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Errores en el gimnasio que pueden provocarte un infarto

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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El gimnasio suele relacionarse con salud y bienestar, pero en determinadas circunstancias puede transformarse en un entorno peligroso para el corazón. 

El sobreesfuerzo, la falta de hidratación, el uso excesivo de estimulantes y la presencia de enfermedades no detectadas pueden desencadenar infartos durante la actividad física. Identificar estos riesgos es fundamental para entrenar de manera segura y cuidar la salud cardiovascular.

1. Ruptura repentina de placas arteriales La aterosclerosis es una amenaza silenciosa presente en muchas personas sin que lo sepan. Durante ejercicios de alta exigencia, el aumento brusco de la presión arterial puede provocar que las placas de grasa adheridas a las arterias se desprendan. Cuando esto ocurre, se forma un coágulo que bloquea el flujo sanguíneo y puede causar un infarto agudo al miocardio en pleno entrenamiento.

2. Isquemia por aumento en la demanda de oxígeno El corazón necesita un aporte continuo de oxígeno para funcionar correctamente. En rutinas intensas, el ritmo cardiaco se acelera y las necesidades de oxígeno se incrementan de forma notable. Si las arterias no pueden cubrir esa demanda debido a obstrucciones parciales, se produce una isquemia por demanda, lo que puede generar daño celular grave y, en casos extremos, un evento cardiaco fatal.

3. Riesgos del consumo de estimulantes El uso de suplementos preentreno es común, pero implica peligros importantes. Productos con altas concentraciones de cafeína, taurina o sinefrina pueden provocar espasmos en las arterias coronarias, interrumpiendo de manera súbita el flujo sanguíneo incluso en personas aparentemente sanas. Combinados con el estrés del ejercicio intenso, estos compuestos pueden sobrecargar al corazón.

4. El llamado “síndrome del guerrero de fin de semana” Pasar de una vida sedentaria a entrenamientos extremos sin una adaptación progresiva incrementa de forma drástica el riesgo de muerte súbita. Intentar compensar varios días de inactividad con sesiones extenuantes somete al corazón a un esfuerzo para el que no está preparado, aumentando la probabilidad de una emergencia médica.

5. Desatender las señales de advertencia del cuerpo En la cultura del fitness suele minimizarse el dolor, pero desde el punto de vista cardiológico es una señal de alarma. Continuar entrenando pese a mareos, presión en el pecho o dificultad respiratoria severa puede transformar un aviso temprano en un evento cardiaco mayor que pudo evitarse al detener la actividad a tiempo.

6. Detenerse bruscamente tras el ejercicio Finalizar de golpe una actividad intensa puede alterar el ritmo cardiaco. Al parar de forma repentina, la sangre tiende a acumularse en las piernas, lo que provoca una caída abrupta de la presión arterial y favorece la aparición de arritmias. Un enfriamiento progresivo ayuda a que el organismo recupere el equilibrio de manera segura.

7. Miocardiopatía hipertrófica no detectada Esta afección genética, caracterizada por el engrosamiento del músculo cardiaco, es una de las principales causas de muerte súbita en atletas jóvenes. Bajo el estrés del ejercicio intenso y la liberación de adrenalina, puede desencadenar una obstrucción fatal del flujo sanguíneo. Muchas personas desconocen que la padecen hasta realizar estudios especializados.

8. Alteraciones eléctricas por deshidratación El equilibrio de electrolitos como sodio, potasio y magnesio es esencial para el correcto funcionamiento eléctrico del corazón. La deshidratación intensa, frecuente en ambientes calurosos, altera estos niveles y puede provocar arritmias graves, incluida la fibrilación ventricular, poniendo en riesgo la vida.

9. Ausencia de una progresión adecuada en el entrenamiento El exceso de confianza y la falta de planificación aumentan el peligro. Comenzar con cargas elevadas o ritmos muy exigentes sin una valoración médica previa, sobre todo en personas mayores de 35 años o con antecedentes de hipertensión, supone un riesgo innecesario. La clave está en avanzar de forma gradual: iniciar con actividad moderada y aumentar la intensidad de manera progresiva para que el ejercicio sea un aliado de la salud y no un detonante de enfermedad.

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