodidad, además de síntomas como boca seca, dolor de cabeza o fatiga.
El ronquido frecuente también es una causa importante y, en algunos casos, puede ser señal de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que requiere valoración médica. Asimismo, las alergias al polvo, polen o pelo de animales pueden provocar irritación al despertar.
La Clínica Mayo recomienda consultar con un especialista si el dolor dura más de una semana, aparece con fiebre alta o dificulta tragar, ya que podría tratarse de una infección bacteriana u otra condición más seria.
En la mayoría de los casos, mantener una buena hidratación y ventilar los espacios ayuda a mejorar los síntomas. En menor medida, el problema también puede estar relacionado con el reflujo gastroesofágico, cuando los ácidos del estómago suben hacia la garganta durante el sueño, causando irritación. Este cuadro suele acompañarse de acidez, ronquera o sensación de tener algo atorado en la garganta.
En cuanto a las infecciones, los virus como los del resfriado común o la gripe son causas frecuentes. Suelen venir acompañados de tos, congestión, fiebre y malestar general, y normalmente desaparecen en menos de una semana. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los antibióticos no son útiles en estos casos.
Por otro lado, una infección bacteriana como la faringitis por estreptococo (causada por Streptococcus pyogenes) puede provocar dolor intenso, fiebre alta, dificultad para tragar y amígdalas inflamadas con manchas. En estos casos sí puede requerirse tratamiento con antibióticos.
Es importante acudir al médico si el dolor es recurrente, dura más de siete días o se acompaña de señales como fiebre superior a 38.3 °C, dificultad para respirar o tragar, bultos en el cuello o problemas para hablar.
En casa, algunas medidas pueden ayudar a aliviar el malestar: beber suficiente agua, usar humidificador, hacer gárgaras con agua tibia y sal, consumir miel (en mayores de un año) o utilizar pastillas para la garganta. También pueden emplearse analgésicos suaves, como el paracetamol, siempre bajo indicación médica.
En general, estos cuidados suelen ser suficientes, pero si los síntomas persisten o empeoran, es fundamental buscar atención profesional para descartar problemas más serios.
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