'El feminicidio emocional es estar muerta en vida', alerta activista

Tras años de lucha para visibilizar la violencia sicológica que millones de mujeres sufren en México, la activista María Elena Esparza Guevara nombró al feminicidio emocional como estar muerta en vida, pues el abuso afecta tanto la autoestima y autoconcepto que la víctima interioriza las palabras del agresor a su propia historia.
"La mujer entra en una especie de limbo en el cual no puede reconocerse como víctima y además se dice: ‘nadie te va a creer, a nadie le va a importar, no es verdad, estás exagerando’. Y entonces ya no puede ejercer su voluntad para romper con ese ciclo de violencia sicológica. A eso es a lo que yo le llamo estar muerta en vida", explica.
En entrevista con este medio, la doctora en Historia del Pensamiento por la Universidad Panamericana (UP) cuenta que el feminicidio emocional es una categoría para nombrar los riesgos y efectos de la violencia sicológica de género. A través de una tesis, investigó desde la filosofía clásica analizada con perspectiva de género y una visión feminista.
"Es un análisis para detectar algunos conceptos clave que nos hablan de cómo, a lo largo de milenios en un sistema patriarcal, en un sistema machista y en un sistema capitalista que privilegia la materia sobre el alma, hemos aprendido a invalidar aquello que nos daña internamente, a invalidar la expresión emocional", menciona.
La fundadora de Ola Violeta A.C., refiere que los estereotipos y mandatos de género hacen que las mujeres invaliden lo que sienten y, a su vez, les impide fijar límites claros a quienes las agreden sicológicamente, pero si logran hacerlo, son tachadas de locas, intensas, hormonales o exageradas.
"No es poner el concepto de feminicidio emocional por encima de la crisis feminicida material, sino alertar, prevenir para no llegar a ese punto del feminicidio, es atender la parte emocional de los efectos de la violencia sicológica, porque la violencia de género es un fenómeno estructural que siempre va en escalada", advierte.
Cuando una mujer es víctima de feminicidio emocional, puntualiza, pierde la voluntad y la capacidad de detectar que se encuentra en riesgo, pues las agresiones emocionales la colocan en un espacio en el que no puede accionar. Ejemplo de ello es cuando deja de pedir ayuda a su red de amigas y familiares.
"[La víctima] puede llegar a tener ansiedad y depresión en grados muy severos, puede conducirla a la ideación o tentativa suicida. Hay una categoría que es el suicidio feminicida que, digamos, sería el extremo de esto que estoy planteando", recuerda.
La también consejera de género en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia, detalla que las víctimas pierden la esperanza de salir de la violencia sicológica y se creen los insultos y humillaciones de sus agresores: piensan que ya no valen nada y que sin sus parejas, no son nadie. De hecho, al igual que en el feminicidio material, 80% de los perpetradores es la pareja o expareja.
La especialista considera que falta fortalecer el marco legal que sanciona la violencia sicológica, así como la difusión del violentómetro sin la sección de color verde que advierte todas las manifestaciones de violencia, no necesariamente consecutivas, desde las bromas hirientes hasta el feminicidio.
"La mayor área de oportunidad para combatir la violencia sicológica está en el aparato de justicia. Está el caso de Luz Raquel, fue a denunciar que su pareja la está amenazando de muerte y la MP, que es una mujer, le responde que no la moleste con eso, que se va a enterar de su caso cuando la pareja la mate. ¿Y qué pasó? Sí la mató. La incendió en la plaza pública de una localidad en Jalisco", dice.
Por lo que la difusión de este término busca que las mujeres sepan que tienen derecho a detener a su agresor desde la primera señal, para así prevenir el riesgo feminicida. Así como promover la denuncia para conocer la magnitud de la problemática y diseñar estrategias y políticas públicas adecuadas.
Activismo, yoga y sueños
En 2020, María Elena Esparza fundó Ola Violeta y actualmente forma parte de la base de organizaciones de la ONU. Recuerda que en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia se reconocen cinco tipos de violencia, una de ellas es la sicológica, esa que más cifra negra tiene y es la más difícil de identificar.
"En Ola Violeta tenemos talleres de empoderamiento y para visibilizar la manera de nombrar los riesgos y efectos de la violencia sicológica de género. No ponemos como condición que quien se acerque a nosotras sea víctima porque implica un proceso el reconocerse como tal y todavía existe la creencia de que si no hay golpes, no fue violencia", dice.
Detalla que a través del yoga, definió que la visión de Ola Violeta es mirar la conciencia corporal como un derecho, como una herramienta para prevenir y combatir las huellas que deja la violencia de género en todas sus formas, especialmente la violencia sicológica de género.
"Está tan normalizado el aguantar, el soportar. Cuando trabajamos con mujeres de un nivel socioeconómico alto, está el asunto de dañar el nombre familiar. Atendí a una mujer víctima de violencia física terrible y el papá le dijo: ‘Aquí no vengas, yo te entregué en el altar y a mi apellido no le vas a hacer eso. Así que te regresas, te limpias tu carita y atiendes a tu esposo’".
A la par del activismo, define al yoga como una pieza central de la rutina cotidiana de Esparza, pues es una herramienta que utiliza a favor de su salud mental y bienestar emocional al conectarse consigo misma. Además, disfruta leer sobre espiritualidad, plantas, historia, corporalidad y empoderamiento.
En su infancia, recuerda, solía jugar junto a sus hermanos en la naturaleza, amaba ir a la escuela y a la fecha no ha dejado de estudiar: es licenciada en Comunicación por el Tecnológico de Monterrey, maestra en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana y cuenta con un curso de liderazgo de mujeres por la Universidad de Oxford. Se desarrolló como editora en la sección de Cultura del periódico Reforma y a sus 42 años todavía admira que sus padres la hayan rodeado de libros, cultura, música, cine y mucho amor.
"El feminismo lo aprendí de mi mamá, de mi genealogía. Vengo de una familia donde hay mujeres con mucho poder de decisión y con mucho poder intuitivo también, (...) yo descubrí a través del yoga el trabajo directo con otras mujeres", menciona.
Esparza Guevara afirma que, además, su ONG busca integrar a hombres para lograr la igualdad sustantiva y no sólo señalarlos como el problema; hablar de cómo el machismo y el patriarcado también afecta su salud física y mental o sus derechos emocionales.
En sus sueños contempla hacer una estancia posdoctoral, dar clases, ser investigadora y continuar su labor en un Programa de Autonomía Económica de las Mujeres en la Ciudad de México.
Quién es
Es doctora en Historia del Pensamiento por la Universidad Panamericana.
Define el feminicidio emocional como el desgaste por abuso sicológico.
Fundadora de la A.C. Ola Violeta.
Consejera en Género en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX.
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