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Infarto en el gimnasio: Las principales causas que ponen en riesgo al corazón

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Aunque la actividad física habitual es fundamental para reducir el riesgo de enfermedades del corazón, los infartos ocurridos durante el entrenamiento —aunque poco comunes— están documentados en la práctica clínica. 

Especialistas en cardiología y medicina deportiva señalan que la combinación de factores de riesgo con esfuerzos intensos puede desencadenar un evento cardíaco, sobre todo en quienes se ejercitan sin valoración médica previa o sin supervisión profesional.

Investigaciones publicadas en revistas como Circulation y The American Journal of Cardiology indican que la mayoría de los episodios cardíacos vinculados al ejercicio se presentan en personas con enfermedades no diagnosticadas o con hábitos que incrementan la carga cardiovascular durante la actividad física.

Enfermedad cardiovascular oculta Una causa frecuente es la presencia de arterias coronarias estrechadas sin síntomas evidentes. Muchas personas desconocen que tienen aterosclerosis hasta que someten al corazón a un esfuerzo considerable. Cuando la demanda de oxígeno aumenta durante el ejercicio y las arterias no pueden responder adecuadamente, puede producirse isquemia e incluso un infarto agudo de miocardio.

Ejercicio intenso sin adaptación previa Comenzar rutinas de alta exigencia o levantar pesos excesivos sin una progresión gradual puede provocar elevaciones bruscas de la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Este estrés repentino puede favorecer arritmias o eventos coronarios, especialmente en individuos sedentarios que retoman el ejercicio de manera abrupta.

Deshidratación No ingerir suficiente líquido reduce el volumen plasmático y espesa la sangre, obligando al corazón a trabajar más. Además, puede facilitar la formación de coágulos, lo que incrementa el riesgo de infarto, sobre todo en entrenamientos prolongados o en ambientes calurosos.

Uso de estimulantes o suplementos Algunos productos preentrenamiento contienen grandes cantidades de cafeína u otras sustancias estimulantes que elevan la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Su consumo sin control, particularmente junto con ejercicio vigoroso, puede desencadenar arritmias o crisis hipertensivas.

Ejercitarse tras una comida abundante Entrenar inmediatamente después de comer en exceso obliga al cuerpo a distribuir la sangre entre el aparato digestivo y los músculos. Esta demanda simultánea puede representar una sobrecarga para el corazón y aumentar el riesgo de isquemia en personas con factores predisponentes.

Desequilibrios electrolíticos Alteraciones en los niveles de potasio, sodio o magnesio afectan la actividad eléctrica cardíaca. El ejercicio intenso sin adecuada hidratación y nutrición puede provocar estos desequilibrios y favorecer arritmias potencialmente graves.

Esteroides anabólicos El uso de estas sustancias se relaciona con engrosamiento del músculo cardíaco, aumento de la presión arterial y cambios negativos en el colesterol. Diversos estudios han asociado su consumo con mayor probabilidad de infarto, incluso en personas jóvenes y aparentemente saludables.

Entrenar con infección o fiebre Realizar actividad física mientras se padece una infección puede inflamar el corazón (miocarditis). Forzar el ejercicio en estas condiciones eleva considerablemente el riesgo de alteraciones del ritmo cardíaco y complicaciones severas.

Ausencia de chequeo médico No realizar una evaluación médica antes de iniciar un programa de entrenamiento, especialmente después de los 35 años o si existen antecedentes familiares y factores de riesgo, es un error frecuente. Las guías cardiológicas recomiendan una valoración previa para disminuir la probabilidad de eventos adversos durante el ejercicio intenso.

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