Efectos secundarios del paracetamol en la tercera edad que debes conocer ahora

El paracetamol se ha consolidado en todo el mundo como uno de los medicamentos más utilizados para aliviar el dolor y reducir la fiebre.
No obstante, en las personas mayores, un fármaco que suele considerarse seguro puede generar efectos adversos importantes. El envejecimiento produce cambios fisiológicos que obligan a ajustar cuidadosamente la dosis y la frecuencia, ya que la capacidad del organismo para procesar sustancias disminuye con el paso del tiempo.
Hígado y riñones: órganos especialmente vulnerables
Con la edad, el tamaño del hígado se reduce y el flujo sanguíneo hacia este órgano puede disminuir hasta en un 40%. Esto retrasa el proceso mediante el cual se eliminan los residuos derivados del paracetamol. El metabolito tóxico NAPQI, que en condiciones normales es neutralizado por el glutatión, puede acumularse si las reservas de esta sustancia son bajas, algo frecuente en adultos mayores con deficiencias nutricionales.
Al mismo tiempo, la función renal también tiende a deteriorarse de forma natural. Dado que los riñones se encargan de eliminar los productos finales del metabolismo del medicamento, un funcionamiento reducido puede provocar que estos compuestos permanezcan más tiempo en el organismo, aumentando el riesgo de daño renal. Muchas veces, este deterioro progresa silenciosamente hasta manifestarse como insuficiencia.
Polifarmacia y riesgos de automedicación
La polifarmacia es uno de los principales retos en la atención geriátrica. Es común que las personas mayores de 65 años consuman varios fármacos al día. El paracetamol puede interactuar con medicamentos como la warfarina, intensificando su efecto anticoagulante y elevando la probabilidad de hemorragias. Además, numerosos productos para el resfriado o para dormir contienen paracetamol sin que el paciente lo advierta, lo que puede conducir a una sobredosis involuntaria.
La automedicación para tratar dolores articulares o cefaleas incrementa el peligro, ya que el margen de seguridad en esta población es más reducido. Aunque en adultos jóvenes se permiten hasta 4.000 mg diarios, en personas mayores frágiles o con bajo peso el límite suele situarse por debajo de 3.000 mg, e incluso menos si existen antecedentes de enfermedad hepática o consumo de alcohol.
Claves para un uso más seguro
Reducir riesgos implica una vigilancia constante. Familiares y cuidadores deben prestar atención a señales tempranas de toxicidad, como coloración amarillenta de la piel, dolor en la parte superior derecha del abdomen o confusión repentina. Asimismo, es esencial que el médico revise periódicamente todos los medicamentos que toma el paciente y ajuste las dosis según pruebas recientes de función hepática y renal.
En definitiva, el paracetamol continúa siendo un recurso terapéutico útil, pero en la población geriátrica no puede considerarse completamente inocuo. La dosificación individualizada y el seguimiento médico son fundamentales para evitar que un tratamiento destinado a aliviar el dolor termine provocando complicaciones mayores.
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