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El Callejón del Diablo, la leyenda que aún recorre las calles de Monclova

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Edith Gámez

De acuerdo con el historiador y cronista de la Región Centro-Desierto, Néstor Jiménez, la calle Jesús Barrera de la Zona Centro de Monclova conserva una leyenda cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII.

Entre ventanas abiertas a escondidas, regalos inesperados y una aparición que dejó al descubierto sus verdaderas intenciones, sobrevive una de las leyendas más antiguas de Monclova: la del Callejón del Diablo, un relato que mezcla misterio, tradición religiosa y el encanto de las historias que pasan de generación en generación.

Una calle con un pasado misterioso

En el corazón de Monclova existe una pequeña calle que guarda una historia capaz de despertar la curiosidad de cualquiera, especialmente durante las noches de Halloween. Se trata de la calle Jesús Barrera, conocida popularmente como el Callejón del Diablo, un tramo que conecta la calle Juárez con la avenida Constitución y que, de acuerdo con el historiador y cronista de la Región Centro-Desierto, Néstor Jiménez, conserva una leyenda cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII.

Una noche en la que nadie debía mirar

Cuenta la historia que, durante aquellos años, las procesiones religiosas eran acontecimientos de profundo respeto para los habitantes. Cuando los frailes franciscanos recorrían las calles en la tradicional Procesión del Silencio, caminando mientras se flagelaban como parte de sus prácticas religiosas, las familias permanecían dentro de sus viviendas y evitaban asomarse a las ventanas como muestra de devoción. Sin embargo, aquella noche dos jovencitas no pudieron contener la curiosidad y decidieron observar el paso de los religiosos desde su casa.

El extraño joven que apareció entre las sombras

Mientras la procesión avanzaba, un muchacho se acercó a las jóvenes. La leyenda lo describe como un hombre extraordinariamente apuesto, casi como un Adonis, que comenzó a ofrecerles aretes, collares y otros regalos. Las muchachas, encantadas con su presencia y sus atenciones, se quedaron conversando con él, sin imaginar que detrás de aquel rostro atractivo se escondía algo mucho más inquietante. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que uno de los aretes cayó al suelo.

El detalle que reveló su verdadera identidad

Al inclinarse para recoger la joya, una de las jóvenes descubrió algo aterrador: aquel hombre no tenía pies humanos. Según el relato, una de sus extremidades era una pata de gallo y la otra una pata de cabra. El descubrimiento provocó gritos de espanto, mientras el misterioso visitante comenzó a reír al quedar al descubierto su verdadera identidad: era el diablo. Así terminó aquel encuentro que, con el paso de los años, se convirtió en una de las narraciones más conocidas de la ciudad.

Una leyenda que sigue viva en Monclova

Aunque han transcurrido siglos desde los tiempos en que sitúa la historia, el relato continúa transmitiéndose entre generaciones y mantiene su lugar en la memoria popular de Monclova. Néstor Jiménez recuerda que esta es la versión que ha llegado hasta nuestros días y que permanece vinculada con la calle Jesús Barrera. Así, entre el movimiento cotidiano del Centro y las historias que resurgen cada Halloween, el antiguo Callejón del Diablo conserva ese aire de misterio que invita a mirar sus rincones con otros ojos.

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