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Los sonidos pueden influir en el corazón, pero sus efectos no son tan inmediatos ni específicos

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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El entorno acústico puede modificar la respuesta del sistema nervioso autónomo, especialmente cuando un sonido resulta agradable, inesperado, intenso o estresante. Sin embargo, no existe evidencia sólida para afirmar que determinadas frecuencias produzcan de manera predecible cambios importantes en la presión arterial o la frecuencia cardíaca en menos de 10 segundos.

El ruido rosa, que distribuye la energía de manera diferente al ruido blanco y contiene mayor presencia relativa de frecuencias bajas, se ha estudiado principalmente por sus posibles efectos sobre la relajación y el sueño. Algunos trabajos sugieren beneficios, aunque la evidencia todavía no permite afirmar que reduzca la presión arterial de forma inmediata.

El ruido marrón concentra todavía más energía en las frecuencias graves y es popular para relajarse o dormir. No obstante, las afirmaciones de que activa directamente el sistema parasimpático y reduce rápidamente la hipertensión no están suficientemente respaldadas por estudios clínicos.

En el caso del infrasonido, se trata de sonidos por debajo de los 20 Hz. Aunque pueden producir efectos físicos cuando tienen suficiente intensidad, no está demostrado que estos sonidos desencadenen de forma generalizada una respuesta de miedo, taquicardia o hipertensión. El conocido experimento de Vic Tandy sobre infrasonidos y sensaciones extrañas es interesante, pero no constituye evidencia clínica de un mecanismo cardiovascular de alarma.

La misofonía, en cambio, sí puede generar respuestas fisiológicas importantes en algunas personas. Determinados sonidos, como masticar o respirar, pueden provocar una intensa reacción emocional acompañada de aumento de la frecuencia cardíaca, tensión y activación autonómica. La respuesta es real, aunque no significa necesariamente que el sonido esté causando un daño cardiovascular permanente.

Los sonidos repentinos y muy intensos, como una sirena, pueden activar la respuesta de estrés y producir temporalmente aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. La magnitud de esta respuesta depende de factores como la intensidad, el contexto y la sensibilidad individual.

Por último, algunos estímulos asociados con ASMR, como susurros o sonidos suaves, pueden generar relajación y cambios en la frecuencia cardíaca en determinadas personas. Sin embargo, los mecanismos exactos todavía se investigan y no está demostrado que la respuesta dependa de una liberación rápida de endorfinas u oxitocina capaz de producir una disminución inmediata de la presión arterial.

En resumen: los sonidos sí pueden influir en el sistema nervioso autónomo y modificar temporalmente la frecuencia cardíaca o la presión arterial, pero el efecto depende mucho del individuo, el contexto y la intensidad del estímulo. Las afirmaciones de efectos cardiovasculares específicos y reproducibles en cuestión de segundos son mucho más contundentes de lo que permite la evidencia disponible.

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