El hábito nocturno que está dañando tus riñones

Despertarse repetidamente durante la noche para orinar suele explicarse por el estrés o el cansancio acumulado.
No obstante, especialistas en nefrología señalan que este síntoma, denominado clínicamente nicturia, puede ser una manifestación inicial de alteraciones renales o metabólicas que comprometen la función de los riñones.
Investigaciones clínicas indican que cuando la nicturia ocurre de forma constante —dos o más veces cada noche— podría estar asociada con enfermedad renal crónica, hipertensión o diabetes mal controlada. Detectarla a tiempo resulta fundamental para evitar complicaciones mayores y proteger la salud renal.
Micciones nocturnas frecuentes y persistentes
Levantarse ocasionalmente puede considerarse normal, sobre todo con el paso de los años. Sin embargo, si sucede dos o más veces cada noche durante varias semanas, conviene acudir a valoración médica.
Este patrón sostenido puede reflejar que los riñones no están concentrando adecuadamente la orina mientras el cuerpo descansa, lo que podría relacionarse con alteraciones en los túbulos renales o con trastornos metabólicos subyacentes.
Cansancio continuo durante el día
Interrumpir el sueño de manera repetida provoca fatiga, dificultad para concentrarse y menor rendimiento físico. Muchas personas lo atribuyen solo a dormir mal.
Sin embargo, cuando existe deterioro renal, el agotamiento también puede deberse a acumulación de toxinas en sangre o a anemia secundaria a enfermedad renal crónica, intensificando la sensación de debilidad.
Inflamación en pies y tobillos
La hinchazón en las extremidades inferiores puede indicar retención de líquidos. Si los riñones no eliminan correctamente sodio y agua, estos se acumulan en los tejidos.
Cuando el edema se presenta junto con nicturia frecuente, puede sugerir alteraciones en el equilibrio de líquidos del organismo.
Cambios en la apariencia de la orina
Espuma persistente puede ser señal de proteinuria, es decir, pérdida de proteínas por la orina, uno de los indicadores tempranos de daño renal.
Asimismo, modificaciones en el color, turbidez o presencia de sangre requieren evaluación médica, ya que podrían reflejar inflamación o lesión en los filtros renales.
Presión arterial elevada sin buen control
La hipertensión es una causa importante de enfermedad renal crónica, ya que daña progresivamente los vasos sanguíneos del riñón.
A su vez, cuando la función renal se deteriora, puede contribuir al aumento de la presión arterial, creando un ciclo que exige seguimiento médico riguroso.
Diabetes con glucosa elevada
La hiperglucemia sostenida afecta los pequeños vasos que conforman los glomérulos, responsables de filtrar la sangre, proceso conocido como nefropatía diabética.
En personas con diabetes, la nicturia frecuente puede indicar descontrol metabólico y avance del daño renal, por lo que el monitoreo regular es esencial.
Urgencia urinaria con escaso volumen
Sentir necesidad urgente de orinar pero expulsar poca cantidad puede relacionarse con alteraciones en la concentración urinaria o en la regulación hormonal nocturna.
Cuando la hormona antidiurética no actúa correctamente, aumenta la producción de orina durante la noche, afectando el descanso y el equilibrio interno.
Calambres nocturnos repetidos
Los riñones ayudan a mantener el equilibrio de electrolitos como sodio, potasio y calcio. Si esta función se altera, pueden aparecer calambres musculares frecuentes.
Estos episodios dolorosos, acompañados de nicturia persistente, pueden ser señales indirectas de disfunción renal inicial.
Historia familiar de enfermedad renal
La genética influye en diversas patologías renales. Tener antecedentes familiares de enfermedad renal crónica incrementa el riesgo individual.
En estos casos, síntomas como la nicturia deben tomarse con mayor seriedad, ya que una detección temprana permite adoptar medidas preventivas y frenar la progresión del daño.
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