Infarto y derrame cerebral: Dormir después de esta hora podría aumentar el riesgo

Dormirse tarde de forma constante no solo perjudica la calidad del descanso, sino que también podría impactar directamente en la salud del corazón.
Un estudio publicado en la Revista de la Asociación Americana del Corazón encontró que quienes suelen trasnochar tienen mayor probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en comparación con las personas que se acuestan más temprano.
La investigación dio seguimiento durante aproximadamente 14 años a cerca de 323 mil adultos, de entre 39 y 74 años, que al inicio no presentaban enfermedades cardiovasculares. Los participantes informaron sus hábitos de sueño y fueron clasificados según su tendencia a dormir temprano, tarde o en un horario intermedio. Posteriormente, los científicos analizaron la aparición de eventos cardiovasculares tomando como base los “Life’s Essential 8” de la Asociación Americana del Corazón, que incluyen factores como alimentación, actividad física, calidad del sueño, presión arterial, glucosa, colesterol, peso corporal y consumo de nicotina.
Los resultados mostraron que las personas con hábitos nocturnos presentaron un 16 % más de riesgo de padecer un infarto o un derrame cerebral en comparación con quienes mantenían horarios más tempranos o intermedios. Además, estos participantes solían registrar peores indicadores de salud cardiovascular, lo que sugiere que el desajuste en los horarios de sueño se relaciona con un mayor deterioro del bienestar cardíaco.
El análisis también identificó que el mayor riesgo observado en los noctámbulos estaba vinculado a otros comportamientos poco saludables, como dieta inadecuada, mayor consumo de tabaco, menor actividad física, mala calidad del sueño y niveles elevados de glucosa. Asimismo, se detectó una mayor frecuencia de sobrepeso y obesidad, factores que incrementan la carga sobre el sistema cardiovascular.
No obstante, los especialistas aclaran que el estudio evidencia una asociación y no una relación directa de causa-efecto. Al ajustar los datos considerando los demás factores de riesgo, la diferencia en el riesgo cardiovascular disminuyó considerablemente. Aun así, los expertos subrayan que el sueño sigue siendo un componente esencial dentro de un estilo de vida saludable.
Dormir adecuadamente favorece la regulación de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, contribuye al equilibrio hormonal, disminuye la inflamación y fortalece el sistema inmunológico. Además, el ritmo circadiano —el reloj biológico regulado principalmente por la luz natural— desempeña un papel fundamental. Alterarlo de manera constante al acostarse muy tarde puede afectar la liberación hormonal, deteriorar la calidad del descanso y aumentar el estrés metabólico.
La falta de sueño también influye en las hormonas que controlan el apetito, como la grelina y la leptina, incrementando el deseo por alimentos ricos en grasas y azúcares. Esto favorece el aumento de peso y, en consecuencia, eleva el riesgo de hipertensión, diabetes y colesterol alto.
Para mejorar los horarios de sueño, los expertos aconsejan realizar ajustes progresivos, como adelantar gradualmente la hora de acostarse, limitar el uso de pantallas antes de dormir y mantener rutinas constantes incluso los fines de semana. En situaciones particulares, como el trabajo nocturno o los trastornos del sueño, puede ser necesario buscar orientación médica para proteger tanto el descanso como la salud cardiovascular.
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