La inmunoterapia que está curando el cáncer se atreve con el alzhéimer

La inmunoterapia se ha convertido en una de las herramientas más importantes de la medicina moderna para tratar ciertos tipos de cáncer.
Esta estrategia consiste en extraer células del propio paciente, modificarlas en el laboratorio para que reconozcan a las células tumorales y reintroducirlas en el organismo para que las ataquen de manera específica. Ahora, un grupo de investigadores de la Washington University School of Medicine in St. Louis decidió aplicar un enfoque similar al tratamiento del Alzheimer, aunque con un cambio clave en el tipo de células utilizadas.
En lugar de emplear linfocitos T de la sangre, como ocurre en muchas terapias contra el cáncer, los científicos modificaron astrocitos, células del cerebro con forma de estrella que normalmente ayudan a mantener el equilibrio del sistema nervioso, pero que suelen verse sobrepasadas conforme progresa la enfermedad.
En los últimos años, el tratamiento del Alzheimer ha girado hacia el uso de anticuerpos diseñados para eliminar la proteína beta-amiloide, que se acumula en el cerebro y forma placas asociadas con la enfermedad. Sin embargo, según explicó Yun Chen, del departamento de Neurología de la universidad estadounidense y autor principal del estudio, este enfoque presenta limitaciones importantes. Entre ellas se encuentran la necesidad de administrar dosis muy altas para que el fármaco logre llegar al sistema nervioso, una ventana terapéutica limitada y el riesgo de efectos secundarios graves.
El estudio, publicado en la revista Science, plantea una estrategia distinta: en vez de aplicar medicamentos desde el exterior de forma repetida, busca transformar a las propias células del cerebro en un sistema interno capaz de eliminar las placas dañinas.
Para lograrlo, los investigadores utilizaron receptores quiméricos de antígenos (CAR). Este tipo de tecnología es conocida por su aplicación en las terapias CAR-T contra el cáncer, pero en este caso se adaptó para crear lo que los científicos llaman CAR-A, es decir, astrocitos modificados con receptores CAR. Gracias a esta modificación genética, las células pueden identificar con mayor precisión las placas de beta-amiloide y eliminarlas con mayor eficacia.
Resultados prometedores en animales
Los experimentos realizados en modelos animales mostraron resultados alentadores. En pruebas de laboratorio, los astrocitos modificados mejoraron significativamente la eliminación de las placas. Además, cuando se introdujeron en el cerebro de ratones mediante procedimientos no invasivos, lograron reducir de manera considerable la acumulación de beta-amiloide.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que una sola intervención realizada en etapas tempranas bastó para prevenir el desarrollo de la patología amiloide durante largos periodos.
A diferencia de los tratamientos convencionales, estas células modificadas podrían ofrecer una terapia de efecto duradero. Los autores señalan que existe el potencial de realizar una única intervención capaz de mantener su acción terapéutica a lo largo de la evolución de la enfermedad. Por esa razón, describen a estos astrocitos modificados como auténticos “superfagocitos”, es decir, células altamente eficientes para eliminar desechos dañinos.
Un nuevo enfoque terapéutico
Este trabajo representa una prueba de concepto que demuestra que la propia arquitectura celular del cerebro podría utilizarse como herramienta terapéutica.
En un comentario que acompaña al estudio, los investigadores Jake Boles y David Gate, de la Northwestern University en Chicago, señalaron que esta investigación sienta las bases para desarrollar estrategias basadas en receptores CAR cada vez más avanzadas para el tratamiento del Alzheimer. Según estos expertos, a medida que estas tecnologías evolucionen, podrían ofrecer nuevas oportunidades no solo para esta enfermedad, sino también para otros trastornos neurodegenerativos.
No obstante, aunque los resultados en ratones representan un avance importante, los especialistas advierten que todavía queda un largo camino antes de que esta terapia pueda probarse en humanos. Será necesario evaluar cuidadosamente aspectos como la seguridad del procedimiento y la manera más adecuada de introducir estas células en el cerebro de forma controlada.
Aun así, el descubrimiento posiciona a la ingeniería celular como una estrategia prometedora y potencialmente escalable para combatir el Alzheimer utilizando los propios mecanismos del organismo.
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