El rol de la dieta, la actividad física y el alcohol en el creciente riesgo de cáncer colorrectal

El aumento de los casos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes encendió las alertas entre especialistas en salud pública, según el análisis de la gastroenteróloga y profesora de medicina de la Universidad de Harvard, Trisha Pasricha, publicado en The Washington Post.
En las últimas décadas se observó un crecimiento de diagnósticos en personas de entre 20 y 40 años, un grupo etario que históricamente no se vinculaba de forma frecuente con esta enfermedad. Si bien el tabaquismo y la predisposición genética continúan siendo factores de riesgo relevantes, Pasricha subrayó que los cambios en el entorno y en los estilos de vida adquirieron un peso cada vez mayor.
La especialista explicó que la disminución del consumo de tabaco y la estabilidad de los factores genéticos refuerzan la idea de que los hábitos diarios y las exposiciones ambientales están influyendo de manera decisiva en este fenómeno.
Alimentación, bebidas y carnes: conductas que influyen en el riesgo
Entre los comportamientos más asociados al incremento del riesgo, Pasricha destacó el consumo de alimentos ultraprocesados. Estudios citados en su análisis relacionan este tipo de dietas no solo con trastornos metabólicos, sino también con un diagnóstico más temprano de cáncer de colon.
La escasa ingesta de fibra agrava esta situación. Consumir una taza diaria de legumbres, como porotos, que aporta alrededor de 10 gramos de fibra, puede reducir el riesgo de desarrollar este cáncer en un 10%. Por ello, aumentar el consumo de alimentos ricos en fibra natural se considera una de las recomendaciones centrales.
Las bebidas azucaradas también aparecen como un factor de riesgo significativo, especialmente en mujeres jóvenes. Según un estudio mencionado por Pasricha, ingerir dos o más bebidas azucaradas al día durante la adolescencia y la adultez se asocia con el doble de probabilidad de recibir un diagnóstico antes de los 50 años, en comparación con quienes las consumen menos de una vez por semana. La experta sugirió reemplazarlas algunos días por agua o infusiones.
El consumo habitual de carnes rojas y procesadas representa otro elemento importante. Pasricha aconsejó limitar su ingesta a no más de tres porciones semanales, ya que ese nivel se vincula con un menor riesgo según diversos estudios. Además, recomendó marinar la carne y cocinarla a temperaturas más bajas para reducir la formación de sustancias nocivas. En el caso de las carnes procesadas, como salchichas o panceta, la relación con el aumento del riesgo se mantiene de forma constante.
Actividad física y alcohol: factores determinantes
La falta de actividad física y el exceso de tiempo frente a pantallas también elevan el riesgo de cáncer colorrectal. Investigaciones citadas por Pasricha indican que pasar entre una y dos horas diarias mirando televisión incrementa el riesgo en un 12%.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada. Incluso breves episodios de ejercicio intenso, como subir escaleras durante tres minutos al día, pueden disminuir de manera significativa la mortalidad por distintos tipos de cáncer.
El consumo de alcohol constituye un riesgo adicional, incluso en cantidades moderadas. La gastroenteróloga destacó que estudios recientes pusieron en duda la idea de que el vino aporte beneficios cardiovasculares. El alcohol genera compuestos que dañan el ADN y se asocia con un mayor riesgo tanto de cáncer colorrectal como de mama, por lo que reducir su consumo se perfila como una medida preventiva clave.
Evidencia científica y prevención
Los riesgos descritos se basan en grandes estudios epidemiológicos que siguieron durante años a decenas de miles de personas, analizando sus hábitos y evolución de salud. Si bien estos trabajos no demuestran causalidad directa, permiten estimar la magnitud del riesgo asociado a cada conducta.
En términos de prevención, la colonoscopia continúa siendo la herramienta más eficaz, ya que permite detectar y extirpar pólipos antes de que evolucionen a tumores malignos. Entre el 5% y el 10% de los pólipos pueden transformarse en cáncer si no se tratan a tiempo, lo que refuerza la recomendación de realizar este estudio a partir de los 45 años, o antes en caso de antecedentes familiares.
Programar una colonoscopia según la edad y el historial personal y familiar es una de las estrategias más efectivas para cuidar la salud intestinal y reducir el riesgo de cáncer colorrectal, concluyó Pasricha.
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