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Dormir a la misma hora podría proteger la salud

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo

Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse podría ser tan importante como dormir suficientes horas. Diversas investigaciones han relacionado la regularidad del sueño con una menor mortalidad y con un menor riesgo de desarrollar distintas enfermedades.

Un estudio publicado en la revista SLEEP analizó a 60,977 participantes del Biobanco del Reino Unido y encontró que quienes tenían patrones de sueño más regulares presentaban entre 20% y 48% menos riesgo relativo de morir por cualquier causa, en comparación con quienes tenían los horarios más irregulares.

Por otra parte, una investigación preliminar difundida en junio de 2026 relacionó la irregularidad del sueño con 131 de las 199 enfermedades evaluadas. La duración corta del descanso se asoció con 63. Sin embargo, este segundo trabajo todavía no había sido revisado formalmente por especialistas.

Estos resultados sugieren que la regularidad del sueño merece atención, aunque no demuestran que acostarse a una hora fija garantice una vida más larga ni que pueda compensar la falta de descanso.

¿Por qué importa la regularidad del sueño?

La regularidad se refiere a mantener horarios similares para dormir y despertar de un día a otro. Está relacionada con los ritmos circadianos, ciclos biológicos que regulan funciones como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal y el metabolismo.

Los cambios frecuentes de horario pueden desajustar el reloj biológico respecto a las actividades cotidianas. Un ejemplo es el llamado jet lag social, que ocurre cuando una persona duerme y despierta mucho más tarde durante los fines de semana que entre semana.

Aunque el trabajo por turnos y las responsabilidades familiares pueden dificultar mantener horarios constantes, procurar una rutina estable puede ayudar a organizar el descanso.

¿Qué encontró el estudio de casi 61 mil personas?

La investigación publicada en SLEEP en 2023 analizó datos de acelerómetros correspondientes a más de 10 millones de horas de registro. Los participantes tenían una edad promedio cercana a los 63 años y fueron seguidos durante poco más de seis años.

Los investigadores utilizaron el Índice de Regularidad del Sueño para evaluar la consistencia de los patrones de descanso. Los resultados mostraron que los cuatro grupos con mayor regularidad presentaban entre 20% y 48% menos riesgo relativo de mortalidad por todas las causas que el grupo con los horarios más irregulares.

También se observó una asociación con una menor mortalidad por cáncer y por causas cardiometabólicas.

Aunque la regularidad fue un predictor estadístico importante, esto no significa que dormir pocas horas sea inofensivo. Además, las reducciones relativas de riesgo describen diferencias entre grupos y no representan la probabilidad individual de morir.

¿Los horarios irregulares se relacionan con más enfermedades?

Un estudio preliminar de 2026 amplió el análisis a 199 enfermedades y trastornos. Los investigadores encontraron asociaciones entre la irregularidad del sueño y 131 enfermedades, mientras que dormir poco se relacionó con 63.

Las asociaciones incluyeron enfermedades circulatorias, metabólicas, digestivas, renales, infecciosas y neurológicas, así como trastornos mentales y musculoesqueléticos.

En 90 enfermedades, la regularidad del sueño fue un predictor más fuerte que la duración; en nueve ocurrió lo contrario. Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con cautela porque el estudio aún no había pasado por una revisión científica formal por pares.

Además, identificar una asociación no demuestra que los horarios irregulares causen directamente esas enfermedades. Otros factores, como las condiciones laborales, los hábitos de vida y los problemas de salud preexistentes, también pueden influir.

¿Es más importante la regularidad que dormir ocho horas?

La evidencia disponible no permite concluir que la regularidad sea siempre más importante que la duración. Ambos aspectos deben considerarse al evaluar la salud del sueño.

Para la mayoría de los adultos, la recomendación general es dormir entre siete y nueve horas por noche. Mantener un horario estable no convierte en saludable dormir solo cinco horas, así como dormir más durante el fin de semana no necesariamente compensa una semana de descanso insuficiente.

La meta es combinar una duración adecuada con horarios relativamente constantes, adaptados a las necesidades y circunstancias de cada persona.

¿Cómo mejorar la regularidad del sueño?

Algunas medidas pueden ayudar a establecer una rutina de descanso:

Mantener una hora de despertar estable, incluidos los fines de semana cuando sea posible.

Reservar tiempo suficiente para dormir, evitando sacrificar horas de descanso por cumplir un horario rígido.

Recibir luz natural durante el día, especialmente por la mañana, para favorecer la sincronización del reloj biológico.

Reducir la luz intensa y las actividades estimulantes antes de acostarse.

Limitar la cafeína durante las horas previas al sueño si interfiere con el descanso.

Establecer una rutina relajante por la noche, con actividades tranquilas que faciliten conciliar el sueño.

Las personas que trabajan por turnos pueden necesitar estrategias adaptadas a sus horarios. Si presentan insomnio persistente, somnolencia intensa durante el día, ronquidos fuertes o pausas respiratorias al dormir, es recomendable consultar a un profesional de la salud.

Dormir bien también implica mantener una rutina

La regularidad del sueño se perfila como un factor importante para la salud a largo plazo. Los estudios sugieren que mantener horarios consistentes se relaciona con mejores resultados, pero todavía no establece una hora universal para acostarse ni demuestra que modificar los horarios sea suficiente para prevenir enfermedades.

La recomendación es dormir lo necesario y mantener horarios lo más regulares posible, sin reducir el tiempo de descanso para seguir una rutina estricta. La regularidad complementa otros hábitos saludables, pero no sustituye una alimentación equilibrada, la actividad física ni la atención médica cuando se necesita.

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