Intestino irritable: terapias eficaces, errores comunes y el impacto de la desinformación

Un reportaje de The Washington Post, apoyado en el análisis clínico de la gastroenteróloga Trisha Pasricha, pone en evidencia la distancia que existe entre lo que muchas personas creen y lo que realmente indica la ciencia sobre el síndrome del intestino irritable (SII), un trastorno que afecta aproximadamente al 10%–15% de los adultos.
Uno de los aspectos clave del informe es desmontar la idea de que el SII no tiene una causa médica clara. Pasricha explica que esto es un error frecuente, ya que actualmente se han identificado bases biológicas concretas. Entre ellas destacan alteraciones en el sistema nervioso entérico —una compleja red neuronal que regula el aparato digestivo—, cuya hipersensibilidad hace que procesos normales como la digestión o la presencia de gases se perciban como dolorosos.
Además, la evidencia científica ha documentado cambios en la microbiota intestinal, en la motilidad del intestino y en procesos inflamatorios microscópicos relacionados con células como los mastocitos. Estas alteraciones ayudan a explicar síntomas comunes como dolor abdominal, distensión, diarrea o estreñimiento.
Otro punto relevante es que muchas de estas disfunciones no aparecen en estudios convencionales. Pruebas como colonoscopias o análisis rutinarios pueden mostrar resultados normales, lo que lleva a pensar erróneamente que no existe un problema. Sin embargo, la especialista enfatiza que esto no significa que el intestino funcione correctamente, ya que varias alteraciones ocurren en niveles que no son detectables con métodos tradicionales.
También se cuestiona la creencia de que el SII es únicamente consecuencia del estrés. Aunque los factores emocionales pueden intensificar los síntomas, el trastorno responde a una interacción compleja entre el sistema nervioso y el intestino, no solo a causas psicológicas.
En cuanto al tratamiento, existen opciones con respaldo científico. La fibra soluble, como el psyllium, suele ser una de las primeras recomendaciones, ya que ha demostrado mejorar los síntomas en diversos estudios. Asimismo, la dieta baja en FODMAP puede ser útil si se aplica de forma temporal y personalizada para identificar alimentos desencadenantes.
Otras alternativas con evidencia incluyen el uso de menta en cápsulas con recubrimiento entérico, debido a su efecto antiespasmódico, así como la práctica regular de ejercicio y la reducción de alimentos ultraprocesados.
Por otro lado, el informe advierte sobre la difusión de consejos sin base científica en redes sociales. Un análisis de contenido en TikTok mostró que gran parte de la información no proviene de profesionales de la salud. Entre las recomendaciones más populares, los probióticos destacan, pero las principales guías médicas no los respaldan de forma generalizada debido a la falta de evidencia concluyente.
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