Día Mundial de la Actividad Física: por qué es clave para la salud

Cada 6 de abril, el Día Mundial de la Actividad Física busca generar conciencia sobre la importancia de mantener un estilo de vida activo, un pilar esencial para prevenir enfermedades no transmisibles y cuidar la salud de forma integral, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La OMS ha señalado que la inactividad física se encuentra entre los principales factores de riesgo de mortalidad en el mundo, por lo que insiste en fomentar hábitos de movimiento en todas las etapas de la vida.
Según la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión. Además, favorece el bienestar psicológico y fortalece huesos y músculos.
Estas recomendaciones resaltan que el movimiento diario, como caminar, bailar o subir escaleras, ofrece beneficios importantes tanto para la salud física como para la mental.
La actividad física incluye cualquier movimiento corporal generado por los músculos esqueléticos que implique gasto energético, según la OMS. Esto no se limita al deporte organizado, sino que también abarca acciones cotidianas como caminar, andar en bicicleta, hacer labores domésticas o participar en juegos recreativos.
Actualmente, la inactividad física afecta al 31% de la población adulta mundial, una cifra que ha aumentado debido al uso frecuente del transporte motorizado y al mayor tiempo frente a pantallas, dos factores que impulsan el sedentarismo.
Beneficios físicos del ejercicio
De acuerdo con Mayo Clinic, la práctica constante de ejercicio favorece el control de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
El ejercicio aeróbico —como caminar a paso rápido, pedalear, nadar o bailar— fortalece el corazón y los pulmones, además de contribuir a mantener niveles saludables de colesterol. Por su parte, el entrenamiento de fuerza, ya sea con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal, ayuda a preservar la masa y la fuerza muscular, algo especialmente importante con el paso de los años.
Cleveland Clinic destaca que la pérdida de masa muscular se acelera con la edad, pero puede retrasarse o incluso revertirse con una rutina adecuada.
Asimismo, ejercicios de flexibilidad y equilibrio, como yoga o tai chi, complementan el entrenamiento y disminuyen el riesgo de caídas, sobre todo en adultos mayores. Harvard Health Publishing también relaciona la actividad física regular con una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer, demencia y otras enfermedades crónicas.
El control del peso, la mejora cardiovascular y la disminución de la inflamación son algunos de los mecanismos que explican la relación entre ejercicio y longevidad.
Beneficios en la salud mental
La actividad física regular también reduce síntomas de depresión, ansiedad y estrés, según Mayo Clinic.
Durante el ejercicio, el cuerpo libera neurotransmisores como endorfinas y serotonina, sustancias que favorecen el bienestar emocional. Estudios revisados por Harvard Health Publishing señalan que las personas físicamente activas presentan una mejor salud mental en comparación con quienes llevan una vida sedentaria.
Además, mantenerse en movimiento mejora la calidad del sueño y favorece un descanso nocturno más reparador. Incluso actividades simples como caminar o realizar tareas domésticas tienen un impacto positivo en el estado de ánimo.
Cleveland Clinic resalta que, si los beneficios del ejercicio pudieran presentarse como un tratamiento, probablemente sería una de las “soluciones” más solicitadas para el bienestar integral.
Recomendaciones para mantenerse activo
La OMS recomienda que los adultos acumulen al menos 150 minutos por semana de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de intensidad vigorosa, complementados con ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana.
Todas las instituciones coinciden en que sumar minutos de movimiento mediante caminatas, escaleras, baile, ciclismo o tareas domésticas ayuda a cumplir estos objetivos.
Estas recomendaciones deben ajustarse a la edad, condición física y necesidades individuales, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas. Harvard Health Publishing aconseja consultar a un profesional de la salud antes de iniciar un nuevo programa de ejercicio si existen antecedentes médicos.
Estrategias para sostener la rutina
Superar obstáculos como la falta de tiempo, motivación o ciertas limitaciones físicas es clave para adoptar un estilo de vida activo. Mayo Clinic y Cleveland Clinic recomiendan comenzar poco a poco y establecer metas realistas.
Elegir actividades agradables facilita la constancia y aumenta las probabilidades de mantener el hábito a largo plazo. También resulta útil incorporar el movimiento a la rutina diaria, por ejemplo caminando trayectos cortos o prefiriendo las escaleras.
Si se ha llevado una vida sedentaria o existe alguna enfermedad, lo ideal es buscar orientación médica para definir ejercicios seguros y adaptados.
Más allá de su papel preventivo, la actividad física diaria brinda una oportunidad de bienestar y disfrute. Integrarla de manera constante fortalece la salud física y mental, y permite redescubrir los beneficios de una vida activa.
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