Fútbol y enfermedades neurodegenerativas: crece la preocupación por el impacto

Durante muchos años, el fútbol se ha mantenido como uno de los deportes recreativos más populares del mundo gracias a sus beneficios físicos, mentales y sociales. No obstante, investigaciones recientes han comenzado a llamar la atención sobre un aspecto menos evidente: el posible efecto acumulativo de los impactos en la cabeza.
Un reportaje de The Telegraph retomó esta inquietud a partir del caso de un futbolista amateur con más de 30 años de práctica, junto con estudios que relacionan este deporte con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Aunque en jugadores recreativos la evidencia aún no es definitiva, el tema abre preguntas importantes sobre acciones tan comunes como rematar el balón con la cabeza.
El caso que encendió la alerta La muerte del exdefensor escocés Gordon McQueen, vinculada a demencia vascular y encefalopatía traumática crónica (ETC), marcó un antes y un después en este debate. Durante la investigación judicial, el forense Jonathan Heath concluyó que, con alta probabilidad, los cabezazos repetidos contribuyeron al desarrollo de la enfermedad.
A este antecedente se suma el de Jeff Astle, exjugador del West Bromwich Albion, cuyo fallecimiento también se relacionó con esta patología. En su momento, incluso se consideró como una “enfermedad laboral”, reforzando la asociación entre fútbol profesional y deterioro cerebral.
Qué señala la evidencia científica El neuropatólogo Willie Stewart, de la Universidad de Glasgow, es una de las principales voces en esta área. Según explica, la ETC sustituyó al antiguo concepto de “demencia pugilística”, antes ligada principalmente al boxeo.
Stewart señala que apenas en las últimas dos décadas se reconoció que este problema también puede afectar a cualquier persona expuesta a múltiples golpes en la cabeza, incluidos futbolistas y jugadores de rugby.
En una investigación liderada por su equipo, se estudiaron cerca de 8,000 exfutbolistas profesionales escoceses comparados con más de 23,000 personas de la población general. Los hallazgos mostraron que los jugadores tenían 3.5 veces más probabilidades de fallecer por enfermedades neurodegenerativas.
Lo llamativo es que, pese a presentar menos obesidad, menos tabaquismo y menor carga cardiovascular, su riesgo de demencia seguía siendo superior.
La duda en los futbolistas amateurs En el ámbito amateur todavía existen menos datos, pero ya hay señales de alerta. Stewart mencionó que en aficionados con largas trayectorias deportivas se encontraron alteraciones cerebrales similares a las observadas en exprofesionales.
La cantidad total de remates parece ser un factor clave. Algunos profesionales llegan a acumular hasta 70,000 cabezazos durante su carrera. En aficionados que juegan durante décadas, aunque la cifra sea menor, la exposición prolongada también podría representar un riesgo, sin que todavía exista un límite considerado seguro.
El mito del balón más ligero Una idea frecuente es que los balones actuales, al parecer más ligeros, son menos peligrosos. Sin embargo, los expertos sostienen que esto no necesariamente reduce el riesgo.
El peso reglamentario prácticamente no ha cambiado en más de 150 años. Lo que sí ha aumentado es la velocidad con la que viaja el balón, lo que incrementa la fuerza del impacto y, por lo tanto, la posibilidad de daño cerebral.
Golpes repetidos: el verdadero problema El debate actual diferencia las conmociones cerebrales evidentes de los golpes repetidos que no causan síntomas inmediatos. En el fútbol, la preocupación principal se centra precisamente en esta exposición acumulativa.
Incluso sin haber sufrido una conmoción diagnosticada, los impactos frecuentes y aparentemente “menores” pueden ir generando daño con el paso del tiempo.
Dificultades para diagnosticar y prevenir Hoy en día no existen estudios accesibles que permitan diagnosticar la ETC en vida con certeza. No hay tomografías ni análisis específicos que la detecten tempranamente, lo que complica su prevención.
Por ello, las recomendaciones actuales se enfocan en disminuir la exposición a golpes repetidos, mejorar la vigilancia médica y promover que los profesionales de la salud pregunten sobre antecedentes en deportes de contacto cuando evalúan síntomas cognitivos.
Al mismo tiempo, organizaciones dedicadas a la seguridad en el fútbol impulsan campañas para visibilizar este problema como un tema de salud pública, especialmente por la enorme cantidad de personas que practican este deporte desde la infancia.
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