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El sorprendente efecto del bostezo en el cerebro, según la ciencia

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El bostezo, uno de los reflejos más comunes y misteriosos del ser humano, ha despertado el interés de la ciencia durante siglos. Este acto involuntario, que consiste en abrir la boca, inhalar profundamente y estirar los músculos faciales, forma parte de la rutina diaria tanto de personas como de animales. Aunque tradicionalmente se relaciona con el sueño o el aburrimiento, investigaciones recientes indican que cumple funciones biológicas mucho más complejas.

Un estudio publicado en la revista científica Respiratory Physiology & Neurobiology mostró, mediante resonancias magnéticas, que bostezar ayuda a reorganizar el flujo del líquido cefalorraquídeo alrededor del cerebro. Este proceso favorece la eliminación de desechos y contribuye a mantener el equilibrio de presión cerebral, lo que podría beneficiar la salud neurológica. Los investigadores observaron que el movimiento coordinado de mandíbula, cabeza y cuello modifica el recorrido de este líquido esencial que rodea el cerebro y la médula espinal.

Otra teoría ampliamente estudiada es la hipótesis de activación cerebral, la cual propone que el bostezo incrementa el estado de alerta al elevar la frecuencia cardíaca y activar distintos músculos faciales. Asimismo, algunos especialistas sostienen que también funciona como un mecanismo de enfriamiento cerebral, ya que la entrada de aire fresco y los cambios en la circulación sanguínea ayudan a disminuir la temperatura del cerebro. Según Cleveland Clinic, este fenómeno suele observarse durante episodios de estrés térmico o hipertermia.

Desde el punto de vista fisiológico, el bostezo implica una inhalación profunda seguida de un estiramiento intenso de los músculos de la boca y la garganta, para finalizar con una rápida exhalación. Este reflejo, que dura entre cuatro y siete segundos, es considerado involuntario y estaría controlado principalmente por el tronco encefálico, de acuerdo con el Medical Institute of New York. Los estudios más recientes indican además que intentar contener un bostezo no altera su secuencia natural, lo que refuerza la idea de que se trata de un acto automático difícil de interrumpir.

El bostezo contagioso y su vínculo social

Experimentar ganas de bostezar después de ver a otra persona hacerlo es algo muy frecuente. Este fenómeno, conocido como bostezo contagioso, afecta aproximadamente entre el 60% y el 70% de las personas, según especialistas citados por Time Magazine y CBS News. Incluso escuchar un bostezo o simplemente pensar en él puede desencadenar la misma reacción.

El comportamiento también ha sido observado en distintas especies, como perros, chimpancés y aves, lo que sugiere un componente social compartido, según Psychology Today. Los expertos distinguen entre el bostezo espontáneo, que aparece sin estímulos externos, y el contagioso, que surge como respuesta a observar o percibir a otro individuo bostezar.

En promedio, las personas bostezan unas 20 veces al día. Aunque generalmente es un acto normal, un exceso de bostezos podría estar relacionado con ciertos trastornos neurológicos, advierte la Cleveland Clinic. Además, este reflejo ha sido estudiado por su posible relación con la empatía y la cohesión social.

Los bostezos de animales también pueden ser contagiosos

Investigadores realizaron un experimento con 296 adultos para analizar si los bostezos de animales también podían provocar contagio en humanos. Los participantes fueron expuestos a imágenes de distintas especies —como peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos, simios y mascotas domésticas— bostezando o sin bostezar.

Los resultados revelaron que el 69% de los participantes bostezó de manera contagiosa tras observar los estímulos animales, mientras que solo el 28.9% de quienes estuvieron en el grupo de control experimentó esa reacción.

El estudio concluyó que la especie observada no influía significativamente en la respuesta humana, lo que sugiere que el mecanismo del bostezo contagioso funciona de manera bastante general. También se identificó que el cansancio era un factor importante: las personas más fatigadas tendían a bostezar con mayor frecuencia frente a estos estímulos.

Los hallazgos respaldan la idea de que el bostezo contagioso puede activarse mediante una amplia variedad de señales visuales, incluso provenientes de especies muy distintas a la humana.

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