El impacto del azúcar tras las comidas en el cerebro

Un estudio reciente indica que las elevaciones de glucosa tras las comidas se asocian con un aumento considerable del riesgo de desarrollar demencia. Por ello, mantener un adecuado equilibrio metabólico resulta clave para preservar la salud cerebral a largo plazo.
Porciones moderadas y hábitos esenciales No es necesario eliminar los alimentos preferidos, sino controlar las cantidades y evitar omitir comidas importantes como el desayuno. Optar por frutas frescas en lugar de productos ultraprocesados contribuye a mantener niveles de azúcar más estables, lo que beneficia al cerebro.
Caminar después de comer marca la diferencia Dar un paseo ligero después de las comidas facilita el uso inmediato de la glucosa por parte del organismo. Este hábito atenúa los picos de azúcar y protege tanto los vasos sanguíneos como las neuronas.
El agua como aliada del metabolismo Una hidratación adecuada evita que la glucosa se concentre en exceso en la sangre. Beber suficiente agua es una estrategia simple pero efectiva para cuidar el sistema nervioso y mantener niveles de energía equilibrados.
Detecta señales tempranas Es importante no ignorar señales sutiles como desorientarse en lugares conocidos o equivocarse con palabras de forma recurrente. Estos cambios pueden ser manifestaciones tempranas de deterioro cognitivo asociado a alteraciones metabólicas.
Efectos independientes de la estructura cerebral Los hallazgos sugieren que el riesgo de demencia relacionado con la glucosa no depende directamente del tamaño del hipocampo. Esto implica que el metabolismo puede afectar la función cerebral sin causar, al inicio, una pérdida evidente de tejido.
Un daño metabólico que no se ve A diferencia de otras enfermedades, el impacto de los picos de azúcar no siempre se traduce de inmediato en atrofia cerebral. El daño ocurre a nivel celular y suele pasar desapercibido en las primeras fases.
La glucosa en ayunas no es suficiente Muchas personas confían en valores normales de azúcar al despertar, pero son las elevaciones posteriores a las comidas las que realmente influyen en el riesgo de deterioro cognitivo desde la mediana edad.
Hasta 69 % más riesgo Estudios publicados en Diabetes, Obesity and Metabolism señalan que niveles elevados de glucosa dos horas después de comer incrementan de forma significativa el riesgo de Alzheimer, siendo un indicador más relevante que la glucosa en ayunas.
El papel clave de la glucosa postprandial El azúcar que circula tras una comida no es solo una fuente de energía; también puede convertirse en una amenaza silenciosa para las neuronas. La manera en que el cuerpo maneja los carbohidratos influye directamente en la conservación de las capacidades cognitivas.
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