Las finanzas familiares moldean el desarrollo cerebral de los niños

La situación económica de una familia podría influir más en el desarrollo cerebral infantil que la forma en que los padres educan a sus hijos, según revela una nueva investigación.
El estudio encontró que las condiciones financieras del hogar y las oportunidades disponibles en el entorno de los niños explican cerca del 16% de las diferencias observadas en la función cerebral infantil, una influencia considerablemente mayor que la asociada al coeficiente intelectual, los antecedentes médicos o los estilos de crianza. Los resultados fueron publicados el 11 de junio en la revista científica Science.
El investigador principal, el Dr. Nico Dosenbach, explicó que el objetivo del estudio fue comparar en igualdad de condiciones cientos de factores que podrían influir en el desarrollo cerebral. Según indicó, los resultados muestran por primera vez a gran escala que las circunstancias socioeconómicas son el factor con mayor impacto entre todos los analizados.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo examinó escáneres cerebrales de casi 12,000 niños de entre 9 y 10 años y los comparó con 649 variables potencialmente relacionadas con su desarrollo.
Los resultados mostraron que el nivel socioeconómico familiar mantenía la asociación más fuerte tanto con la estructura como con el funcionamiento del cerebro.
Además, los investigadores observaron que las regiones cerebrales más relacionadas con las condiciones económicas son también las más sensibles a factores como el estrés y la falta de sueño. Esto sugiere que las dificultades económicas podrían afectar indirectamente al cerebro infantil al aumentar los niveles de estrés y alterar el descanso adecuado.
Dosenbach señaló que el cerebro de un niño que crece en un entorno con menos recursos presenta características similares a las de un niño de un entorno más favorecido que experimenta privación de sueño y altos niveles de estrés.
El especialista destacó que esto no significa que esos niños tengan menor inteligencia, sino que muestran señales de fatiga y tensión psicológica. También subrayó que tanto el sueño como el estrés son factores modificables, por lo que mejorar estas condiciones podría ayudar a reducir las diferencias cerebrales asociadas con las desigualdades socioeconómicas.
Entre las 40 variables más estrechamente vinculadas al funcionamiento cerebral, 37 estaban relacionadas con aspectos socioeconómicos. De manera similar, 35 de las 40 variables más asociadas con la estructura cerebral pertenecían a esta misma categoría.
Entre estos factores se encontraban los recursos económicos y sociales del vecindario, reflejados en indicadores como el ingreso promedio de las familias, la propiedad de vivienda, los niveles de pobreza y la disponibilidad de transporte.
Otros elementos relevantes identificados por el estudio fueron la calidad y cantidad del sueño, el tiempo dedicado a las pantallas y el estrés.
El Dr. Scott Marek, uno de los investigadores principales, afirmó que el peso de las condiciones socioeconómicas fue tan grande que terminó eclipsando prácticamente todos los demás factores analizados.
Los investigadores también descubrieron que, al ajustar los resultados según la situación económica familiar, la relación entre el coeficiente intelectual y la estructura o función cerebral se reducía notablemente.
De hecho, al considerar las oportunidades socioeconómicas, aproximadamente el 70% de las asociaciones entre el CI y las medidas cerebrales dejaron de ser estadísticamente significativas.
Asimismo, cuando el análisis se limitó únicamente a niños provenientes de familias con altos recursos económicos, desapareció por completo la relación entre el coeficiente intelectual y las características cerebrales estudiadas.
Marek explicó que, al observar los escáneres cerebrales, es posible identificar aspectos relacionados con el nivel económico familiar, los hábitos de sueño o el tiempo frente a pantallas, pero no se puede determinar con precisión el coeficiente intelectual una vez que se toman en cuenta las diferencias socioeconómicas.
Según el investigador, estos hallazgos sugieren que muchas de las diferencias cerebrales que tradicionalmente se atribuían al CI podrían reflejar en realidad el impacto del entorno, especialmente factores como el estrés crónico y la falta de sueño. Concluyó que actuar sobre estas condiciones representa una oportunidad concreta para mejorar la salud cerebral y el desarrollo de los niños.
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