El vínculo temprano con el padre podría afectar la salud de un niño años después

Durante muchos años, cuando los niños desarrollaban problemas de salud física o mental a largo plazo, la responsabilidad solía recaer principalmente en las madres.
Sin embargo, una investigación reciente sugiere que el papel del padre podría ser más relevante de lo que tradicionalmente se pensaba.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania y publicado en Health Psychology, encontró que a los 7 años los niños cuyos padres mostraban menor atención hacia ellos cuando tenían 10 meses presentaban más señales de salud desfavorable, como mayores niveles de inflamación y de glucosa en sangre.
Los científicos siguieron a varias familias cuando los bebés tenían 10 meses, y luego nuevamente a los 2 y 7 años. Durante ese tiempo, observaron breves sesiones de juego entre madres, padres y bebés. Años después, los niños fueron sometidos a análisis de sangre.
Los resultados mostraron que los padres menos involucrados en la interacción temprana tendían a tener dificultades en la coparentalidad. Algunos adoptaban una actitud distante, mientras que otros competían con la madre por la atención del hijo.
Al llegar a los 7 años, los niños de estas familias presentaban con mayor frecuencia niveles elevados de proteína C reactiva (PCR), un indicador de inflamación, y de hemoglobina A1c (HbA1c), que refleja el promedio de azúcar en sangre a largo plazo. En contraste, el comportamiento materno no mostró la misma relación con estos marcadores.
Alp Aytuglu, autor principal del estudio, señaló que si bien se esperaba que la dinámica familiar completa influyera en el desarrollo infantil, en este caso los efectos observados estuvieron vinculados específicamente con la conducta paterna. Según explicó, cuando la participación del padre en interacciones familiares es negativa, ese clima puede trasladarse al entorno del hogar y terminar afectando la salud del niño.
Los investigadores analizaron grabaciones de sesiones de juego de 18 minutos, evaluando aspectos como la sensibilidad del padre, su actitud positiva y su forma de compartir la crianza —incluyendo conductas de retraimiento o competencia—. Posteriormente, al cumplir los niños 7 años, se midieron cuatro indicadores de salud mediante muestras de sangre obtenidas por punción en el dedo.
Se identificaron dos tendencias claras: los padres que mostraron mayor afecto y sensibilidad desde el inicio compartían mejor la crianza, y los hijos de esas familias presentaban menores niveles de inflamación y perfiles de glucosa más saludables.
Dado que estos marcadores pueden influir en la salud a largo plazo, niveles elevados podrían asociarse con un mayor riesgo de enfermedades crónicas en el futuro.
Hannah Schreier, coautora del estudio, aclaró que esto no significa que las madres no sean importantes, sino que la implicación activa del padre puede fortalecer el bienestar emocional de toda la familia.
Los investigadores plantearon además la llamada “hipótesis de la vulnerabilidad paterna”, que sugiere que los padres podrían ser más sensibles al estrés en la relación de pareja, lo que repercutiría en el ambiente familiar y, eventualmente, en la salud infantil.
Otra posible explicación es que los bebés suelen pasar más tiempo a solas con la madre, por lo que la conducta del padre durante las interacciones conjuntas podría tener un impacto más visible.
Aytuglu también destacó que las políticas de licencia familiar podrían favorecer una mayor participación temprana de los padres en la crianza.
Expertos externos señalaron que históricamente muchos estudios apenas han considerado a los padres, en parte por la creencia arraigada de que las madres son las principales responsables del bienestar infantil.
No obstante, otros especialistas advirtieron que el estudio muestra una asociación, pero no prueba una relación causal directa entre el comportamiento paterno y los resultados de salud en los niños. Además, la mayoría de las familias incluidas eran blancas, de clase media y con dos progenitores, lo que limita la generalización de los hallazgos a otros contextos.
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