La mayoría de los que dejan Ozempic recuperan el 60% del peso: así se evita

Los medicamentos de nueva generación para tratar la obesidad, que actúan sobre el receptor GLP-1, han cambiado de manera importante el manejo de esta enfermedad.
Estos fármacos pueden lograr reducciones de peso muy significativas, incluso cercanas al 20% en algunos pacientes. Sin embargo, una de las principales dudas tanto para quienes los utilizan como para los sistemas de salud que los financian es qué ocurre cuando el tratamiento se suspende, ya sea por efectos secundarios, costos o porque finaliza la prescripción médica.
Una investigación reciente de la University of Cambridge, publicada en la revista eClinicalMedicine del grupo The Lancet, intentó responder a esta pregunta. El estudio analizó 48 investigaciones previas y utilizó un modelo estadístico aplicado a más de 3,200 pacientes. Los resultados muestran que, un año después de dejar medicamentos como Ozempic o Wegovy, las personas recuperan en promedio alrededor del 60% del peso que habían perdido.
Aun así, los investigadores observaron un dato relevante: el aumento de peso suele estabilizarse con el tiempo. De acuerdo con sus estimaciones, el llamado “rebote” alcanza su punto máximo aproximadamente a las 60 semanas, lo que permite que los pacientes conserven de forma sostenida cerca del 25% de la pérdida de peso inicial.
La importancia de no depender solo del medicamento
Para Steven Luo, investigador de la Facultad de Medicina Clínica de la Universidad de Cambridge y coautor del estudio, la diferencia entre recuperar todo el peso o mantener una parte importante depende de cómo se aproveche el periodo en que se toma el fármaco.
El especialista señala que es esencial que los pacientes reciban orientación para mejorar su alimentación y aumentar la actividad física, en lugar de confiar únicamente en la acción del medicamento. Según explica, el efecto de saciedad que producen estos fármacos puede facilitar que las personas adopten hábitos más saludables que continúen incluso después de suspender el tratamiento.
Si durante la terapia el paciente aprende a reducir las porciones o a equilibrar mejor su dieta, esos cambios pueden ayudar a contrarrestar el aumento del apetito que suele aparecer cuando se deja la medicación. Además, algunos investigadores plantean que estos tratamientos podrían modificar parcialmente los mecanismos cerebrales que regulan el hambre, lo que también contribuiría a que el aumento de peso posterior no sea total.
El riesgo de recuperar grasa en lugar de músculo
El estudio también advierte sobre un aspecto importante relacionado con la composición corporal. Brajan Budini, otro de los autores principales, explica que durante la pérdida de peso inicial una proporción considerable —hasta el 40%— puede corresponder a masa muscular.
El problema surge si, durante el rebote, el peso que se recupera es principalmente grasa. En ese escenario, la persona podría terminar con una situación metabólica incluso peor que antes de iniciar el tratamiento.
Por esta razón, los investigadores subrayan que estos medicamentos no deberían utilizarse como una estrategia aislada. Dado que aproximadamente la mitad de los pacientes abandona la terapia antes de completar el primer año, los especialistas recomiendan preparar a los usuarios para el momento en que dejen el fármaco. Mantener actividad física, especialmente ejercicios de fuerza, y mejorar los hábitos alimentarios son medidas clave para evitar que la recuperación del peso pase del 60% al 100%.
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