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Hay menos casos de COVID prolongado, o largo, pero no se terminó

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Con el paso del tiempo, muchas de las secuelas inmediatas de la pandemia de COVID-19 se han ido atenuando, aunque no han desaparecido por completo. Una investigación reciente indica que un número considerable de estadounidenses todavía experimenta síntomas asociados al llamado COVID largo.

Científicos de la Universidad de Yale y de otras instituciones analizaron datos de una encuesta representativa a nivel nacional. Estimaron que, en 2024, cerca de uno de cada doce adultos en Estados Unidos reportó haber padecido COVID prolongado, aunque una parte importante ya se ha recuperado. Si bien el riesgo de desarrollar esta condición ha disminuido, muchos pacientes continúan con síntomas persistentes y aún no existe un tratamiento plenamente efectivo, señalaron los autores en un artículo publicado el lunes en JAMA Network Open.

Según los investigadores, numerosos adultos —especialmente mayores de 35 años— siguen enfrentando manifestaciones que se prolongan en el tiempo.

Aparición y descenso del COVID largo

Todavía quedan muchas incógnitas sobre el COVID largo, incluidas sus causas exactas. Se considera una condición compleja que probablemente responde a múltiples mecanismos, como alteraciones en la respuesta inmunitaria tras la infección o la permanencia del virus en el organismo.

Determinar su verdadera frecuencia también es complicado, ya que las cifras varían entre estudios. No existe una prueba diagnóstica específica, por lo que la identificación depende en gran medida de los síntomas reportados por los pacientes. Esto abre la puerta a posibles confusiones, por ejemplo, cuando síntomas como la “niebla mental” pueden deberse a otros problemas de salud. Aun así, la evidencia sugiere que factores como la inmunidad adquirida por vacunación o infecciones previas, junto con la aparición de variantes menos severas como Ómicron, han contribuido a reducir el riesgo con el tiempo.

Con estas limitaciones en cuenta, los autores sostienen que los datos autoinformados siguen siendo útiles para medir el impacto poblacional. Utilizaron información de la Encuesta Nacional de Salud (NHIS), que desde hace años incluye preguntas sobre síntomas persistentes tras la infección por COVID-19 y su duración.

A partir de los datos recopilados entre 2022 y 2024, calcularon que el 8,3% de los adultos estadounidenses —aproximadamente 21,3 millones de personas— declaró haber tenido COVID largo en 2024. De ellos, casi el 60% afirmó haberse recuperado.

Asimismo, observaron una reducción en la probabilidad de desarrollar la afección: mientras que al inicio de la pandemia la prevalencia entre los infectados era del 19,7%, en 2024 se situó en 13,7%. Paralelamente, las tasas de recuperación aumentaron, pasando del 51,2% en los primeros casos al 59,7% en 2024.

Una amenaza que persiste

Pese a estas mejoras, los investigadores advierten que puede haber errores de clasificación. Algunos síntomas atribuidos al COVID largo podrían tener otras causas, y quienes presentan manifestaciones intermitentes podrían considerarse recuperados aunque no lo estén por completo.

No obstante, los resultados coinciden en líneas generales con otros estudios realizados en Estados Unidos, incluida la iniciativa RECOVER Initiative, que también ha documentado una disminución en la incidencia con el tiempo.

Sin embargo, el problema dista de haberse resuelto. Según las estimaciones del equipo, alrededor de 8 millones de personas seguían afectadas en 2024, una cifra comparable —e incluso superior— a la cantidad de estadounidenses que viven con enfermedad de Alzheimer. Aunque el riesgo actual es menor que en los primeros años de la pandemia, el COVID-19 continúa circulando, lo que implica que podrían surgir nuevos casos de COVID largo en el futuro.

Ante la falta de tratamientos comprobados, los autores subrayan la necesidad de invertir más en la investigación de los mecanismos biológicos implicados y en las diferencias inmunológicas entre quienes se recuperan y quienes no. Comprender estos procesos permitiría identificar posibles vías de persistencia y desarrollar estrategias terapéuticas más eficaces.

Para muchos, la pandemia ya forma parte del pasado. Pero para millones de personas, sus efectos siguen siendo una realidad cotidiana difícil de ignorar.

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