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La fragilidad puede empezar a los 30 años: señales tempranas y prevención

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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La idea tradicional de que la fragilidad es una consecuencia inevitable de la vejez está siendo replanteada por investigaciones recientes, como las destacadas por New Scientist. Nuevos estudios sugieren que tanto la fragilidad como la pre-fragilidad pueden comenzar mucho antes de la tercera edad, con señales visibles incluso en personas de entre 30 y 40 años.

Aunque en sus primeras etapas suele pasar desapercibida, especialistas coinciden en que hoy existen herramientas útiles para detectarla a tiempo y tomar medidas antes de que evolucione hacia un deterioro más severo.

Las investigaciones señalan que identificar signos tempranos, como debilidad muscular, cansancio persistente o disminución en la velocidad al caminar, permite intervenir con cambios de hábitos que pueden frenar e incluso revertir el proceso. Entre las estrategias más efectivas se encuentran mantener una alimentación rica en fibra, realizar ejercicios de fuerza, moderar el consumo de alcohol y favorecer una microbiota intestinal diversa. Estas medidas, junto con terapias que aún están en desarrollo, pueden reducir el riesgo de dependencia y favorecer un envejecimiento más saludable desde etapas medias de la vida.

A diferencia de lo que se pensaba, la fragilidad no depende únicamente de la edad. Expertos citados por New Scientist la describen como un estado de menor reserva biológica y menor capacidad de recuperación frente a eventos físicos o emocionales, algo que también puede aparecer en adultos jóvenes sin síntomas muy evidentes.

Un estudio realizado en Reino Unido halló que hasta el 38% de las mujeres y el 35% de los hombres entre 37 y 45 años ya mostraban signos de pre-fragilidad, una fase considerada de advertencia antes del deterioro físico manifiesto. Mary Ni Lochlainn, especialista en geriatría del King’s College London, explica que la fragilidad debe entenderse más como un estado funcional que como una enfermedad específica.

Su impacto no se limita a caídas o fracturas. Las personas con fragilidad tienen mayor riesgo de infecciones, deterioro cognitivo, delirium, pérdida acelerada de autonomía e incluso un aumento importante del riesgo de mortalidad en casos avanzados. Por ello, la detección temprana y el control de factores modificables resultan esenciales.

Desde el punto de vista biológico, este proceso involucra varios sistemas. La sarcopenia, que es la pérdida progresiva de masa muscular, dificulta tareas cotidianas como levantarse de una silla o subir escaleras. A esto puede sumarse la osteoporosis, incrementando la vulnerabilidad física.

También influye el deterioro de las mitocondrias, estructuras celulares encargadas de producir energía, lo que repercute en músculos, cerebro y sistema inmune. La inflamación crónica y la acumulación de células senescentes —células envejecidas que liberan sustancias inflamatorias— también aceleran la pérdida de fuerza y resistencia.

Otro elemento clave es la microbiota intestinal. Estudios recientes muestran que una menor diversidad bacteriana y un ambiente intestinal más inflamatorio pueden favorecer la progresión de la fragilidad. Por eso, una dieta rica en vegetales, fibra y alimentos fermentados puede desempeñar un papel protector importante.

Para detectarla, se utilizan herramientas sencillas como la fuerza de agarre, la velocidad de marcha y cuestionarios sobre fatiga, pérdida de peso involuntaria o dificultad para realizar actividades diarias. El modelo de cinco criterios de Linda Fried considera que uno o dos criterios indican pre-fragilidad, mientras que tres o más confirman fragilidad.

En cuanto a la prevención, las recomendaciones siguen siendo claras: más alimentos vegetales, entrenamiento de fuerza, menos alcohol y vacunas al día. El ejercicio de resistencia, incluso en personas de edad avanzada, ha demostrado mejorar notablemente la fortaleza muscular y la independencia funcional.

Además, se están explorando nuevas terapias, como el trasplante de microbiota, medicamentos senolíticos y suplementos como creatina, leucina y vitamina D3, con resultados iniciales prometedores.

Aun con estos avances, la conclusión sigue siendo la misma: las medidas más eficaces continúan siendo las más accesibles, como una buena alimentación, ejercicio de fuerza regular y hábitos saludables que ayuden a conservar la autonomía con el paso de los años.

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