El Tour de Francia ante su contrarreloj: los golpes de calor acechan al pelotón

El Tour de Francia, considerada la competencia ciclista más emblemática y una de las pruebas de resistencia más duras del planeta, afronta una amenaza que trasciende el desgaste físico habitual: el calor extremo.
Un estudio internacional encabezado por el Institut de Recherche pour le Développement (IRD) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) alerta de que la salud de los ciclistas profesionales se está acercando a niveles de riesgo inéditos.
Tras revisar medio siglo de datos (1974-2023), la investigación —difundida en la revista Scientific Reports— concluye que la carrera ha esquivado hasta ahora los escenarios climáticos más peligrosos más por coincidencia en el calendario que por planificación. Sin embargo, ese margen de seguridad se reduce con cada edición.
Ivana Cvijanovic, investigadora del IRD y autora principal, advierte que no se trata solo de temperatura, sino del índice WBGT, que integra calor, humedad y radiación solar para medir la capacidad del organismo de regular su temperatura. Según el análisis, la última década concentra la mayor cantidad de episodios de calor extremo en la historia del Tour. En ciudades como París, el umbral de alto riesgo se ha superado en varias ocasiones durante julio desde 2014, aunque nunca exactamente el día de llegada de la etapa. “La carrera ha tenido suerte, pero tarde o temprano coincidirá con jornadas que pondrán a prueba los protocolos actuales”, señala.
El desafío fisiológico del calor
Cuando un ciclista compite bajo temperaturas elevadas, su cuerpo genera grandes cantidades de calor interno. Pedro Valenzuela, especialista en Fisiología de la Universidad de Alcalá, explicó al Science Media Center España que el estudio es relevante porque considera variables como la humedad y el viento, factores decisivos para que el sudor enfríe eficazmente el cuerpo o, por el contrario, deje al deportista expuesto a un sobrecalentamiento progresivo.
A diferencia de pruebas como el maratón, la velocidad de la bicicleta favorece la convección y ayuda a disipar calor. No obstante, este mecanismo tiene límites. Cuando el aire está saturado de humedad o la radiación solar es intensa, la evaporación pierde eficacia y aumenta el riesgo de golpe de calor, una urgencia médica que puede derivar en fallo multiorgánico. Este peligro es mayor en etapas que concluyen en las horas más calurosas del día.
Zonas más vulnerables y necesidad de adaptación
El estudio identifica regiones del suroeste y sureste de Francia como puntos críticos, con ciudades como Toulouse, Nimes y Burdeos superando con frecuencia los niveles de riesgo. Desislava Petrova, investigadora de ISGlobal, subraya que la planificación de etapas en estas áreas requiere especial precaución. En contraste, los puertos de montaña —como el Col du Tourmalet— continúan siendo zonas térmicamente más seguras, mientras que los tramos llanos aparecen como los más expuestos.
Víctor Resco de Dios, profesor de Cambio Global en la Universidad de Lleida, advierte que confiar en la suerte sería un error. A su juicio, será necesario implementar medidas de adaptación, como modificar fechas, ajustar recorridos o priorizar etapas en altitud durante periodos de ola de calor.
El mensaje de los investigadores es claro: el cambio climático está alterando las condiciones en las que se disputa el Tour, y la organización deberá anticiparse si quiere proteger la salud del pelotón frente a un enemigo cada vez más frecuente e impredecible.
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