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Diversidad alimentaria en bebés podría relacionarse con menor riesgo de eccema

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La alimentación durante el primer año de vida podría estar relacionada con la salud de la piel durante la infancia.

Un estudio publicado en septiembre de 2026 en Pediatric Allergy and Immunology, que analizó los registros de 267 mil 935 niños en Corea del Sur, encontró que aquellos que tuvieron una menor variedad de alimentos durante sus primeros 12 meses presentaron entre 8% y 11% más riesgo de desarrollar dermatitis atópica, también conocida como eccema.

Sin embargo, los investigadores subrayan que se trata de una asociación estadística. Es decir, los resultados no demuestran que consumir pocos tipos de alimentos provoque directamente dermatitis atópica.

La enfermedad es mucho más compleja y está influida por factores genéticos, inmunológicos y ambientales, por lo que la alimentación representa solamente uno de los elementos que pueden intervenir.

¿Qué encontraron?

Los investigadores analizaron información del registro nacional de salud de Corea del Sur correspondiente a niños nacidos en 2009 y 2010.

Los participantes fueron agrupados según la cantidad de alimentos diferentes que habían consumido antes de cumplir un año. El 7.6% pertenecía al grupo con menor diversidad, el 35.5% al grupo intermedio y el 56.8% al de mayor variedad.

Al comparar estos grupos, los niños con menor diversidad alimentaria presentaron entre 8% y 11% más riesgo de dermatitis atópica que aquellos con una alimentación más variada.

El análisis también consideró factores como los antecedentes maternos de alergia, el tipo de parto y la lactancia. La asociación se mantuvo después de tomar en cuenta estas variables.

Aun así, esto no significa que simplemente ofrecer más alimentos sea una estrategia comprobada para prevenir el eccema.

¿Qué significa tener una alimentación variada?

La diversidad alimentaria no implica que un bebé deba consumir grandes cantidades de comida ni probar todos los alimentos disponibles.

Se refiere a incorporar progresivamente diferentes grupos de alimentos durante la alimentación complementaria, de acuerdo con la edad y el desarrollo del niño.

Frutas, verduras, cereales y fuentes de proteína pueden formar parte de esta variedad, siempre que tengan una preparación y textura adecuadas para la etapa del bebé.

Además de aportar nutrientes, esta etapa permite que el niño se familiarice gradualmente con nuevos sabores y texturas mientras continúa con leche materna o fórmula, según corresponda.

Por ello, restringir innecesariamente la alimentación puede disminuir la variedad nutricional del bebé.

Eccema y alergia alimentaria no son lo mismo

La relación entre alimentación, alergias y dermatitis atópica es compleja.

Aunque ambas condiciones pueden formar parte del espectro de enfermedades alérgicas, tener eccema no significa necesariamente tener una alergia alimentaria. La mayoría de los niños con dermatitis atópica no presenta una alergia alimentaria confirmada.

Esto es importante porque retirar alimentos de manera preventiva puede terminar provocando una dieta innecesariamente limitada.

La investigación sobre alergias alimentarias también ha modificado algunas recomendaciones. Por ejemplo, el ensayo LEAP, publicado en 2015, mostró que la introducción temprana y controlada del cacahuate en niños con alto riesgo podía reducir considerablemente el desarrollo de alergia a este alimento.

Sin embargo, estos resultados no significan que todos los alimentos deban introducirse de la misma manera ni que la exposición alimentaria pueda prevenir por sí sola la dermatitis atópica.

¿Hay que eliminar alimentos si el bebé tiene eccema?

No necesariamente.

Una de las principales recomendaciones es evitar las restricciones alimentarias sin una indicación médica. Eliminar determinados productos sin supervisión puede reducir la variedad de nutrientes y, dependiendo de la duración y de los alimentos excluidos, afectar la alimentación necesaria para el crecimiento.

Los datos mencionados en el estudio estiman que únicamente una proporción relativamente pequeña de los niños con eccema, alrededor del 3% al 10%, presenta una alergia alimentaria confirmada.

Si un bebé desarrolla síntomas después de consumir un alimento, lo adecuado es consultar con su pediatra para determinar si realmente se trata de una reacción alérgica y si requiere estudios adicionales.

¿Cuándo pueden comenzar los nuevos alimentos?

La alimentación complementaria suele comenzar alrededor de los 6 meses, aunque el momento exacto depende del desarrollo del bebé y de la valoración de sus profesionales de salud.

A partir de entonces, pueden incorporarse progresivamente diferentes alimentos apropiados para su edad, teniendo en cuenta su capacidad para consumirlos de manera segura.

Los alimentos potencialmente alergénicos también pueden introducirse durante esta etapa cuando corresponda. Sin embargo, los bebés con eccema severo, antecedentes importantes de alergias o alguna reacción previa a un alimento pueden requerir una valoración individual antes de realizar determinados cambios.

¿Qué significa para las familias en México?

El mensaje principal no es ofrecer alimentos indiscriminadamente para intentar prevenir el eccema.

Más bien, los resultados respaldan la importancia de procurar una alimentación complementaria variada, equilibrada y adecuada para la edad, evitando restricciones que no tengan una justificación médica.

Frutas, verduras, cereales y diferentes fuentes de proteína pueden formar parte de esta alimentación, siempre considerando las características y necesidades de cada etapa.

También es importante recordar que la dieta no determina por sí sola quién desarrollará dermatitis atópica. La genética, la función de la barrera cutánea y diversos factores ambientales participan en la aparición de la enfermedad.

Por ello, un bebé con una alimentación muy variada también puede desarrollar eccema.

La variedad es una pieza, no una garantía

El estudio aporta un dato interesante: entre más de 267 mil niños, una menor diversidad alimentaria durante el primer año se relacionó con un riesgo ligeramente mayor de dermatitis atópica.

Pero estos resultados no demuestran que una dieta poco variada cause eccema ni que aumentar el número de alimentos pueda prevenir la enfermedad por sí solo.

Para las familias, la conclusión práctica es evitar restricciones innecesarias y ofrecer una alimentación complementaria variada y apropiada para el desarrollo del bebé.

Si aparece una reacción después de consumir algún alimento, existe un eccema persistente o hay antecedentes importantes de alergias, lo recomendable es consultar al pediatra antes de realizar cambios importantes en la dieta.

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