La actividad física reduce el riesgo de muerte tras el diagnóstico de cáncer

Un estudio reciente indica que nunca es demasiado tarde para que las personas que han superado un cáncer comiencen a realizar actividad física.
La investigación, publicada el 17 de febrero en JAMA Network Open, reveló que incluso niveles modestos de ejercicio se asocian con una disminución del riesgo de morir por causas relacionadas con el cáncer. Además, cuanto mayor era la actividad física, mayor era la reducción del riesgo observada.
En particular, los pacientes con cáncer de pulmón y de recto que empezaron a ejercitarse únicamente después del diagnóstico lograron reducir su riesgo de muerte hasta en un 42% y 49%, respectivamente, en comparación con quienes permanecieron inactivos antes y después de la enfermedad.
Los autores señalaron que estos hallazgos pueden incentivar a los supervivientes a mantenerse lo más activos posible tras el diagnóstico, aunque anteriormente no tuvieran el hábito de hacer ejercicio. El equipo estuvo encabezado por Erika Rees-Punia, investigadora principal sénior de la Sociedad Americana del Cáncer.
Para llevar a cabo el análisis, se combinaron datos de seis grandes estudios que incluyeron a más de 17.000 supervivientes de cáncer, con una edad promedio de 67 años. Cerca del 49% había sido diagnosticado en etapas tempranas o intermedias. Entre los tipos de cáncer más frecuentes en la muestra figuraban vejiga (24%), endometrio (22%) y pulmón (18%).
Los resultados mostraron que cualquier nivel de actividad física se vinculó con una reducción del riesgo de muerte del 33% en cáncer de vejiga, 38% en cáncer de endometrio y 44% en cáncer de pulmón. A medida que aumentaba la intensidad o frecuencia del ejercicio, el riesgo tendía a disminuir aún más en varios tipos de cáncer.
En contraste, las personas que eran activas antes del diagnóstico pero abandonaron el ejercicio posteriormente no presentaron una reducción significativa en el riesgo de mortalidad.
La Dra. Susan Maltser, vicepresidenta de medicina física y rehabilitación en la Zucker School of Medicine y directora del Programa de Rehabilitación Oncológica en Northwell Health, destacó que la actividad física aporta beneficios en todas las etapas del proceso oncológico: antes, durante y después del tratamiento, e incluso a largo plazo.
Según explicó, el ejercicio contribuye a contrarrestar la fragilidad y la pérdida de masa muscular que suelen acompañar a la enfermedad y sus tratamientos. También ayuda a abordar limitaciones específicas, como problemas de movilidad en mujeres con cáncer de mama, dificultad respiratoria en cáncer de pulmón o debilidad muscular en sarcomas de extremidades.
Maltser señaló que suele prescribir ejercicio de manera individualizada, detallando tipo y frecuencia. Recomienda comenzar de forma progresiva, sobre todo en personas que han sido sedentarias. Actividades simples como caminar a diario, levantar peso o incorporar más movimiento en las tareas cotidianas pueden marcar la diferencia.
Para quienes ya practican ejercicio, la recomendación es mantener el hábito, respaldado por evidencia científica que confirma su impacto positivo en la evolución y el bienestar de los pacientes con cáncer.
Más información sobre ejercicio durante el tratamiento oncológico está disponible en el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas.
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