Dormir mal genera cortisol: cómo romper el ciclo de estrés antes de levantarte

Despertar con taquicardia, presión en el pecho o náuseas no siempre se debe a una pesadilla pasajera. En muchos casos es una reacción fisiológica concreta relacionada con el aumento del cortisol, la llamada hormona del estrés.
Investigaciones de la Cleveland Clinic señalan que, poco después de abrir los ojos, el cuerpo experimenta un incremento natural de cortisol. Este pico tiene una función adaptativa: aportar energía y prepararnos para iniciar el día.
El problema surge cuando existe estrés crónico o una preocupación constante por asuntos pendientes. En esas circunstancias, el aumento matutino de cortisol puede intensificarse y convertir el paso del sueño a la vigilia en una experiencia angustiante, activando de manera anticipada la respuesta de “lucha o huida”.
La base biológica del pánico matutino
El cortisol cumple funciones esenciales en el metabolismo y en la regulación inmunitaria. De forma habitual, alcanza su nivel máximo entre 30 y 45 minutos después de despertar.
Sin embargo, cuando una persona vive con ansiedad anticipatoria, el cerebro interpreta las obligaciones del día como amenazas inminentes incluso antes de levantarse. Esto provoca una liberación excesiva de cortisol y una reacción de alerta desproporcionada, que se manifiesta con síntomas físicos intensos aun estando en un entorno seguro.
Irse a la cama repasando conflictos o preocupaciones puede mantener al sistema nervioso en guardia durante la noche, como si se preparara para enfrentar un peligro imaginario.
Manifestaciones físicas reales
La ansiedad al despertar no es solo una sensación subjetiva; tiene señales corporales claras. Es frecuente experimentar palpitaciones, ya que el corazón bombea más sangre en respuesta a esa falsa alarma.
También son comunes las molestias digestivas, como náuseas o sensación de “estómago revuelto”, debido a que las hormonas del estrés alteran la función gastrointestinal.
Otras manifestaciones descritas en publicaciones médicas incluyen respiración superficial, sudoración fría y dificultad para concentrarse o planificar el día. Todo ello refleja un estado de hipervigilancia sostenida, que puede verse agravado por malos hábitos de sueño y el uso excesivo de dispositivos electrónicos antes de acostarse.
Cómo recuperar la calma por la mañana
Romper este ciclo no depende únicamente de la rutina al sonar la alarma, sino también de los hábitos nocturnos. Reducir el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir ayuda a que el cerebro disminuya su nivel de activación y permita que el cortisol baje adecuadamente.
Al despertar, practicar respiraciones profundas —como el método 4-4-4— puede estabilizar el ritmo cardíaco, mientras que reformular pensamientos negativos contribuye a cortar la cadena de anticipación catastrófica.
También conviene limitar la cafeína si ya existe nerviosismo matutino y optar por bebidas más suaves, como infusiones relajantes.
Si la ansiedad interfiere de forma persistente con la vida diaria, buscar apoyo profesional es fundamental para abordar el estrés crónico y ayudar al organismo a recuperar un estado de equilibrio natural.
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