La rehabilitación del AVC centrada en el brazo 'bueno' muestra mejores resultados

Un nuevo estudio sugiere que la rehabilitación después de un ictus podría estar enfocándose en el lado equivocado del cuerpo.
Habitualmente, la terapia se concentra en recuperar la fuerza y movilidad del lado más afectado por el accidente cerebrovascular. Sin embargo, un ensayo clínico cuyos resultados se publicaron el 2 de febrero en JAMA Neurology encontró que trabajar el brazo menos afectado también puede generar mejoras importantes en movimiento y control.
La investigadora principal, Candice Maenza, directora de proyectos en el Laboratorio de Investigación en Neurorrehabilitación de la Facultad de Medicina de Penn State, explicó que al entrenar el brazo con mayor funcionalidad los pacientes mostraron progresos significativos. Según indicó, esto podría traducirse en una mejor calidad de vida y en una menor carga para los cuidadores, ya que las personas con parálisis severa de un lado dependen de ese brazo para actividades cotidianas como comer o vestirse.
Un ictus puede lesionar áreas del cerebro responsables del movimiento, provocando debilidad o parálisis en un lado del cuerpo. Aunque la rehabilitación tradicional prioriza el lado más dañado debido a la evidente pérdida de función, los investigadores señalan que el lado “menos afectado” también puede presentar déficits relevantes.
Robert Sainburg, investigador senior y director de kinesiología y neurología en Penn State, explicó que tras un ictus el paciente suele depender casi exclusivamente de una mano, lo que ya supone un reto. Si esa mano presenta además una reducción del 10% al 25% en coordinación motora, el impacto en la autonomía es considerable, afectando tareas que podrían realizarse sin ayuda.
En el estudio participaron 53 pacientes, asignados al azar a dos grupos: 25 recibieron terapia enfocada en el brazo menos afectado y 28 en el más afectado. Ambos grupos realizaron 15 sesiones de fisioterapia a lo largo de cinco semanas.
El grupo que trabajó el brazo “menos dañado” realizó actividades como juegos de realidad virtual similares al shuffleboard, ejercicios de calcado y entrenamiento de destreza manual con tareas desafiantes. Según Sainburg, se trata de un enfoque innovador orientado a optimizar la función del brazo con mayor utilidad para hacer más eficientes las actividades diarias.
Por su parte, el grupo que recibió tratamiento convencional trabajó principalmente el brazo más afectado.
Al finalizar la intervención, quienes entrenaron el brazo menos afectado completaron una prueba estándar de destreza manual —que incluía recoger objetos pequeños y manipular cartas— aproximadamente seis segundos más rápido que al inicio, lo que equivale a una mejora del 12%.
Maenza destacó que, aunque algunos pacientes ya podían realizar tareas como abotonarse una prenda, el tiempo que les tomaba hacía que desistieran. Al ganar velocidad, se sienten más motivados a intentarlo por sí mismos, lo que beneficia tanto al paciente como a su cuidador.
Además, las mejoras se mantuvieron al menos seis meses después de concluir la terapia. Sainburg describió este efecto como un “círculo virtuoso”: al recuperar cierta funcionalidad, el paciente la utiliza más, lo que favorece nuevos avances.
El siguiente paso de los investigadores será evaluar cómo integrar este tipo de entrenamiento específico con los programas de rehabilitación ya existentes.
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