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Dueños de horizontes, herederos de memorias: entrevista histórica con Paul Sánchez Navarro

Entrevista
Néstor Jiménez / El Tiempo
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Desde el epicentro de lo que fue el latifundio más grande de América Latina, el descendiente de la familia Sánchez Navarro relata cómo el peso de un apellido que trató de tú a Juárez y a Maximiliano sigue vibrando en las calles de Coahuila.

Hay apellidos que no solo se leen en los libros de historia, sino que se sienten en el suelo que pisamos. En el corazón de Monclova, bajo una lluvia sabatina que parece querer limpiar el polvo de los siglos, me encuentro en un sitio donde el tiempo se dobla sobre sí mismo: la escalinata tras la Iglesia de la Ermita.

Frente a mí, los vestigios de las casas consistoriales de la Plaza Zapopan nos observan. No son simples ruinas; son el eco, al igual que la iglesia de Santiago Apóstol, de un imperio que comenzó en 1755, cuando un joven presbítero de 25 años llamado José Miguel Sánchez Navarro llegó a estas tierras para cambiar el destino del norte de México. Lo que inició con la administración de diezmos, se transformó, a fuerza de arriería y ganadería lanar, en el latifundio más imponente que haya conocido nuestra nación.

Hoy, el puente de la historia se cruza gracias a la gestión de mi gran amigo Gabriel González Akessler. Desde San Antonio, Texas, hemos logrado concertar una cita que parece desafiar las leyes de la genealogía. Con la presencia de mi amiga Lucy Garza , me acompañan Paul y Luis Sánchez Navarro, descendientes directos de aquella estirpe que fue dueña de horizontes infinitos y que hoy, con una sencillez que contrasta con la magnitud de sus antepasados, regresan a casa. Antes de llegar a Monclova hicieron una escala en Saltillo para visitar la casa que fue de sus antepasados y que hoy en día es el Centro Cultural Vito Alessio Robles. En esta entrevista extensa y profunda, Paul, quien tomó la palabra, nos abre el archivo de su memoria y de su corazón. Hablamos del peso de un apellido, de las decisiones políticas que marcaron el fin de un feudo y del misterio de un legendario tesoro que, más que oro, parece ser la identidad misma de una familia que fue —y sigue siendo— parte de la columna vertebral de Coahuila.

El Peso del Apellido y el Despertar de la Conciencia

— Paul, eres miembro de una de las familias con los apellidos más conocidos de Coahuila y de México. Tras visitar Monclova y recorrer los sitios que tus abuelos te describieron, ¿qué significa para ti, personalmente, portar el apellido Sánchez Navarro?

"Es algo que va más allá del orgullo. Al hacer real la historia, al visitar estos sitios y confirmar que lo que me contaron mis abuelos es verdad, siento una gran responsabilidad. No es solo saber quiénes fueron, sino preguntarme: '¿Qué hago con mi vida ante este legado?'. Pertenecer a esta familia me obliga a vivir con rectitud, honestidad y dignidad; es una forma de respetar sus vidas y lo que sufrieron. Aunque vivo en Estados Unidos, soy bicultural y me da un orgullo inmenso decir que soy mitad mexicano".

— ¿Hubo un momento específico, un "clic" en tu juventud, donde comprendiste la magnitud de tu linaje?

"Fue a los 14 años, y de una forma curiosa. Estábamos en casa de mis abuelos en Texas. Mi abuela, Blanca Naranjo, que era de Monterrey, nos dio unas instrucciones en inglés pero con un marcado acento mexicano. Yo, siendo un joven impertinente, me burlé de su acento. Ella se enojó, me llevó con mi abuelo y sentó a toda la familia —primos, tíos, todos— en plena cena de Acción de Gracias. Ahí nos explicó toda la historia de México. Ese día se me abrieron los ojos. Siempre había visto los retratos en la sala, esos mismos que ahora están en los museos, y para mí solo eran 'unos señores'. Gracias a mi abuelo Pedro Sánchez Navarro, que vivió la Revolución, la época petrolera en Tampico y la Cristiada, aprendí la historia viva de este país".

Una Mezcla de Sangres: Conservadores y Liberales

— Tu genealogía parece un resumen de las contradicciones de México. Mencionas que tu abuelo Pedro se casó con Blanca Naranjo, nieta del General Francisco Naranjo. ¿Cómo convivían esas dos visiones del mundo en tu casa?

"Es fascinante porque soy una mezcla de conservadores y liberales. Por un lado, la tradición de los Sánchez Navarro y, por otro, la del General Naranjo de Lampazos. En la historia oficial se peleaban, pero en mi familia se casaron. Tuve la ventaja de aprender las dos caras de la moneda. Incluso mi padre, José Luis Sánchez Navarro, fue bautizado por el Arzobispo Ruiz y Flores, figura clave en el conflicto cristero. Crecí viajando en coche o tren por todo México; mi papá y mi mamá que todavía vive y tiene 91 años Kay Russell, es gringa, de familia francesa, nunca nos llevaron a Disneyland, nos llevaban a Zacatecas, a las playas, a conocer la tierra".

El Latifundio: El Poder, Maximiliano y el Destino de Coahuila

— Hablemos de la "Dinastía". Los Sánchez Navarro llegaron a poseer el latifundio más grande de América Latina. ¿Cómo se gestionó tal magnitud de tierra y por qué crees que se perdió?

"Su éxito radicó en que fueron una verdadera dinastía; incluyeron a toda la familia. 'Tú, sobrino, manejas esto; tú, primo, aquello'. Además, los hermanos de José Miguel, José Melchor y Jacobo eran hombres de 'manos a la tierra'. No estaban en Europa gastando dinero; estaban aquí, revisando la contabilidad y los negocios todos los días. Por eso dejaron un archivo de más de 80,000 documentos. Sin embargo, el poder es cíclico. La caída vino por su apoyo al Imperio de Maximiliano. Carlos Sánchez Navarro estaba muy cerca de la corte y su esposa también. Al perder Maximiliano frente a Juárez, lo perdieron todo. Pero hay algo que me da orgullo y que poco se menciona: cuando compraron el Marquesado de Aguayo, que estaba en bancarrota en un banco de Inglaterra, evitaron que esas tierras siguieran en manos extranjeras. Si no lo hubieran hecho, quizás Coahuila hoy tendría una historia muy distinta, con intereses ingleses de por medio. Ellos las regresaron a manos mexicanas".

— Hay una anécdota poco conocida sobre Jacobo Sánchez Navarro y Benito Juárez...

"Sí, es muy interesante. He encontrado documentos que indican que Jacobo estaba negociando la devolución de ciertos terrenos directamente con Benito Juárez en la Ciudad de México. Juárez parece que había accedido y envió una carta al Gobernador de Coahuila, pero el Gobernador se opuso. Justo en medio de esa tensión política y negociación, Jacobo muere de un infarto y ahí se terminó todo".

Leyendas y Tesoros Ocultos

— No puedo dejar de preguntarte por la leyenda del tesoro de los Sánchez Navarro. ¿Se hablaba de eso en las cenas familiares?

"¡Ojalá fuera verdad, porque yo mismo lo buscaría! (ríe). La verdad es que mi familia jamás habló de eso. Vine a enterarme de la leyenda cuando llegué a México y empecé a leer los periódicos de Torreón. Hay dos posibilidades: o la familia lo encontró y se lo llevó en secreto sin decirnos nada a las siguientes generaciones, o simplemente es un mito. Se dice que gente de España vino a buscarlo y no halló nada. Es algo que todavía tengo que investigar".

(La leyenda del oro de Monte Viejo es uno de los relatos más fascinantes y persistentes del folclore de Monclova y la Región Centro de Coahuila. Según cuenta la tradición, durante los convulsos años de la guerra de Independencia, la poderosa familia Sánchez Navarro, decidió ocultar su inmensa fortuna para evitar que cayera en manos de las tropas insurgentes. Se dice que una cuantiosa carga de barras de oro y plata fue transportada en secreto hasta las faldas del Cerro de la Gloria, donde fue enterrada en un sitio estratégico, cuya ubicación exacta se perdió tras la muerte de quienes ejecutaron el entierro, dejando solo rumores sobre su existencia. A lo largo de los siglos, esta historia ha trascendido el simple mito para convertirse en una obsesión para buscadores de tesoros y lugareños por igual. A pesar del paso de las generaciones, la creencia de que la riqueza de los Sánchez Navarro sigue oculta en las entrañas del cerro se mantiene viva, impulsando expediciones que llegan incluso hasta nuestros días. Muchos aseguran que el terreno esconde señales crípticas o que "el cerro no se deja", protegiendo el tesoro con fenómenos inexplicables, lo que ha consolidado al oro de Monte Viejo no solo como una esperanza de riqueza, sino como un pilar de la identidad cultural y el misticismo monclovense. Un servidor a tenido la fortuna de recorrer esos lugares).

El Libro: Un Legado para las Nuevas Generaciones

— Has escrito un libro sobre tu familia. ¿Qué te impulsó a documentar todo esto?

"Mi abuela murió a los 97 años —ella decía que era por el caldo de pollo y el jalapeño diario—. Mi abuelo era meticuloso; guardaba facturas de la casa, cuentas bancarias, cartas de amor. Al morir ellos, me quedé con cajas llenas de historia. Me di cuenta de que mis sobrinos en Estados Unidos no tenían idea de por qué se apellidaban Sánchez Navarro ni de dónde venían. Hice el libro para ellos. Mezclé los datos históricos de reportajes y libros con las cartas personales de mi abuelo donde explicaba la historia a sus hijos. Es un libro personal, no para la venta, sino para que la historia no se pierda en el olvido".

El Cierre de un Ciclo en Monclova

— Paul, han pasado casi 30 años desde la última vez que estuviste aquí. ¿Qué sientes al estar hoy parado en este lugar que perteneció a tu ancestro, el patriarca José Miguel?

"Siento que estoy haciendo una conexión con el tiempo. Son siglos de historia que convergen en este momento. Es difícil de explicar, pero más que ver un edificio antiguo, es una oportunidad para cerrar ciclos y empezar algo nuevo. Debemos preguntarnos qué hacemos con todo este pasado; hay que darle un valor futuro que beneficie a nuestras comunidades y familias, no solo quedarnos en la nostalgia".

— Para terminar, bajo esta lluvia de Monclova, ¿algún mensaje final?

"Solo agradecerte a tí. Estar aquí un sábado, con lluvia, dedicando su tiempo personal para enseñarnos cómo viven ustedes esta historia es algo que mi hermano Luis y yo valoramos profundamente. Espero que este sea el primero de muchos viajes para reconectar con nuestras raíces".

Al pie de la Ermita, con el eco de los siglos resonando en las piedras de Monclova y con la visión de donde transitaba el legendario Camino Real a las provincias de Tierra Adentro (territorio del norte de Coahuila), Paul Sánchez Navarro no solo me entregó datos, sino la visión humana de una estirpe que, para bien o para mal, esculpió la identidad de nuestra bendita tierra.

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