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¿Enero seco? Los beneficios a la salud de dejar el alcohol iniciando el año

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Dejar de consumir alcohol durante el mes de enero se ha vuelto una práctica cada vez más extendida, no solo como parte de los propósitos de Año Nuevo, sino también como una forma de observar cómo reacciona el organismo cuando esta sustancia desaparece de la rutina cotidiana.

Lo que comienza como un desafío de 31 días suele derivar en cambios físicos y mentales evidentes, que ponen de manifiesto el impacto que el alcohol tiene sobre el sueño, el metabolismo y el bienestar general, incluso en personas que se consideran consumidoras moderadas.

¿Qué es el Dry January y por qué enero es clave?

El llamado Dry January surgió en el Reino Unido como una iniciativa de salud pública que invita a suspender por completo el consumo de alcohol durante enero. La elección de este mes no es aleatoria.

Tras las fiestas de fin de año, el cuerpo suele presentar desequilibrios que afectan al hígado, al metabolismo, al descanso y al estado de ánimo. Desde el punto de vista fisiológico, enero representa un periodo más “neutral”: hay menos compromisos sociales, menor presión para beber y un contexto que facilita la abstinencia.

Esto permite que los efectos de dejar el alcohol se manifiesten con mayor claridad, tanto a corto como a mediano plazo, sin necesidad de modificaciones drásticas en la alimentación o el estilo de vida.

Qué ocurre en el hígado al suspender el alcohol durante 30 días

El hígado es uno de los órganos que más se beneficia de la abstinencia. Un estudio publicado en BMJ Open mostró que las personas que dejaron de beber durante enero redujeron de manera significativa la grasa hepática, incluso sin grandes cambios en su dieta.

Esto se debe a que el alcohol altera el metabolismo de las grasas. Mientras está presente, el hígado prioriza su procesamiento y deja en segundo plano otras funciones esenciales. Al eliminarlo, el órgano puede retomar tareas clave como la regulación del colesterol y la glucosa, lo que se refleja en mejoras clínicas en pocas semanas.

Beneficios de dejar el alcohol en enero

1. Mejor control de la glucosa y menor riesgo metabólico Uno de los efectos menos visibles, pero más relevantes, es la mejora en la sensibilidad a la insulina. El estudio de BMJ Open observó descensos en la glucosa en ayuno entre quienes participaron en el Dry January.

El alcohol interfiere con el manejo del azúcar en el organismo y favorece picos de glucosa. Al suspenderlo, el metabolismo se estabiliza, algo especialmente beneficioso para personas con resistencia a la insulina o antecedentes familiares de diabetes tipo 2.

2. Cambios positivos en el sueño Aunque suele creerse que el alcohol facilita el descanso, la evidencia médica indica lo contrario. El UT Southwestern Medical Center explica que el alcohol fragmenta el sueño y reduce la fase REM, esencial para la recuperación mental y emocional.

Tras varias semanas sin beber, muchas personas reportan un sueño más profundo, menos interrupciones nocturnas y mayor energía al despertar. Este efecto responde a la normalización del sistema nervioso, que deja de ser alterado por el alcohol.

3. Mayor claridad mental y mejor estado de ánimo Otro cambio frecuente es la mejora en la concentración y el bienestar emocional. El alcohol actúa como depresor del sistema nervioso y puede intensificar la ansiedad o la tristeza, incluso en consumos sociales.

Un estudio sobre el Dry January publicado en ResearchGate encontró que los participantes experimentaron mayor sensación de control, mejor estado psicológico y menos síntomas de ansiedad, efectos que en algunos casos persistieron meses después.

4. Cambios en el peso y la composición corporal Aunque no siempre es el objetivo principal, muchas personas notan pérdida de peso o menor inflamación. El alcohol aporta calorías sin valor nutricional y favorece la retención de líquidos, especialmente en el abdomen y el rostro.

Al eliminarlo, disminuye la carga calórica diaria y mejora la digestión. No se trata de un método milagroso, sino de quitar un factor que suele interferir silenciosamente con el metabolismo.

5. Piel más saludable y menos inflamación El alcohol deshidrata y promueve la inflamación. Tras varias semanas sin beber, la piel suele lucir más hidratada, con menos enrojecimiento y menor tendencia a brotes, sobre todo en personas con rosácea o acné adulto.

Esto se relaciona con una menor inflamación sistémica y una mejor función hepática, lo que facilita la eliminación natural de toxinas.

6. Fortalecimiento del sistema inmunológico El consumo habitual de alcohol debilita la respuesta inmune. Al suspenderlo, el organismo recupera parte de su capacidad para defenderse de infecciones y procesos inflamatorios.

Aunque no sustituye otras medidas de prevención, dejar de beber en enero favorece un entorno fisiológico más adecuado para el sistema inmune, especialmente tras periodos de estrés o enfermedad.

¿Un mes sin alcohol cambia la relación con la bebida?

Sí, y este es uno de los hallazgos más relevantes. El mismo estudio observó que quienes completaron enero sin alcohol redujeron su consumo total incluso seis meses después, sin imponer prohibiciones permanentes.

La abstinencia temporal rompe el automatismo del hábito. Beber deja de ser una respuesta automática al estrés o la socialización y pasa a ser una decisión consciente, transformando la relación psicológica con el alcohol más allá de enero.

¿Todas las personas obtienen los mismos beneficios?

No necesariamente. Los beneficios suelen ser más evidentes en quienes tienen un consumo moderado o alto. En bebedores ocasionales, los cambios pueden ser más sutiles, aunque mejoras en el sueño y la claridad mental también son frecuentes.

Esto refuerza una idea clave: el impacto del alcohol suele subestimarse, incluso cuando no existe dependencia.

Efectos que se extienden más allá de enero

Uno de los hallazgos más consistentes es que el Dry January no termina el día 31. Muchas personas mantienen un consumo reducido durante el resto del año, lo que se traduce en beneficios acumulativos para la salud.

No se trata de abstinencia permanente, sino de desarrollar una mayor conciencia sobre el consumo, un aspecto central desde la perspectiva de la salud pública.

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