Entre tortillas y vuelo libre: la rutina solidaria de Lourdes

En la calle 2 de la colonia Guadalupe AHMSA, la rutina cotidiana tiene un matiz distinto cada mañana. Ahí, entre el paso de los vecinos y el sonido habitual del barrio, aparece una escena que se ha repetido durante décadas: un pequeño grupo de palomas que desciende para alimentarse.
Detrás de ese gesto sencillo está Lourdes Cantú, una mujer de 77 años que, sin buscar reconocimiento, ha construido una tradición personal que combina constancia, sensibilidad y una forma particular de entender la convivencia con los animales.
Desde hace más de 20 años, doña Lourdes sale cada mañana con algunas tortillas en la mano para alimentar a estas aves. No lo hace por obligación ni por costumbre heredada, sino por una decisión que, según cuenta, nació de manera espontánea.
Su historia no solo habla de una rutina, sino de la relación silenciosa que puede formarse entre una persona y su entorno, incluso en los detalles más simples.
A continuación, Lourdes comparte, cómo comenzó esta práctica y qué significa para ella.
¿Cómo se llama?
“Me llamo Lourdes Cantú.”
¿Cuántos años tiene, señora Lourdes?
“Tengo 77 años.”
¿Cuánto tiempo lleva viviendo aquí?
“Pues yo creo que como unos 40 años viviendo aquí en esta calle.”
La vemos alimentando a las palomas, ¿cuánto tiempo lleva haciéndolo?
“Pues ya tengo más de 20 o 30 años dándoles de comer.”
¿Cómo es ese momento cuando sale?
“Yo salgo y les echo comida, así nada más, en la mañana. Se quedan junto a mí cuando están comiendo, me sorprende que no vuelen, pero ahorita que lo vieron (se refería al reportero de esta casa editorial), pues volaron, pero ya verá que cuando se vaya van a volver a este lugar para que continúen comiendo.”
¿Qué fue lo que le hizo empezar con esto?
“Pues las veía que volaban y pensé que no había comida para ellas. Entonces dije que les iba a echar, y empecé con tortillas de maíz, así es como comenzó todo.”
¿Tiene un horario específico para hacerlo?
“Sí, en la mañana nada más.”
¿Nunca en la tarde o en otro momento del día?
“No, nada más en la mañana.”
¿Su familia o vecinos le han preguntado por qué lo hace?
“No, no me han preguntado. Pero pues a mí me nació hacerlo.”
¿Fue algo que decidió de repente?
“Sí, de repente. Solo lo pensé y lo hice.”
¿Tiene mascotas en casa?
“No, no tengo mascotas.”
¿Entonces las palomas son como su compañía?
“Sí, nada más las palomas., en relación a la cuestión animal, porque tengo mi familia en casa”
¿Por qué no tiene otras mascotas?
“Los perros me dan miedo, por eso no tengo. Aunado a mi edad de que ya estoy un poco grande y mejor así cond arle de comer a estos animalitos todas las mañanas me es más que suficiente.”
¿Cuántas palomas suelen llegar cuando les da de comer?
“Generalmente vienen más de diez.”
¿Esto lo hace todos los días?
“Sí, diario. Bueno, cuando estoy aquí.”
¿A qué se refiere con eso?
“Pues cuando salgo, cuando no estoy en la casa, ya no y es que a veces me voy con mis hijos a pasar un tiempo en otras ciduades donde actualmente viven. Pero cuando estoy aquí, sí lo hago.”
¿Le gusta alimentar a las palomas?
“Sí, me gusta. Esos minutos en el que estoy dándole de comer me sirven de distracción, además de que aprovecho los rayos del sol en la mañana porque es muy agradable”
¿Qué es lo que más satisfacción le da de hacerlo?
“Pues poder alimentar a esos animalitos. Me gusta verlas comer.”
¿Qué le gusta de las palomas en particular?
“Me gustan así, libres. No me gusta tenerlas encerradas. Me han querido regalar aves, pero no las acepto porque precisamente sus alas son para volar, para que tengan libertad.”
¿Prefiere verlas en libertad?
“Sí, mejor que anden libres.”
¿Le gustaría que más personas hicieran algo similar?
“Pues sí, que sigan el ejemplo, que alimenten a los animalitos, he visto en las noticias del maltrato hacia los animales sobretodo de perros y se siente horrible el escuchar sus gritos de dolor.”
La historia de Lourdes no está marcada por grandes acontecimientos, sino por la constancia de un gesto que ha resistido el paso del tiempo. En una colonia donde la vida transcurre con normalidad, su rutina se ha vuelto parte del paisaje, casi como un acuerdo silencioso entre ella y las aves que la visitan cada día.Su relato deja ver una motivación sencilla, pero profunda: la observación del entorno y la decisión de actuar ante lo que percibió como una necesidad. Sin discursos elaborados, Lourdes resume su acción en una frase que se repite a lo largo de la conversación: “me nació”. En tiempos donde la prisa suele dominar la vida diaria, su historia recuerda que aún existen espacios para los actos desinteresados. Alimentar palomas puede parecer un gesto menor, pero en su caso se ha convertido en una práctica que refleja empatía, disciplina y una forma particular de relacionarse con la vida que la rodea.
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