El uso de testosterona se afianza como alternativa en mujeres menopáusicas

La actriz Kate Winslet ha destacado la relevancia de la testosterona en la recuperación de la autoestima y la percepción de atractivo personal.
Según The Times, muchas mujeres han reportado mejoras en su nivel de alerta, productividad y bienestar general tras su uso, aunque acceder al tratamiento suele implicar varios trámites médicos y administrativos.
El proceso para obtener testosterona requiere una evaluación clínica rigurosa. Especialistas señalan que debe iniciarse únicamente después de realizar análisis de sangre, seguido de controles a los tres y seis meses, y posteriormente revisiones periódicas. En muchos casos, es necesaria la derivación a un especialista, ya que los médicos generales no siempre pueden prescribirla sin una valoración adicional.
Además, en varios países no existen formulaciones específicas para mujeres, lo que obliga a utilizar productos diseñados para hombres y ajustar las dosis. Esto puede complicar el tratamiento y requiere una supervisión cuidadosa, como advierte la doctora Elise Dallas. En algunas situaciones, incluso se solicita una segunda opinión antes de iniciar la terapia.
En cuanto a la evidencia científica, estudios publicados en The Lancet Diabetes & Endocrinology indican que la testosterona puede aumentar la actividad y el deseo sexual en mujeres menopáusicas. Investigaciones citadas por The Times muestran que, tras varios meses de tratamiento, un porcentaje importante de mujeres experimenta mejoras en el estado de ánimo y la función cognitiva, aunque algunos estudios carecen de grupo de control. Por su parte, la Universidad de Monash ha reportado avances en memoria y aprendizaje tras más de seis meses de uso.
La doctora Dallas explica que esta hormona también contribuye a la síntesis de proteínas musculares y mejora la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, advierte que dosis elevadas pueden favorecer la acumulación de grasa abdominal. Además, aclara que la testosterona no resuelve problemas emocionales o de pareja, por lo que es importante considerar factores como el estrés o el dolor durante las relaciones.
El tratamiento no está exento de efectos secundarios. Entre los más comunes se encuentran el crecimiento de vello en zonas inusuales, cambios en el cabello, acné y, en algunos casos, pérdida de cabello con patrón masculino. Algunas pacientes también reportan irritabilidad, alteraciones del estado de ánimo o mayor agresividad, lo que puede llevar a suspender la terapia.
La evidencia sobre su impacto en el sueño aún es limitada, aunque algunas mujeres refieren ligeras mejoras relacionadas con el aumento del ánimo o la libido. Los especialistas coinciden en que la decisión de usar testosterona debe basarse en una evaluación individual de riesgos y beneficios, y que no sustituye hábitos saludables como el ejercicio ni otros tratamientos hormonales.
En síntesis, la testosterona puede ser una opción para mujeres menopáusicas que no responden a otras terapias, pero su acceso está condicionado por regulaciones, la falta de productos específicos y la necesidad de seguimiento médico continuo. Su efectividad varía entre pacientes, por lo que se requiere un enfoque personalizado y supervisado.
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