El uso temprano de smartphones podría relacionarse con conductas alimentarias de riesgo en adolescentes

El impacto que puede tener el uso temprano de teléfonos inteligentes sobre la salud mental de los adolescentes continúa siendo objeto de investigación.
Un nuevo estudio publicado en septiembre de 2026 en JAMA Network Open encontró una asociación entre tener un smartphone propio desde los 12 años y una mayor frecuencia de síntomas relacionados con conductas alimentarias desordenadas a los 14 años.
La investigación incluyó a cerca de 9,000 adolescentes en Estados Unidos. Los resultados mostraron que aproximadamente 24% de quienes tenían un smartphone a los 12 años reportaron al menos un síntoma relacionado con problemas de la conducta alimentaria dos años después. Entre quienes no tenían uno, la proporción fue inferior al 16%.
Los investigadores señalan que estos resultados no demuestran que el teléfono sea directamente la causa de los trastornos alimentarios, pero sí plantean una posible relación que merece mayor investigación.
¿Cómo podría influir un smartphone?
Una de las posibles explicaciones está relacionada con la enorme cantidad de contenido al que los adolescentes pueden acceder a través de las redes sociales.
Plataformas como TikTok e Instagram permiten una exposición constante a imágenes y mensajes relacionados con la apariencia física, el peso, las dietas y determinados estándares de belleza. Parte de este contenido puede estar editado, filtrado o presentar cuerpos poco representativos de la diversidad corporal real.
El problema no necesariamente radica en el dispositivo por sí mismo, sino en el tipo de contenido, la frecuencia de exposición y la manera en que el adolescente interactúa con él.
El investigador principal, Jason Nagata, señala que el smartphone coloca una gran cantidad de contenido centrado en la apariencia directamente al alcance de los jóvenes. Esto puede ampliar considerablemente las oportunidades de comparación social.
Compararse con otras personas puede afectar la imagen corporal
Antes de la expansión de las redes sociales, las comparaciones relacionadas con el aspecto físico ocurrían principalmente entre compañeros, familiares y personas del entorno cercano.
Actualmente, un adolescente puede compararse diariamente con influencers, celebridades y creadores de contenido de todo el mundo. Además, muchas de las imágenes publicadas en internet han sido modificadas mediante filtros, edición digital, maquillaje o determinadas condiciones de iluminación.
Esta exposición puede contribuir, en algunas personas, a desarrollar insatisfacción corporal o una autoestima más estrechamente relacionada con el peso y la apariencia.
El estudio encontró que los adolescentes que tenían smartphone a los 12 años presentaban aproximadamente el doble de probabilidades de relacionar su autoestima con su peso y alrededor de 1.5 veces más probabilidades de recurrir a dietas restrictivas o ejercicio intenso con el objetivo de controlar su peso.
Conductas alimentarias desordenadas no son lo mismo que un trastorno alimentario
Es importante establecer una diferencia.
Las conductas alimentarias desordenadas pueden incluir preocupación excesiva por el peso, restricción de alimentos, dietas extremas, ejercicio compulsivo o una percepción negativa del propio cuerpo.
En cambio, los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa o la bulimia nerviosa, son enfermedades que requieren una evaluación clínica y el cumplimiento de criterios diagnósticos específicos.
Por lo tanto, presentar alguno de los síntomas analizados en el estudio no significa necesariamente que el adolescente tenga un trastorno alimentario.
¿Qué ocurre con los adolescentes en México?
El acceso de los menores mexicanos a dispositivos móviles también es considerable. De acuerdo con los datos mencionados en el artículo, la ENDUTIH 2025 reportó que alrededor del 80.3% de los menores de 6 a 17 años utiliza un teléfono celular de manera autónoma, equivalente a más de 20.9 millones de niños y adolescentes.
Este contexto hace que la relación entre tecnología, redes sociales y salud mental sea especialmente relevante para las familias y las instituciones educativas.
En México también se han impulsado medidas para limitar el uso de teléfonos durante la jornada escolar. La Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció una regulación para restringir el uso de celulares en escuelas de educación básica, con entrada en vigor prevista para el 3 de noviembre de 2026.
¿Qué pueden hacer los padres?
Los especialistas recomiendan que la supervisión no se limite a establecer cuánto tiempo pasa un menor frente a la pantalla. También es importante conocer qué contenido consume y cómo ese contenido puede estar influyendo en su percepción de sí mismo.
Algunas medidas útiles son:
Retrasar, cuando sea posible, la entrega del primer smartphone.
Establecer reglas claras sobre horarios y aplicaciones.
Evitar que los dispositivos permanezcan durante la noche en el dormitorio.
Hablar con los adolescentes sobre filtros, edición digital y estándares de belleza poco realistas.
Fomentar actividades deportivas, sociales y recreativas fuera de internet.
Prestar atención a cambios importantes en la alimentación, el ejercicio o la percepción corporal.
Buscar valoración profesional si aparecen conductas preocupantes.
Más que prohibir completamente la tecnología, el objetivo es desarrollar un uso acompañado y responsable.
¿Por qué este estudio es importante?
Los resultados sugieren que tener un smartphone desde una edad temprana podría estar relacionado con una mayor frecuencia de síntomas de conducta alimentaria desordenada durante la adolescencia.
Sin embargo, el teléfono no debe considerarse una causa única. La salud mental y los trastornos alimentarios son fenómenos complejos en los que pueden participar factores psicológicos, familiares, sociales, biológicos y ambientales.
Además, se trata de un estudio observacional, por lo que los resultados muestran una asociación y no permiten demostrar causalidad.
Aun así, los hallazgos refuerzan la importancia de que padres, escuelas y profesionales de la salud acompañen a los adolescentes en su vida digital y estén atentos a posibles cambios en su autoestima, imagen corporal y relación con la alimentación.
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