El error que cometes con los huevos y puede causar Salmonella

El huevo es un alimento esencial en la dieta mundial, pero una manipulación inadecuada puede ser una de las principales vías de transmisión de la bacteria Salmonella.
Aunque los controles sanitarios han mejorado con el tiempo, el riesgo de infecciones gastrointestinales sigue presente si no se aplican estrictamente las medidas de seguridad en el hogar.
Desde mantener la temperatura adecuada de refrigeración hasta emplear técnicas correctas de cocción, conocer cómo prevenir la Salmonella es vital para proteger especialmente a niños y personas mayores.
La presencia de esta bacteria en la cadena alimentaria sigue siendo un reto importante para la salud pública. Organismos como la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU.) indican que Salmonella, que habita en el intestino de distintos animales, puede causar fiebre, diarrea y dolores abdominales intensos.
Garantizar un consumo seguro implica comprender que la prevención comienza desde la compra del huevo y se mantiene hasta su preparación y consumo final.
Origen de la contaminación y detección Contrario a la creencia común, la contaminación no solo ocurre por contacto externo. Estudios de la Universidad de Minnesota muestran que la bacteria puede encontrarse en el ovario de la gallina antes de formarse la cáscara. Sin embargo, la exposición posterior a desechos orgánicos durante la puesta sigue siendo la forma más frecuente de propagación.
Los síntomas de la infección suelen aparecer entre 12 y 72 horas después de ingerir el huevo. Aunque la mayoría de los adultos saludables se recuperan en una semana, las complicaciones graves son más probables en mujeres embarazadas y personas con sistema inmunitario debilitado, por lo que se deben extremar las precauciones al cocinar.
Almacenamiento seguro: el frío como aliado El control de la temperatura es el primer paso para prevenir la Salmonella. Al comprar huevos, es importante elegirlos limpios y sin grietas, ya que incluso una fisura mínima puede permitir la entrada de bacterias al interior.
Algunos consejos de conservación recomendados por expertos son:
Refrigeración constante: Mantener los huevos a 4 °C o menos. Ubicación adecuada: Guardarlos en su envase original y en los estantes internos del refrigerador, evitando la puerta donde la temperatura varía. No lavar los huevos: El lavado elimina la cutícula natural que protege los poros de la cáscara, facilitando la entrada de bacterias.
Cocción y prevención de la contaminación cruzada La preparación del huevo es la medida más efectiva para reducir el riesgo de Salmonella. Según la American Egg Board, tanto la clara como la yema deben estar firmes. Por ejemplo, un huevo frito requiere 2–3 minutos por lado, mientras que uno pasado por agua debe hervirse al menos 7 minutos.
Un aspecto crítico que a menudo se pasa por alto es la contaminación cruzada. El Departamento de Salud de Queensland advierte que usar la cáscara para separar las yemas puede transferir bacterias. Es preferible emplear utensilios dedicados y lavarse bien las manos después de manipular huevos crudos.
Para preparaciones que requieren huevos crudos o poco cocidos, se recomienda siempre utilizar productos pasteurizados, garantizando que la carga bacteriana haya sido eliminada mediante procesos industriales controlados.
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