La Entrevista con Jesús Armando Carrillo de la Fuente

"No tengas miedo de fallar, ten miedo de no intentarlo".
Con 31 años de edad y 16 arriba del cuadrilátero, Jesús Armando Carrillo de la Fuente ha construido una historia marcada por la disciplina, la vocación de servicio y el amor por dos pasiones que pocos logran combinar: la lucha libre y el trabajo como socorrista. Sobre el ring es conocido como “Orfeo”, nombre inspirado en el personaje de la mitología griega, símbolo de la música y considerado el poeta y cantante más talentoso de su tiempo. El nombre no es casualidad.
También tiene un fuerte arraigo familiar: un tío político de su padre luchó bajo el nombre de “Orfeo Negro”, pero no dejó descendencia en la lucha libre. Jesús decidió retomar el legado y darle continuidad. En esta entrevista que concedió a Periódico El Tiempo de Monclova nos cuenta su historia.
¿Cómo comenzó tu pasión por la lucha libre y qué te motivó a dedicarte profesionalmente a este deporte?
“Mi pasión por la lucha libre comenzó cuando tenía entre 7 y 8 años, cuando mi papá, Alejandro Carrillo, empezó a llevarme a ver las funciones. Éramos aficionados de cada jueves sin falta en la Arena Tigre Padilla; casi siempre éramos los primeros en llegar. El motivo que me llevó a querer ser luchador fue cuando vinieron unos niños luchadores de Monterrey. Yo me dije: “Si ellos pueden, yo también puedo”. Le dije a mi papá que quería entrenar y me comentó que tenía amigos luchadores, que hablaría con ellos para ver quién podía enseñarme. Así fue como empecé a entrenar a los 11 años. Duré tres años entrenando. Tuve varios maestros. El primero que me enseñó las primeras maromas fue Negro Tanque Villa; después el señor Doberman, Halcón Negro, Rebelde Rojo, Black Toro y Sepulturero. Con todos era un entrenamiento muy pesado, pero se aprendía mucho de cada uno, ya que todos enseñaban de diferente manera. Cuando tenía 14 años me cambié de arena para entrenar con Black Toro y Sepulturero, quienes me pulieron para poder debutar en la Arena Coliseo Monclova. Mi debut fue el 21 de noviembre de 2009”.

Además de luchador, formas parte de ARUMPH como socorrista. ¿Qué te impulsó a combinar el mundo del deporte con el servicio de emergencias?
“Pertenecer a ARUMPH (Asociación de Rescate y Urgencias Médicas Prehospitalarias) es parte de un camino que comenzó cuando tenía 12 años. Inicié en una corporación llamada Ángeles Voluntarios, ya que mi papá y mi hermano mayor pertenecían a Águilas Doradas. Después la corporación cerró y regresamos a Águilas Doradas. Más adelante, uno de los nietos de la señora Carolina Uresti abrió “10 en Alerta” en Frontera. Posteriormente, me alejé de las corporaciones porque dejé de estudiar y me dediqué a trabajar y a la lucha libre. En 2016 retomé mis estudios en enfermería en el Instituto Universitario Metropolitano de Enfermería y Radiología. Estudiaba, trabajaba y tenía funciones de lucha libre. Complementé mi experiencia como paramédico con la carrera de enfermería. Después de graduarme y terminar mi servicio social, trabajé como paramédico en una empresa. Sin embargo, extrañaba la adrenalina de andar en ambulancia en la calle. Más adelante surgió la oportunidad de integrarme a ARUMPH, gracias a la invitación de un compañero, y decidí formar parte”.

¿Qué valores de la lucha libre consideras que también aplicas en tu labor como socorrista?
“El principal valor es ayudar sin pedir nada a cambio. Muchas veces hacemos funciones a beneficio de compañeros lesionados o personas externas que necesitan apoyo, ya sea para recabar juguetes o ayuda en especie. También aplico el respeto y la honestidad con la gente. Me gusta aconsejar, especialmente a los jóvenes, que no sirve de nada llevar una vida de vicios. La drogadicción es un problema muy fuerte y trato de orientarlos, sobre todo a quienes entrenan conmigo”.

¿Cómo es un día típico en tu vida cuando tienes que equilibrar entrenamientos, combates y guardias de emergencia?
“A veces tengo que cambiar los días de entrenamiento para organizar mejor mi tiempo. Procuro que las guardias sean por la noche o los fines de semana. Soy docente en enfermería de 8:00 a.m. a 12:00 p.m. y después de 6:30 p.m. a 9:00 p.m. Cuando termino clases, si tengo función, me voy directamente a luchar. Actualmente entreno sábado, domingo y lunes, de 4:00 p.m. a 7:00 u 8:00 p.m., que es cuando tengo más tiempo libre. Después realizo guardias nocturnas, procurando tener previamente preparados los temas que veré en la semana en la escuela”.

¿Has vivido alguna experiencia en ARUMPH que te haya marcado especialmente a nivel personal o profesional?
“Desde los 12 años he vivido muchas experiencias como paramédico: en guardias nocturnas, en prácticas hospitalarias, durante el servicio social. Siempre hay situaciones que te marcan, por mínimas que sean. Sin embargo, nunca he tenido una experiencia que me haya hecho querer dejar la profesión”.

¿De qué manera influye tu preparación física como luchador en tu desempeño durante situaciones de emergencia?
“La preparación no solo es física, también es mental y emocional. Física, porque no sabes cuándo tendrás que correr, cargar pacientes, subir y bajar camillas o equipo de la ambulancia. Si no tienes preparación, puedes lastimarte. Mental, porque debemos estar preparados para cualquier escena. No siempre encuentras a un paciente sin lesiones; a veces son situaciones muy fuertes. Emocional, porque si no estás estable, puedes entrar en shock. Hay casos de mujeres agredidas o peleas que pueden impactarte si no sabes manejar tus emociones. La condición física que desarrollo en la lucha libre me ayuda mucho en todo esto”.

¿Qué mensaje le darías a los jóvenes que sueñan con ser luchadores, pero también desean servir a su comunidad?
“En esta vida venimos a vivirla al 100%, como si fuera el último día, pero siempre de manera sana. Si tu sueño es ser luchador, síguelo. Que nada lo detenga. Es mejor intentarlo que quedarse con el sueño frustrado. Los entrenamientos son pesados, pero cuando algo te apasiona, lo logras con respeto, disciplina y constancia. También les digo que quien no vive para servir, no sirve para vivir. No esperen algo a cambio por ayudar. Manténganse alejados de los vicios, hagan ejercicio, practiquen alguna disciplina y mantengan su mente ocupada en algo positivo”.

Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son tus metas tanto dentro del ring como en tu labor como socorrista?
“No me gusta pensar mucho en el futuro porque no sabemos cuándo será nuestro último día. Prefiero vivir el presente. En la lucha libre alguna vez quise salir de Monclova, pero mis papás me aconsejaron consolidarme primero como estrella local. Con el tiempo tuve la oportunidad de enfrentarme a luchadores de AAA y CMLL, así como de Monterrey, Saltillo y Nuevo Laredo. También he salido a luchar fuera, pero siempre regresando. En el área de paramédico quiero seguir ayudando, preparándome, aprendiendo más y aprovechando cada oportunidad que llegue”.



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