Ley de Aguas impacta al campo y genera incertidumbre

La nueva Ley General de Aguas, vigente desde finales de 2025, ha comenzado a generar efectos en el campo mexicano, particularmente en regiones afectadas por sequía, donde productores agrícolas y ganaderos enfrentan mayores retos para sostener su actividad ante el acceso limitado al recurso.
Cambios legales y presión sobre el campo
El nuevo marco legal fortalece la rectoría del Estado a través de la Comisión Nacional del Agua, priorizando el consumo humano sobre actividades productivas y eliminando la transmisión de concesiones entre particulares. Esto implica que los derechos de agua ya no pueden venderse ni heredarse automáticamente, y al vencer regresan al control federal.
Además, se establecen mayores controles sobre el uso del recurso, sanciones más estrictas por extracción irregular y la eliminación de títulos no utilizados. Aunque el objetivo es frenar el acaparamiento, especialistas advierten que estos cambios también incrementan la incertidumbre para productores, quienes dependen del acceso continuo al agua.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 72.19% de las unidades agropecuarias en el país han registrado pérdidas por sequía, lo que posiciona a este fenómeno como el principal factor de afectación productiva. A ello se suma el aumento en costos: el alimento para ganado se ha encarecido entre 30% y 70%, mientras que la extracción de agua ha subido entre 20% y 40%.

Testimonios y efectos en regiones con sequía extrema
En zonas del norte del país, como Coahuila, la situación se agrava por la escasez de agua. El Monitor de Sequía de México reporta condiciones de sequía extrema y excepcional en municipios como Guerrero e Hidalgo, así como en amplias áreas de la región norte del estado.
Productores locales advierten que el acceso limitado al agua ya impacta directamente en la producción. Edelmiro Tijerina, agricultor de San Isidro, explicó que los costos de riego son elevados y no siempre garantizan el abasto necesario.
"La cuota annual por hectárea es de 200 pesos, y cada riego cuesta otros 200 pesos por hectárea. A veces se tiene que regar dos o tres veces al día, pero no siempre se presta el agua suficiente y es cuando uno tiene que limitarse", señaló.
Indicó que actualmente solo siembra 11 hectáreas, debido a las condiciones adversas. "La temporada empieza a mediados de marzo, pero no se presta para sembrar más. Tengo fe en que llueva y que se llene la presa, porque ya llena no nos deben negar el agua", agregó.
El productor también relató que la falta de agua lo obligó a dejar la ganadería. "Yo tenía mi ganado y todo en regla, pero no hubo otra opción más que vender, porque sin agua no hay comida y no se puede sostener", afirmó.
En este contexto, la nueva legislación, aunque busca una distribución más equitativa del recurso, podría representar mayores desafíos para agricultores y ganaderos, especialmente en regiones donde la disponibilidad de agua ya es limitada y la sequía continúa siendo un factor determinante.
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